Mundo / 13 de diciembre de 2016

La guerra por el Sahara: entrevista con el coronel Boulbars

La historia del ejército independentista Polisario y la conquista del desierto que aún divide a la comunidad internacional, desde adentro. Escribe Cicco.

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Esta es la historia de un soldado. No es cualquier soldado. Y no es cualquier guerra. Es la historia de una batalla campal en el Norte de África que dura unos 20 años y ocasiona miles de muertes –no hay aún cifras oficiales–. El lugar en disputa: el desierto de Sahara, las arenas más grandes del mundo, ricas en fosfato, el componente que emplea el mundo entero en sus pesticidas. Este soldado en particular, llamado El Ouafi Boulbars llega a este desierto a pocos días de comenzada la guerra, a mediados de los ’70. Y se retira de la fuerza como coronel, con dos estrellas de guerra, el premio nacional del rey, una designación como Chevalier y una medalla de la paz otorgada por las Naciones Unidas. En medio de todo eso, Marruecos derrota a los saharawies, quienes reclamaban el Sahara como propio, en un pleito que comenzó con el retiro de España de la zona –era una de sus colonias– y la ocupación pacífica por parte de Marruecos. Una zona que ellos juran les pertenece desde siempre –lo mismo que se adjudican los pobladores del Sahara–.
La historia comienza con una medida astuta. Mientras el general Franco agonizaba, el rey marroquí Hassan II –padre del actual monarca–, alentó a ocupar el Sahara popularmente. Aquel día se lo conoció en la historia como la Marcha Verde, y en Marruecos es día patrio. 350.000 marroquíes arribaron al Sahara para quedarse. “Sahara ya era de Marruecos antes que de España”, advierte Boulbars. “La decisión del rey fue una movida estratégica para reclamar un derecho que nos correspondía”.
Ese día no hubo disparos. No hubo muertos. Los soldados españoles que cuidaban su colonia se quedaron perplejos, mientras la multitud acampaba en El Aaiún, la capital del Sahara. Llegaban para quedarse.
Desde la Marcha Verde en noviembre de 1975, el Sahara le perteneció en los hechos a Marruecos. Pero los saharawies, aliados con Argelia, el histórico rival de Marruecos, lucharon dos décadas en el desierto reclamando su independencia. Hasta que en 1996, una medida desesperada de Polisario, el ejército independentista, fue barrida por el ejército marroquí. Depusieron las armas y, desde entonces, en el desierto reina el alto el fuego. Algunos saharawies decidieron vivir como refugiados, en Argelia. Otros, más conciliadores, decidieron integrarse a la sociedad marroquí.
El coronel Boulbars, quien fue además vocero de la ONU en Haití, es una voz autorizada para narrar, desde adentro, un conflicto que aún, monitorea la ONU y tiene a la comunidad internacional dividida entre aquellos que defienden el reclamo de Polisario, y los que apoyan la posición de Marruecos.  En Casablanca, la ciudad donde vive, NOTICIAS compartió una charla con Boulbars, hoy retirado y curado de una enfermedad que lo obligó a dejar el ejército, a la espera de la publicación de su primer libro como analista político: “La primavera árabe” donde revela cómo las revueltas en Medio Oriente pudieron prevenirse a tiempo.
Noticias: ¿Por qué el Sahara no puede ser independiente?
Boulbars: Hay cinco tribus en el Sahara que no pueden coexistir pacíficamente a menos que haya un poder que las controle. Argelia quiere usar el Sahara para tener salida al Atlántico y así dominar África. Es el enemigo histórico de Marruecos. Y usa a los saharawies para debilitarnos a nosotros.
Noticias: ¿De dónde viene esta rivalidad histórica con Argelia?
Boulbars: Para Argelia, nosotros somos una enemistad casi patológica. En los 60, cuando Argelia tuvo su independencia, Marruecos exigió los territorios que le pertenecían pero ellos se rehusaron. No se sabe quién disparó primero. Pero Argelia fue derrotada. Hubo errores de ambos lados. Los suyos fueron muchos más.
Noticias: ¿Por qué se hizo soldado?
Boulbars: Primero porque seguí mis convicciones religiosas, porque amo mi país y defiendo el sistema monárquico. Por otro lado, siempre fui aventurero y me gustaba el desafío y el peligro. Fui a la escuela militar a los 18. Llegué al Sahara a los 22 años. Quería saber si era capaz de ser un buen oficial.
Noticias: ¿Y lo comprobó pronto?
Boulbars: Muy pronto. El primer día, mi unidad donde tenía a cargo a 30 hombres, debía buscar un convoy de comida. Cuando regresamos, fuimos emboscados. Yo hablaba por el radio cuando vi cómo mi operador caía al suelo. Me quedé literalmente con el tubo en la mano. Lo vi caer en silencio, en cámara lenta. Nunca lo voy a olvidar en mi vida. Un disparo le atravesó el corazón. Ese fue mi bautismo de fuego.
Noticias: ¿Qué es lo más difícil de combatir en el desierto?
Boulbars: Como no hay montañas ni árboles, el que más ventaja tiene es aquel cuyos proyectiles llegan más lejos. Los de Polisario, además, conocían mejor el desierto. Los marroquíes somos conocidos por nuestra resistencia. Pagamos un precio muy alto por ganar esta guerra. Luchamos solos contra una verdadera alianza que incluía Argelia, Polisario, Libia, Vietnam y Alemania comunista, y Cuba. De los 250.000 soldados que cuenta el ejército marroquí, el 70% se los destinó a luchar en esta guerra. El punto más débil de Polisario era la escasa cantidad de soldados. Pero Argelia y Libia contrataban mercenarios para subir el número. Es fácil crear una guerra. Lo difícil es pararla.
Noticias: Muchas naciones criticaron duramente la decisión de Marruecos de construir un muro en el desierto. Lo llamaron el muro de la vergüenza.
Boulbars: No fue una vergüenza, fue una medida de seguridad. El muro empezó a construirse en los ’80 y se hizo en seis partes. Se levantó como una protección natural para las ciudades. De ese modo, Polisario no entra allí.
Noticias: ¿Cuál era la mayor amenaza en el desierto para un soldado?
Boulbars: Ya le digo, el mayor problema que teníamos en la guerra eran las minas terrestres. Porque Polisario dejaba minas escondidas en los caminos que sabía debíamos atravesar. Y había que ir muy despacio, por eso éramos un blanco fácil para emboscar. Cuando era capitán, debíamos atravesar una zona que sabíamos estaba minada. Mi superior me llamó y me ordenó que el vehículo donde llevábamos las municiones, que era el más resistente fuera delante de la caravana. Si pisaba una bomba, tal vez el conductor, en ese coche, podía sobrevivir. Pero decidí tomar mi auto e ir yo delante. No quería sacrificar a uno de mis soldados. A los pocos metros, escucho detrás mío que el camión de las municiones volaba por el aire. Los neumáticos de mi auto, más pequeño, pasaron cerca de una mina pero él con dobles neumáticos lo detonó. El conductor sobrevivió de milagro. El destino de Dios está escrito para todos.
Noticias: ¿Por qué los medios en Occidente suelen tomar partido por los independentistas y no por Marruecos?
Boulbars: Los medios son sensacionalistas y dramatizan todo. Toman el mapa de Marruecos y le quitan el Sahara. Cuando ya está decidido que es de Marruecos. Los medios toman posición antes que la ONU. Es una locura.
Noticias: La mayoría cree que el conflicto en el Sahara no está terminado. ¿Usted qué opina?
Boulbars: Cada dos por tres, Polisario amenaza retomar la guerra. Pero solos no podrían resistir ni un solo día. Por eso, necesitan la alianza de Argelia. Hoy en día, hay 30.000 refugiados del Sahara en Argelia. Pero 80.000 viven pacíficamente en Marruecos. Y ellos están mucho mejor. Cuando llegan a visitarlos a Marruecos, no se quieren volver. Los saharawies no aceptan votar un referéndum. Marruecos sólo les pide que conserven la bandera y el sello postal. Ellos pueden elegir sus autoridades. Lo invito a que visite El Aaiún, la capital del Sahara, y vea cómo tratamos a los saharawies y cómo se insertaron en la sociedad. Es otra ciudad. España no dejó nada allí. Cuando llegamos, era zona de nadie. Nosotros construimos una ciudad desde cero. El rey de Marruecos no es como otros reyes. No es un rey de cartón. Está en todas partes. Escucha a la gente. Podés ver el progreso de este país en las calles. Y el rey es el motor de este crecimiento.
Experto en crisis. El Ouafi estudió, porque quiso, la carrera de literatura inglesa –“me gusta el inglés”, dice– y luego completó un seminario de crisis y manejo de seguridad en la OTAN. Fue parte de la delegación marroquí en los Emiratos Árabes, cuando Saddam Hussein amenazaba con quedárselo todo. Y luego, pasó un año y medio como vocero de la ONU en Haití antes de que el terremoto se llevara 316.000 vidas en un sacudón. Ya en el retiro, invirtió cuatro años para escribir un libro –“La primavera árabe”– que explica al mundo por qué las revueltas pudieron haberse evitado.
Noticias: En su libro dice que las revueltas eran previsibles, ¿por qué nadie lo advirtió entonces?
Boulbars: Sólo había que leer los informes de derechos humanos en los años previos a la primavera árabe para darse cuenta lo que se venía. En el 2009, en Egipto ya había torturas, editores de periódicos procesados, prohibieron la TV satelital. En Libia había desaparecidos y arrestaban a manifestadores que reclamaban en paz. En Yemen ese año hubo más de 100 arrestos arbitrarios, y prohibían a los periodistas visitar zonas del conflicto. Los asesores de los gobiernos tenían esta información, pero se la guardaron confiando en que todo seguiría igual. Y eso no sucedió.
Noticias: ¿Por qué la primavera árabe terminó tan mal?
Boulbars: La primavera árabe no fue una revolución religiosa. No fue una revolución política. La gente pedía democracia, justicia y dignidad. Los ciudadanos estaban unidos. Tenía todos los ingredientes para ser una revolución exitosa. En mi opinión, si un presidente comete un error, la gente debe esperar y asumir la responsabilidad por haberlo votado. Y llegado el momento, cambiarlo con el voto. Eso es una república. No voltear a un gobierno de ese modo. Por otro lado, las potencias primero alentaron a que los países árabes eligieran sus autoridades democráticamente, pero luego colaron sus intereses. Y ahí empezaron los problemas.
Noticias: ¿Cómo puede un país controlar algo que parece incontrolable como el terrorismo?
Boulbars: Le cuento una estadística. En Marruecos, el 90% de los intentos de atentados fue denunciado por civiles y así se pudieron evitar. La comunidad civil juega un rol vital en la lucha contra el terrorismo. No hay plan de seguridad eficaz, sin que la gente esté comprometida en involucrarse por el país. No importa la tecnología y los soldados que ponga en las calles. No dará resultado.

 

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