Opinión / 5 de agosto de 2016

Caso Bonafini: ¿A quién le interesa profundizar la grieta?

La detención de la presidenta de Madres de Plaza de Mayo habla pestes de la política y de la Justicia. Quién busca un clima de revancha. Por Edi Zunino.

Por

Tenía que ser un jueves. Tras años de inacción y contramarchas, el juez Marcelo Martínez de Giorgi pidió la detención por “rebeldía” de Hebe de Bonafini. La decisión estaba cantada. Lo mismo que la respuesta de la titular de Madres y la militancia de distintas corrientes (y pelajes) que la respalda por convicción u oportunismo.
Era previsible que haber convertido a un organismo de Derechos Humanos en empresa constructora terminara mal. El uso político y comercial de una causa de todos olía mal desde el vamos. Y así terminó.
Antes del cambio de gobierno, la Justicia era boba, mansa, transera… Injusticia, en fin. Hoy es hiperkinética, borbotónica, mediática, supuestamente despolitizada… En fin: la misma injusticia con otra careta.
El juez sabía lo que iba a suceder y actuó. Bonafini y quienes la rodean sabían lo que iba a suceder y esperaron. El resto de los mortales lo vio por TV, optando por el despropósito que más le guste. La “grieta” sigue allí. Honda. Conveniente para quienes esperan sacarle el jugo. Votos, digo, en las elecciones del 2017.

El eslabón fuerte de esta cadena de vergüenzas es el juez. De él dependen la libertad y los bienes de las personas. Es moneda corriente en Comodoro Py que los magistrados se escuden, cuando no actúan, en que sus decisiones pueden tener inmediatas secuelas políticas. A Martínez de Giorgi se le aceleró la tortuga.
Tenía por lo menos cinco modos distintos de proceder  antes de desatar el lío que se armó:
1) Escuchar primero a los 42 acusados involucrados en la causa por el desbarajuste de Sueños Compartidos. Arriba y abajo de Bonafini (cuyas aptitudes empresarias y financieras parecen nulas) están nada menos que Julio De Vido, José “Carmelita” López, Abel Fatala y los hermanitos Shocklender
2) Citarla a testimonial y ver después.
3) Propiciar una declaración por escrito.
4) Ver si está en condiciones físicas de declarar durante horas.
5) Tomarle la declaración en su casa o en la sede de Madres, en las sesiones que hicieran falta, dados sus 87 años.
¿Algo de esto implica que Bonafini carece de responsabilidad en los millonarios desmanejos que se investigan? De ninguna manera. Solo se trataría de prever que hubo manos más duchas que las suyas y que estaban en juego la tranquilidad pública y la credibilidad del sistema judicial.
Claro que ver a personajes como Amado Boudou en el “cerco” que impidió la detención de Hebe, poco y nada la ayuda a recuperar ella misma algo de la credibilidad perdida durante años de agresiones a críticos de los K, empezando por los muchos que seguimos valorando su lucha original por Verdad y Justicia.
Es tristísimo, acaso imperdonable, que una causa ciudadana histórica haya quedado sepultada por montañas de bolsos repletos de billetes.
No lo es menos que, de aquí hacia adelante, los Tribunales Federales sigan siendo una unidad básica al servicio de los intereses del gobierno de turno.

Es un atolladero difícil de superar. Sobre todo porque dos sectores políticos muy bien demarcados parecen continuar convencidos de que así se construye el bipartidismo que mejor les cae. Allí los jueces juegan su partido, siempre en la vereda del sol. Lo mismo que los medios y periodistas que, llenos de odio, pierden cotidianamente de vista el conjunto de la escena para inclinar la balanza hacia uno u otro lado.
NOTICIAS fue crítica, muchas veces en soledad, sobre el uso y abuso de los DDHH como bandera sectorial. Ello no quita percibir los actuales aires de vendetta.   

*Jefe de redacción de NOTICIAS