Salud / 30 de octubre de 2016

Doctor big data: compartir información ayuda a curar

La posibilidad de abrir los datos sobre trastornos y pacientes ayuda a los médicos a diagnosticar. Métodos y riesgos.

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“Exponga el pasado, diagnostique el presente y prevenga el futuro”, decía el fisiólogo griego Hipócrates, denominado padre de la medicina, en el siglo V antes de Cristo. Como esa elegante definición de lo que es el trabajo médico, el pensador indicaba la relevancia que tenía la acumulación de conocimientos al momento de decidir los tratamientos adecuados para cada enfermo. Al recibir a un paciente, el profesional de salud precisa, antes que nada, relacionar los síntomas que la persona describe con otros cuadros similares, para realizar exámenes posteriores, prescribir medicamentos o prever cuál será la eficacia de la terapia recomendada. Hasta hace muy poco, antes del desarrollo de exámenes de laboratorio complejos y conclusivos, los médicos tenían que confiar en la memoria de un enfermo para diseñar un camino de cura. Pero con el avance de la era digital, de la inteligencia alimentada por los algoritmos y el big data, término que describe la posibilidad de organizar y consultar, de manera automática, cantidades colosales de datos en cualquier área del conocimiento humano. En el siglo XXI, los médicos dependen cada vez menos del propio conocimiento o de lo que relatan los pacientes, para llevar a cabo las tareas que Hipócrates les encomendaba. Alcanza con hacer algunos clicks en la computadora para tener acceso a casi cualquier tipo de información. Ya no es tan necesaria la propia memoria, y tampoco esperar meses para conocer los últimos estudios y avances sobre un tema. El impacto de las nuevas tecnologías de big data en el trabajo médico puede ser medido en números. A lo largo de la vida, un individuo genera el equivalente a 200 terabytes de informaciones ligadas a su salud. Entretanto, en torno del 90% de esos datos se pierden porque no son almacenados. Se estima que si los médicos tuviesen acceso al historial de todos los pacientes del mundo, sería posible reducir en un 20% la mortalidad global. La precisión en los diagnósticos permitiría ahorrar alrededor de 300.000 millones de dólares, sólo en el sistema de salud de los Estados Unidos. Esos beneficios llevan a una adopción cada vez más amplia de las innovaciones digitales: cada año, aumenta en un 20% la digitalización de informaciones médicas en todo el planeta. Los especialistas consideran que no está lejos el futuro en el cual ya no sólo no se perderá el 90% de los datos mencionado antes, sino que tampoco quedará en el olvido el 1% de la historia clínica de una persona.

 

Consultas digitalizadas

Dada la inmensidad de estadísticas que pueden ser consultadas, ¿cómo organizarlas y comprenderlas? La respuesta está en los softwares de big data. Ellos son resultado directo del exponencial abaratamiento que ha habido en la capacidad de almacenamiento de las computadoras, acompañado por la multiplicación en la capacidad de procesamiento que han logrado las máquinas, y por el avance logrado en la tecnología de secuenciación genética. Todo eso sumado brinda una interpretación automática, tanto en grandes equipos como en smartphones y tablets, de todo el contenido compilado por los profesionales. Un único hospital puede acumular 665 terabytes de información al año, que no es ni más ni menos que el equivalente a tres veces el catálogo de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos, el más grande del mundo. Uno de los más nuevos y prometedores frutos de ese caldo tecnológico es el programa Watson Health, especial para hospitales. Lanzado por IBM en abril del 2015, es un refinado producto de inteligencia artificial alimentado por los potentes servidores de la empresa estadounidense, cuya misión es agrupar gran parte de los datos médicos del planeta para facilitar el trabajo de los profesionales de la salud. Watson se alimenta de informaciones provenientes de laboratorios, hospitales y hasta de iPhones. En un acuerdo con Apple, IBM hizo que su software pueda tener acceso a informaciones generadas a partir de aplicativos de celular y tablet que miden el estado de salud de sus usuarios. ¿Qué tipo de material es recolectado? Cuántos pasos dan las personas por día, si duermen bien, a qué ritmo late su corazón, y mucho más. Técnicamente, es lo que hoy día se conoce como computación cognitiva. “La herramienta que creamos es fundamental para la construcción de tratamientos individuales, específicos y a medida de cada paciente, en cualquier lugar”, describe Mark Kris, uno de los responsables del proyecto Watson Health. En el consultorio, el sistema opera como si fuera un Google para médicos. La tecnología presenta subdivisiones de acuerdo con una especialidad del campo de la salud. Una de las más consultadas es Watson Oncology, focalizado en la oncología y el desarrollo en asociación con el prestigioso hospital estadounidense Memorial Sloal Kettering Cancer Center. Durante los últimos cinco años, un grupo de médicos abastecieron a Watson (y continúan haciéndolo) con historias de casos actuales y antiguos de cáncer, enseñando así a la inteligencia artificial cómo abordar cada variedad de la enfermedad. Actualmente, oncólogos con acceso al programa consultan ese banco de datos antes de atender a un paciente. En él, es posible inferir cuál puede ser el cuadro clínico general del enfermo y, a partir de allí, la inteligencia artificial calcula cuáles son los métodos que han probado ser los más eficientes para el tratamiento de la enfermedad en cuestión.

 

 

Instagram médico

Las ventajas de estas innovaciones son evidentes, pero también hay que tener en cuenta sus riesgos. Uno de ellos es la exposición de la privacidad de las personas. ¿Cómo estar seguro de que un paciente está de acuerdo con que las informaciones sobre sus enfermedades sean recolectadas y guardadas en un banco de datos, exponiendo su condición a desconocidos? En este caso, se ha propuesto la creación de una red social para profesionales de la salud, accesible sólo en determinada área geográfica. En este sentido, acaba de lanzarse en español y en América Latina Figure 1, una plataforma global dedicada a profesionales de la salud que permite el intercambio y la discusión de casos clínicos reales. Esta es la primera vez que la aplicación gratuita, desde su nacimiento en inglés en mayo de 2013, lanza una versión en otro idioma. Figure 1 cuenta con miles de usuarios de habla hispana, muchos de los cuales son médicos, enfermeras, odontólogos y/o estudiantes que están en Latinoamérica. Hugo Zuniga, médico cirujano que atiende a pacientes en la selva peruana, por ejemplo, comparte desde Figure 1 las condiciones endémicas de su localidad e intercambia conocimientos con la comunidad médica mundial. Sus casos han sido vistos más de 200.000 veces por los profesionales sanitarios de todo el mundo. “Los profesionales de la salud de Latinoamérica ofrecen un aporte invaluable a Figure 1”, dice Joshua Landy, médico intensivista canadiense y cofundador de Figure 1. Respecto del funcionamiento, el protocolo de confidencialidad y moderación de los casos es sometido a una aprobación interna, asegurando privacidad de los pacientes. Cuando se publica un caso a través de una fotografía, la comunidad de Figure 1 lo puede ver y comentar desde cualquier parte del mundo. Esto no sólo apoya a los médicos que atienden en hospitales, sino que también brinda soporte valioso a aquellos que tienen acceso a una red móvil pero tal vez se encuentran en comunidades lejos de las ciudades principales. En un país tan extenso como el nuestro, por ejemplo, un médico de un hospital de frontera en la provincia de Misiones podría interactuar y discutir sobre un caso clínico particular con un especialista en la ciudad de La Plata, casi de manera inmediata y en tiempo real a través de Figure 1 aunque estén a más de mil kilómetros de distancia. En la actualidad, más de un millón de profesionales en 190 países utilizan Figure 1. Esto la convierte en la mayor comunidad de profesionales de la salud, una plataforma colaborativa donde se puede observar lo que está pasando en el mundo en tiempo real. Miles de casos ya fueron compartidos y visualizados más de 1,5 mil millones de veces. En América del Norte, se calcula que el 65% de los estudiantes usan la aplicación. Mientras esto se pone en funcionamiento, como todo en internet, hay que tener en cuenta que ciertas brechas pueden ser aprovechadas para exponer a las personas. Otro dilema, más delicado aún, es la transformación de cualquier paciente en un cliente, dada la facilidad que hay actualmente para recolectar datos. En Google, un 20% de las búsquedas realizadas están vinculadas con enfermedades y en la red circula mucha información, incluidos los tratamientos que no tienen fundamentos científicos.

 

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