Teatro / 23 de febrero de 2017

Orquesta de señoritas: Un elenco admirable

De Jean Anouilh. Con Osmar Núñez y elenco. Dirección: J. Paccini. Teatro Buenos Aires, Rodríguez Peña 411.

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★★★★ En todas las épocas la cartelera porteña fue fiel a los autores franceses; por ejemplo, a fines de los cincuenta, el escritor de moda entonces, mucho más que Sartre o Camus, era Jean Anouilh (1910-1987), de quien ya se había conocido aquí su primera pieza, “El viajero sin equipaje” (1937). Casi todas sus obras se representaron en Buenos Aires con enorme suceso. Desde “Antígona” con Mercedes Sombra como protagonista, “Leocadia” y “Ardéle”, ambas con Mecha Ortiz, “La Invitación al castillo” que reunió a Irma Córdoba y Niní Gambier, “La alondra” a cargo de Luisa Vehil hasta “Colomba” por Analía Gadé.
Berta Singerman estrenó “La Orquesta”, con su compañía y Rosa Rosen en otro papel importante, pero la obra volvería en los setenta, retitulada “Orquesta de señoritas” y, gracias a la ocurrencia clarividente de su director, Jorge Petraglia, con los roles femeninos (hay un solo varón, el pianista) asignados a hombres. Tuvo tanto éxito que las temporadas se extendieron entre 1974 y 1981, incluidas giras por el interior del país y España.
La trama es en realidad el retrato de un patético y decadente conjunto de mujeres instrumentistas, destinado a entretener con música liviana a los comensales del restaurante de un balneario, cuyas frustradas integrantes se aferran torpemente a un estilo de vida anticuado que se evaporó en la inmediata posguerra. A pesar de la tragedia final y el planteo inicial de comedia dramática, los diálogos brillantes y el humor ácido, la convierten en farsa de irresistible comicidad. Por cierto, muy inteligente.
Esta lograda reposición encuentra el ámbito exacto, estilo café-concert, y cuenta con un elenco admirable, además del meticuloso vestuario de Paula Molina. De todos modos, aunque las interpretaciones son de homogénea calidad, sería injusto no destacar el histrionismo de Carlos March, caracterizando a la supuesta puritana; la paleta expresiva de Miguel Jordán, en la piel de la maliciosa solterona y, como la voluptuosa e implacable directora teutona, el colosal trabajo de Osmar Núñez; un actor al que nunca alcanzan los adjetivos para elogiarlo sin reserva. En suma, entre las mejores opciones para entretenerse y reflexionar.

 

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