Cultura / 24 de noviembre de 2016

En el teatro off triunfan las mujeres

Las dramaturgas llenan las pequeñas salas del circuito de teatro independiente. ¿Temas preferidos? La infancia y lo cotidiano. El éxito “boca a boca”.

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Las mujeres ocupan cada vez más espacios en el quehacer teatral, aunque no desde hace mucho tiempo. Ligadas tradicionalmente a roles como la escenografía y el vestuario, pocas se animaban a la dirección. A esta dificultad se suma el hecho de que la escena oficial y comercial elige mayormente obras consagradas. Por supuesto hay excepciones y mujeres que triunfan en grandes proyectos, como Corina Fiorillo (recientemente ganadora del ACE de oro) y Alejandra Ciurlanti (actualmente dirige “Deseo” en el Paseo La Plaza).
Pero en el “off” el que les ha dado un espacio generoso a directoras con muchas ganas y una sensibilidad asombrosa que traen un aire fresco y renovado a la cartelera porteña. Con el agregado, que redobla la apuesta, de que muchas de ellas son además autoras de las obras. Estas nuevas dramaturgas tienen mucho para decir y ¿otro dato? El público queda subyugado con estas propuestas que fueron poco a poco convirtiéndose en verdaderos fenómenos.
Es difícil dar con las razones por las que una obra prende en el público y otras tantas no. Más allá de lo evidente —una buena dramaturgia y actuaciones, cuidado en los detalles y en las cuestiones técnicas— algunas, las que funcionan, logran captar algo de lo que flota en el aire. Cuestiones de este tiempo que estas autoras parecen saber cómo llevar a escena.
Los casos particulares. Hace cuatro años que en El Camarín de las Musas, “La sala roja” de Victoria Hladilo se presenta con entradas agotadas. Además, Hladilo estrenó recientemente su nuevo proyecto, “La culpa de nada”, que promete ir en esa dirección. En sus obras hay críticas a la sociedad, al modelo patriarcal, a la sed de competencia. En “La sala roja” la acción transcurre en un jardín de infantes, durante una reunión de padres. Hladilo utiliza ese espacio para que aparezcan las debilidades de sus personajes. “La obra nace a partir de mi experiencia de llevar a mi hijo al jardín. Ese mundo me obligó también a mí a una adaptación: conocer reglas nuevas y verme metida en asuntos que no sabía cómo resolver”, cuenta Hladilo, que confiesa ser una fiel observadora de las costumbres sociales. “Ver a adultos metidos en un lugar diseñado para niños haciendo actividades infantiles me parecía muy gracioso. Pero otros asuntos me afligían, cuestiones sencillas, como si mi hijo tenía o no lugar en un tallercito de música con sus amiguitos. Esto que en general no pasa a mayores, me disparó la pregunta de qué sucede si los padres no lo regulamos. Les permití a los personajes traspasar la barrera de lo que está socialmente aceptado y al abrir esa puerta mostraron sus zonas más oscuras”.
Otro caso notable es el de “La Pilarcita” de María Marull (El Camarín de las Musas), estrenada hace más de un año y con cuatro funciones semanales, va de gira por todo el país a través del Instituto Nacional de Teatro y los aplausos se multiplican. “La empecé a escribir cuando estudiaba dramaturgia en la Emad, con Mauricio Kartun como profesor —cuenta Marull—. Partí de dos imágenes: una familia que alquilaba su baño a la gente que esperaba horas para ver al Padre Ignacio en Rosario; y dos amigas que estaban bordando el traje para entrar en la comparsa. Lo primero que tuve claro es que no quería hablar sobre el Padre Ignacio. Buscando, di con la Pilarcita, una santita popular correntina. Algo de esa historia, que sea una nena, que la gente le deje muñequitas, me atrapó y lo utilicé como contexto para contar la historia de los personajes. Y ahí volqué toda mi vida y lo que conozco del pueblo correntino Esquina (María Marull pasó gran parte de su infancia en ese pueblo). Aunque no está enunciado que la obra transcurre en Esquina, sí está claro que sucede en un pueblo de Corrientes”.
“Yo no duermo la siesta”, dirigida y escrita por Paula Marull y protagonizada por María Marull es otro gran ejemplo (Espacio Callejón). En la misma tesitura de vida de pueblo y sensibilidad a la hora de dibujar los personajes, Paula Marull se sumerge en la relación de dos niñas con su empleada doméstica (María) a la hora de la siesta. Con más de un año en cartel, supera semana a semana el obstáculo de subir a escena los miércoles; es más, agota todas las funciones. “La escribí en el taller de Javier Daulte —cuenta la autora— y partí de dos imágenes: la pieza de una empleada doméstica, un cuarto finito y tan chiquito que la cama y el placar casi no dejaban lugar para nada más, una noche de mucho calor. La habitación se empezaba a inundar y ella, en vez de preocuparse, bajaba la mano y se dormía tocando el agua. Y la segunda, unas nenas jugando en la vereda de un pueblo”.
Para las hermanas Marull, el hecho de que sus obras gusten es un misterio. “En el caso de ‘La Pilarcita’ creo que la gente valora algo de lo simple, la sensación de haber estado en la vereda con su tía”, arroja María tratando de descifrar el enigma. “La gente vuelve a algún lado con las obras, se transporta” define Paula.
Lorena Romanin es la autora y directora de “Como si pasara un tren” (El Camarín de la Musas), una obra que hace cuatro funciones semanales (una de ellas, en el insólito horario de los viernes al mediodía) y le va muy bien. Juan Ignacio juega en el piso con un tren mientras la madre habla por teléfono. “Esa fue la imagen disparadora”, confiesa Romanin. A estos dos personajes se suma Valeria, una prima que llega a esta casa pueblerina desde la ciudad. “Creo que funciona porque tiene una mirada muy optimista y amorosa, que conmueve. Si bien aparecen desencuentros, frustraciones y peleas, los personajes tienen las mejores intenciones. Deja la sensación de que algo se puede cambiar”.
Para estas mujeres y muchas otras, el “off” es un territorio que permite narrar historias sensibles, inteligentes y conectadas con el presente, con una libertad ilimitada. 

 

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