Costumbres / 19 de mayo de 2016

Deportistas PRO: cómo entrenan los funcionarios

Para los integrantes del nuevo gobierno, la actividad física es regla. Del individualismo extremo al “hay equipo”, psicología del poder “en forma”.

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El viernes previo a cada elección, el PRO tuvo una cábala: un partido de fútbol que materializara la consigna de “somos equipo”. La conjura dio frutos y llegaron a la Rosada. Ahora, todos los martes a la noche, hacen un picadito en la Quinta de Olivos. Si algún impostergable complica a los muchachos, el encuentro se reprograma, pero nunca se suspende. Los habitués son Marcos Peña –jefe de Gabinete–, Fernando de Andreis –secretario general de la Presidencia de la Nación–, Jorge Grecco –secretario de Comunicación Pública en Jefatura de Gabinete de Ministros–, Hernán Lacunza –ministro de Economía de la Provincia de Buenos Aires–, Claudio Avruj –secretario de Derechos Humanos y Pluralismo Cultural de la Nación– Andrés Ibarra –ministro de Modernización–, Diego Santilli –vicejefe de Gobierno de CABA–, Iván Pavlovsky –vocero presidencial–, y Rogelio Frigerio –ministro del Interior, Obras Públicas y Vivienda–. El resto de los 17 jugadores (22 más 4 suplentes) se van rotando en una lista de 60 varones deseosos de ponerse los cortos. Pavlovsky es el encargado de la convocatoria y de ser lo suficientemente equitativo como para no herir susceptibilidades. En general, el equipo de la Casa Rosada se bate a duelo con el de la Provincia y, de un lado y del otro, hay invitados. El primer partido lo disputaron con camisetas de Boca y de River pero luego decidieron que ambos bandos vestirían la casaca de la Selección: la celeste y blanca, unos y la azul suplente, otros. ¿O no somos todos argentinos? Héctor Baldassi, ex árbitro profesional y actual diputado nacional, ha dirigido algunos encuentros. Si bien ya hubo lesionados con desgarros musculares, nadie se quiere quedar afuera. Y eso que el dueño de la pelota no participa porque está recuperándose de la fisura de costilla que sufrió en enero. Cuando Mauricio Macri se sume al “fulbito”, seguro que el fervor de ser parte va a ser todavía mayor. ¿Qué se juega en el equipo de gobierno?
Con la camiseta puesta. No es casual que la piedra basal de la carrera política del actual Presidente haya estado en el fútbol. “Los deportes grupales reemplazan a las guerras entre los países y las etnias. El fútbol es una pequeña batalla de choques, golpes, contacto físico y estrategia de juego. El PRO pregona que saben armar ‘equipos’, a diferencia del kirchnerismo que se edificó sobre un liderazgo verticalista”, analiza el psicólogo Claudio Sosa, con un postgrado en Psicología del Deporte. Los juegos colectivos apuntan a la búsqueda de cohesión. Marcelo Roffé, máster en Psicología del Deporte y autor del libro “El partido mental”, explica que “es un ámbito en el que el ‘nosotros’ pesa más que el ‘yo’, por eso en el mundo corporativo suelen organizarse torneos de fútbol entre los empleados, que alimentan los conceptos de unión y de igualdad de oportunidades porque es un modo de que el cadete pueda hacerle un gol al gerente”. De hecho, los jueves también hay fútbol, pero organizado por el personal de diferentes áreas de gobierno de Casa Rosada en unas canchitas del barrio de Núñez. Juegan miembros de las distintas secretarías y ministerios, y suelen colarse Marcos Peña y Rogelio Frigerio.
Maratónico. La mayoría del llamado “gobierno de los CEO’s” practica deportes individuales como running, tenis, paddle o golf. El ministro de Educación y Deportes, Esteban Bullrich, cuenta en su haber con varios maratones de 42 Km. El último lo hizo el 20 de marzo al replicar la iniciativa de la australiana Mina Guli, “Corriendo por el agua”: “Esta mañana, decidí sumarme a la movida, y a las 5.30 salí a correr por una ‘desierta’ Villa de Mayo. Recorrí 44,37 km. y si bien quería llegar a los 50 km., fue un ejercicio mental impresionante”, relató por Facebook. Horacio Rodríguez Larreta es otro que tiene la costumbre de trotar 2 o 3 veces a la semana por Palermo, unos 45 minutos a la mañana, temprano. Federico Salvai, ministro de Gobierno de la Provincia de Buenos Aires, dejó el golf (y su 6 de hándicap) desde la campaña de 2015, pero conserva el hábito de correr entre 10 y 12 km. a las 6.30 AM, tres veces por semana y juega tenis y paddle los fines de semana.
La médica Alejandra Hintze, especialista en Medicina del Deporte y directora médica asociada del Servicio de Wellness del Racket Club, señala que en este tipo de personas, la actividad física no está asociada al ocio sino a un medio para mejorar la productividad: “Es gente que viene con la lógica empresarial en la que el tiempo es dinero. Por lo tanto, si invierten horas en una rutina física es porque consideran que los hace eficientes en el resto de los ámbitos en los que se desempeñan”.
Dentro del equipo PRO hay al menos dos “hombres de acero”. Tanto el ministro de Transporte Guillermo Dietrich como Mariano Mohadeb, secretario de Medios de María Eugenia Vidal, corrieron un Ironman: 3,86 km. de natación, 180 km. de ciclismo y 42,2 K de maratón. “Un Ironman constituye un complejo equilibrio entre cuerpo y mente, donde la cabeza tiene que escuchar las señales del cuerpo, pero tiene que impulsar a este a dar siempre un poco más, superando los límites”, cuenta Dietrich de la experiencia.
The winner. Quien elige los deportes individuales, lleva el estandarte de “este soy yo, hago las cosas a mi manera”. “Hay un tema de ego y de superación personal muy presente. El desafío es traspasar los propios límites a fuerza de metas y disciplina”, describe Sosa. Aldo Giménez, supervisor general de Ocampo Wellness Club y entrenador de Mauricio Macri por los últimos veinte años, asegura que el presidente es de los alumnos que hacen bien los deberes, “muy prolijo y disciplinado en su rutina, como todos los ingenieros”. Pero desde diciembre, la lesión en la costilla y sus ocupaciones lo tienen alejado del gimnasio. Aun así, Macri practica tenis y paddle en su quinta Los Abrojos y en la de Olivos y tiene fama de ser un jugador áspero que no sale a la cancha a divertirse sino a ganar. “No por nada a nivel mundial muchos presidentes son tenistas: un tenista toma unas ochocientas decisiones tácticas por partido. Un líder también decide en soledad”, explica Sosa.
Si el paddle trae reminiscencias menemistas, en Olivos se toman medidas para que el impacto sea menor que el de los ´90 (al menos en lo que respecta a la práctica de este deporte): ya no se juega sobre cemento, lo que dañaba fuertemente rodillas y espalda, sino sobre pasto sintético que mejora la amortiguación. “Mauricio es competitivo al máximo. Si no juega a ganar, no juega. Puede enojarse mucho si piensa que le perdonás una pelota”, jura uno de sus habituales partenaires.
Fue gracias al deporte que se conocieron Macri y Gustavo Arribas, hoy a cargo de la Agencia Federal de Inteligencia (AFI). Los presentó Pablo Clusellas, actual secretario de Legal y Técnica, cuando en los ´80 los ex alumnos del colegio Cardenal Newman reclutaban buenos jugadores de fútbol para hacer una gira por los Estados Unidos. Arribas es uno de los que hacen paddle y tenis con el presidente, junto al actor Martín Seefeld, los empresarios Daniel Awada y Lisandro Borges y el relacionista público Hernán Nisenbaum. Alfonso Prat Gay, fanático del polvo de ladrillo, está alejado de las canchas porque aún no acomodó su agenda como ministro de Hacienda y Finanzas. Francisco Cabrera, al frente de Producción, también juega tenis, y muchas veces lo hace con el secretario de Deportes de la Ciudad de Buenos Aires, Luis Lobo, ex tenista profesional.
Para la psicóloga Graciela Moreschi, además de pertenecer a un grupo sociocultural en el que la vida sana y el espíritu competitivo son valores; la nueva camada está constituida por empresarios ejecutivos e individualistas, con personalidades para las que es más importante estar en competencia que el placer de la comida o la discusión en un mitin político. Moreschi hace una comparación generacional: en los ´70 prevalecía el ambiente del sótano, los intelectuales se vestían de negro, fumaban hasta por los codos y eran existencialistas; en los ´90 el menemismo instaló la fascinación por el jet set, el “show on” y las cirugías plásticas; y ahora la gente sale a correr, come sin grasas y condena al cigarrillo. “Estos gobernantes jóvenes, están formateados por el mundo de los negocios, son yuppies. Los de la Cámpora también son jóvenes pero con un perfil más político e intelectual”, 

 

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