Libros / 25 de marzo de 2017

“El espíritu de la ciencia ficción”, de Roberto Bolaño

Editorial Alfaguara, 223 págsinas más 28 sin numerar. $ 349.

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★★★★ La aparición de un nuevo inédito del chileno Roberto Bolaño se tradujo además en un “pase” de sello (de Anagrama a Alfaguara), y de agente (de la agencia Carmen Balcells al famoso Andrew Wylie). En parte lo provocaron las crecientes tensiones entre su viuda, Carolina López, y Jorge Herralde, el director de Anagrama.

Ante la realidad de una novela inédita no editada por el autor surge siempre la duda acerca de qué hubiera hecho él. En este caso era un título poco mencionado, pero sobre el que había trabajado durante años. Una vez leído, suena a un antecedente de “Los detectives salvajes”, su célebre saga de México y sus poetas jóvenes. Los primeros tramos son un poco mezclados y desprolijos, pero también lo fueron algunas novelas breves sí publicadas en vida. Hay una entrevista inicial, donde el autor suena juvenil, entre cínico e ingenuo. Más tarde siguen fragmentos diversos.

Entre ellos se destacan las cartas a diversos autores de ciencia ficción: Robert Silverberg, Alice Sheldon, Philip José Farmer, Fritz Leiber, Úrsula K. Le Guin. Si el lector es además adicto a la ciencia ficción se sentirá  defraudado: las cartas tienen poco que ver con los autores en sí, y más con la vida móvil y creativa de los poetas “infrarrealistas” de los años ’60 y ’70.

En términos generales, el libro funciona como un bosquejo distinto de “Los detectives salvajes”, y es posible que por eso Bolaño haya desechado su publicación. Pero también es cierto que a partir de la página 177, en un largo capítulo relacionado con una moto, y en el extraordinario texto final, titulado “Manifiesto mexicano” (dado a conocer por separado en vida) el libro levanta vuelo.

El motociclista aprende andando, y va recorriendo un México especial, inspirado: “A nuestro lado pasaban coches, en las esquinas se encendían y se apagaban unos semáforos semiocultos y corroídos por el smog, en las veredas transitaban algunas sombras que incluso fumaban”. El cierre es un viaje a los infiernos sexuales, fúnebres y lúmpenes de los baños públicos, que comunican en profundidad la densidad entre absorbente y peligrosa del México popular de esos años.

 

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