Mundo / 8 de Noviembre de 2016

Con Bill Clinton, Hillary juega al “doble comando”

El rol del marido presidencial todavía no tiene nombre en los Estados Unidos. Pero el “Primer Damo” promete ser una figura nada decorativa si hoy ganan los demócratas.

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Los argentinos ya sabemos cómo es ser gobernados por un Poder Ejecutivo de doble comando. Los estadounidenses, no. Aunque varias primeras damas habrán tenido voz y voto en los pasillos de la Casa Blanca en el pasado, esta vez sería la ocasión histórica inaugural en que la gran potencia mundial quedaría a cargo de un matrimonio. Con las ventajas y riesgos del caso.
Durante la carrera electoral, el relato oficial de la campaña de Hillary fue ambiguo al respecto. Por un lado, era obligatoria la postura políticamente correcta que subrayaba la independencia total de ella respecto de su marido, por más que se tratara de un ex presidente (allá les siguen llamando “President” a los ex) con alta popularidad. También era necesario marcar que Hillary no sería más de lo mismo y, por cuestiones éticas, que no gobernaría un señor (aunque fuera Bill Clinton) que no hubiera sido votado por los ciudadanos. Sin embargo, los estrategas del búnker de los Clinton se convencieron por las mediciones que la imagen de Bill suma: los “focus groups” indicaron que a él lo quieren más que a ella. De hecho, la propia Hillary insinuó que su marido la ayudaría a recuperar los millones de empleos perdidos en los últimos años, como una especie de ministro de Economía ad honorem. Y en términos de feminismo (un costado evidente del relato de campaña, especialmente contra la misoginia verbal de Trump), es notorio que la Hillary tan independiente ni se le ocurra recordar su apellido de soltera, Rodham. Ella es Clinton.
Pero ¿Clinton qué es? Si la boleta demócrata gana hoy las elecciones, pronto habrá que buscarle un título protocolar a Bill, que tras una década y media volverá a habitar la Casa Blanca, esta vez como… ¿Primer Damo?
Suena raro, casi ridículo. En los últimos meses se ha especulado bastante en la prensa norteamericana sobre la mejor manera de bautizar el rol de marido presidencial, inédito en la historia de Washington. Más allá de la semántica, a sus 70 años, parece claro que con Hillary vuelve de la mano su esposo Bill, y con él un inevitable revival de los ’90. Esa década, dorada para muchos, en que el mundo era timoneado sin disputa por los Estados Unidos, mientras el turbocapitalismo enloquecía de euforia exuberante. Esos años tan locos en que una becaria (Monica Lewinsky, que ahora da charlas TED) y un presidente lujurioso pusieron en vilo la institucionalidad del país más poderoso del planeta. Todos esos recuerdos regresan hoy, con el halo de inocencia de toda época pasada. Ahí está el encanto retro de Bill, en un mundo que tiembla de incertidumbre.

 

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