Cultura / 17 de Octubre de 2016

“El futuro llegó (hace rato)”: versiones de la utopía

La muestra es parte de la celebración del Bicentenario que se exhibe en el CCK. Inventos y tecnologías del porvenir.

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Arte y ciencia comparten la pasión por la exploración y la emoción por la revelación de lo intangible. En ese intermedio, la exhibición “El futuro llegó (hace rato)” completa la gran y lograda exposición celebrando el Bicentenario de la Declaración de la Independencia, en CCK (ex Palacio de Correos). Integra el eje “Innovación y Futuro”, sumándose a “Paisaje”, “Identidad” y “Encuentros” y, junto al extenso homenaje a Borges, ofrecen a los espectadores el placer de la sorpresa y algunas herramientas para pensar al arte y la sociedad actual.

 

Imaginar y construir

El curador Rodrigo Alonso articuló “El futuro llegó (hace rato)” alrededor de tecnología e innovación pero también de participación y convivencia, con pinturas, fotografías, instalaciones, trabajos digitales, objetos. Propone un paseo a través de “imágenes, ideas, utopías, rarezas e inventos” con artistas consagrados y novísimos, inventores y diseñadores. El impactante “Carrousel” de Gaspar Libedinsky es saludable paradoja. Propone avanzar colectivamente para el mismo lado con las bicicletas; vienen del pasado pero son vehículo del futuro. No contaminan, resuelven problemas de tránsito; se usan cada vez más en las capitales del mundo. Acción lúdica, “Carrousel” gira como una calesita.
El núcleo “Construcción” tiene al trabajo, la cultura, la educación, la convivencia, la no-violencia, como guía para erigir una comunidad, una nación. Leandro Damonte fusiona artefactos lumínicos con carretillas y, en la fricción de materiales, la obra ofrece una posibilidad de imaginar y construir. Marcela Sinclair armó un rascacielos de libros y Pablo Guiot un “abrazo” gigante con una campera modificada.
Las piezas de “El paisaje digital” se centran en el territorio. La tecnología permite “vernos desde el cielo, visitar lugares remotos sin salir de los hogares, manipular las imágenes del mundo, conocer la posición geográfica en tiempo real: ¿cuál es nuestro lugar en este universo de información planetaria instantánea y omnipresente?”. Crítica social en “Land. Work in progress” de Marcela Magno, localizando sitios de abusiva explotación del suelo (litio, oro, petróleo, y más).
Carlota Beltrame imaginó la instalación “Luz”; sencilla línea de perseverantes lamparitas que ocupan en solitario el eje “Bicentenario”. El resplandor abre un camino en la sala en penumbra y funciona como evocación (desde Tucumán irradió la idea de República) y plegaria (“por un porvenir lleno de luz”).
“Derivas de la identidad” trabaja en torno al retrato, la huella dactilar (sistema de identificación creado por Juan Vucetich), ilustrando la omnipresencia de cámaras (de vigilancia, de fotos) y de datos, la pérdida de la privacidad. Por caso, la obra interactiva de Tomás Rawski sintetiza el cruce de arte y tecnología; incluso “trae al presente la idea de arte como medio de sanación”. El espectador coloca su dedo sobre un lector de huellas digitales y abre con su presión el video de una cascada, que limpia todo rastro.
Inventos y utopías de ayer y de hoy en “Inventar”: birome, Magiclick, Sifón Drago, dibujos animados, el colectivo, primeros documentales médicos de la historia del cine mundial (operaciones Dr. Posadas), instrumental quirúrgico ideado por Dr. Enrique Finochietto, helicóptero con sistema de hélices contrarrotativas creado por Raúl Pateras Pescara, pastura Gramax de NeoGram. Aquí, la escultura cinética “Involución primate” del colectivo DOMA muestra en sin fin a humanos surgiendo de los primates, irguiéndose y volviendo a la posición cuadrúpeda. Con certificación del libro Guiness, Esteban Pastorino presenta el negativo fotográfico más largo del mundo (39.54 m.). La imagen fue captada en 2010, durante 15 minutos en un recorrido por el centro porteño de 3 km. y varias piruetas de rotación y traslación de la cámara. Para lograrlo él mismo fabricó un dispositivo fotográfico fuera de lo común para poder cargar un carretel de 305 metros de película de cine de 35 mm. En la toma se mueve la película, resultando en un fondo movido y en figuras estáticas, sin retoques digitales ni photoshop. 

 

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