Mundo / 14 de Enero de 2017

Maduro le dio jaque mate al referéndum

Logró que un revocatorio ya no pueda adelantar las elecciones. También que en caso de irse, el poder quede en su vice: un chavista duro, acusado de vínculos con el terrorismo y los narcos.

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Maduro y su nuevo Vice, Tareck El Aissami, un chavista duro.
Maduro y su nuevo Vice, Tareck El Aissami, un chavista duro.

“Ningún gobierno hizo sufrir tanto a su pueblo” como el de Nicolás Maduro, que es causante de la etapa “más dura, incierta e injusta” del país. Así abrió la Conferencia Episcopal venezolana su presidente, monseñor Diego Padrón, que es también un allegado al Papa y, desde hace poco, actúa como la voz que expresa la opinión de Bergoglio.
En el mismo discurso, Padrón consideró la situación como “una real tragedia que tendrá consecuencias históricas”; describió una economía con “saldo en rojo en todos los rubros” y afirmó que la sociedad está “sumida en el caos” por culpa del gobierno que encabeza Maduro.

A llorar a la Iglesia

El 2017 empezó con el pronunciamiento público más duro de la iglesia venezolana, en esta oportunidad, por primera vez, expresando lo que se supone es la opinión del propio Papa Francisco. La pregunta es si el cuestionamiento avalado por el Sumo Pontífice no llega demasiado tarde.
Ocurre que, finalmente, llegó el día que no debía llegar. A partir del 10 de enero, un referéndum revocatorio no puede adelantar las elecciones, sino simplemente reemplazar al presidente por el vice. Por eso la Asamblea Nacional dictaminó que el presidente hizo abandono del cargo. Una medida legislativa desesperada que procura el adelanto de los comicios, pero sin más perspectiva que tentar a Maduro a actuar como Fujimori cuando cerró el Parlamento peruano.
La iglesia local siempre tuvo en claro la calamidad que significa el gobierno de Maduro. Sin embargo, el Papa se prestó a las jugadas de Maduro para ganar tiempo. ¿La consecuencia? Francisco resultó tan funcional a las tretas chavistas como los otros mediadores: José Luís Rodríguez Zapatero, Ernesto Samper, Martín Torrijos y Leonel Fernández.
El Sumo Pontífice y esos ex gobernantes colaboraron, deliberadamente o no, con la estrategia de Maduro para eludir las normas de la Constitución bolivariana que ponen en riesgo el poder chavista. Voluntariamente o no, los ex jefes de gobierno español, colombiano, panameño y dominicano, así como el mismísimo jefe de la iglesia católica, aportaron a que haya sido en vano el esfuerzo monumental del ala moderada e institucionalista de la oposición, que trabajó para que pueda haber cambio de gobierno sin violencia y sin abandonar la legalidad.
En síntesis, además de ser funcional a la trampa que Maduro le tendió al referéndum revocatorio, la acción de los mediadores terminó favoreciendo a los opositores más radicalizados, que desprecian por “tibio” a Henrique Capriles y sostienen que sólo hay un modo de sacar al chavismo del poder: derribándolo por la fuerza.
El plan chavista era ganar tiempo hasta pasar el 10 de enero, día que marca el inicio de la segunda mitad del mandato. A partir de entonces, si el referéndum se realiza y se impone el voto opositor, no hay elecciones anticipadas sino que al presidente lo reemplaza el vicepresidente. En la víspera del día clave, Maduro designó como vice al chavista más fanático y dispuesto a profundizar el modelo económico que llevó el país a la bancarrota y a exacerbar el modelo político que execra y persigue al que disiente.

Narco y terrorista

Que el flamante vicepresidente Tareck el-Aissami esté señalado como miembro de la banda narco que opera desde el Estado, sirve para solidificar el régimen, encerrándolo en su propia defensa. También aporta a ese ensimismamiento radicalizado el hecho de que se sospeche que Aissami (de ascendencia siria) haya sido el puente entre el chavismo y Hizboláh, el extremista partido-militarizado del chiísmo libanés. Esto implica que el nuevo vice habría sido un factor clave en el entendimiento de Hugo Chávez y Mahmmud Ahmadinejad, el presidente más ultraislamista que tuvo Irán.
Si la idea de reemplazar a Aristóbulo Istúriz por Aissami en la vicepresidencia fue de Maduro, se trata de su idea más astuta. Maquiavélicamente astuta. Todo lo demás que surge de su cabeza es más bien obtuso. La ineptitud es un rasgo de su gestión; casi una señal de identidad. El último ejemplo fue haber sacado de circulación los billetes de cien bolívares antes de tener listos sus reemplazos de mayor nominación. ¿El resultado? saqueos, represión y muertes.
No hay otra explicación del asenso de Tareck el Aissami, que no sea ejecutar una jugada sin escrúpulos, para hacer jaque mate al referéndum revocatorio.
Por trayectoria, formación, experiencia y calidad de lo aportado a la era chavista, el vicepresidente desplazado es mucho más calificado que el hombre que lo reemplazó.
Aristóbulo Istúriz es un socialdemócrata que inició su vida política en Acción Democrática (AD), uno de los dos partidos del ancien regime, y fundó fuerzas centroizquierdistas hasta desembocar en el Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV), o sea el chavismo puro y duro.
Tiene una sólida formación académica y actuó con cierta suficiencia en todos los cargos legislativos y ejecutivos por los que pasó. Sobre todo, se destacó como ministro de Educación y como impulsor del plan de alfabetización masiva que llevó a cabo la gestión de Hugo Chávez.
Siendo, además, el único miembro del gobierno que tiene formación y experiencia en el campo de la planificación estratégica, no había ninguna razón para reemplazarlo por Tareck el Aissami que no sea la ejecución de la trampa política apuntada a desactivar definitivamente el referéndum revocatorio.
Pasado el 10 de enero y con semejante cambio de vice, votar por la revocación de Maduro en un referéndum implicaría convertir en presidente a un chavista aún más duro y cerrado.
Que un liderazgo de ese tipo haga jugadas de esa clase no es raro. Lo alarmante es que un ex jefe de gobierno español, el titular de UNASUR y ex presidente de Colombia, y los ex mandatarios de Panamá y República Dominicana, junto con el mismísimo Papa Francisco hayan terminado facilitando la jugada que hace jaque mate a la salida institucional para la cual la oposición había cumplido con todos los requisitos necesarios.
A partir de ahora, de realizarse el referéndum, la mayoría que quiere sacar al chavismo del poder sabe que, votando contra Maduro, lo que hace es cambiar a un chavista inepto por un chavista ortodoxo.
A quienes mediaron para que haya diálogo entre el gobierno y la oposición, Maduro y su gente les respondieron encumbrando al hombre que rechaza abiertamente cualquier tipo de entendimiento con los opositores, a quienes considera “una derecha terrorista y criminal” que representa a “la burguesía apátrida”.
Si sacar a Maduro es poner a Aissami, el voto opositor no tiene sentido. Las mediaciones que ayudaron al chavismo a ganar tiempo y la inescrupulosa jugada de nombrar vicepresidente a un chavista de alto voltaje, permitieron que el jefe de la “ineptocracia” venezolana coloque a la oposición en una encrucijada. Para que dispare contra él, le dio un revólver al que le sale el tiro por la culata.

 

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