Cultura / 12 de mayo de 2017

Ney Matogrosso, el inclasificable: un artista de culto a los 75

Radiografía de un artista inclasificable, que a los 75 años sigue al tope de su creatividad. Ver fotos

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Actor, músico, personaje siempre inclasificable de la escena, Ney Matogrosso es un septuagenario infatigable que dista mucho de exhibir su edad. Precisamente, la charla con NOTICIAS se produce vía telefónica desde Guimarães, donde está filmando una nueva película. “Es un film de Edgar Pêra, un cineasta portugués” –nos dice–. “Se llama ‘Caminhos magnéticos’ y habla de un futuro de la humanidad bastante más sombrío que nuestro presente. Vine a Portugal por este trabajo y para dar unos conciertos; y tendré que volver en junio para terminar la película”.

Historia

Hijo de un militar, llegó a hacer un paso breve por la Fuerza Aérea Brasileña. Rápidamente, rompió con los mandatos familiares, creó un cuarteto vocal, empezó a combinar sus inquietudes hacia la actuación y la plástica, tuvo sus papeles en la televisión y el teatro y ya instalado en Río en 1966 se ganó la vida haciendo artesanías en cuero. “Mi ruptura se expresó en el modo de encarar la música y también en la vida. Creo que mi comportamiento, hasta hoy, sigue siendo de ruptura. Estamos en tiempos de una tendencia más conservadora del arte; y con más razón, mi manera de expresarme sigue siendo transgresora. Soy un hombre de 75 años que se viste como me visto yo para un show y que sigo defendiendo mi derecho de ser quien soy. No me quedo como un viejito viendo televisión, mostrando que a esta edad es posible estar en actividad, gracias a Dios muy bien”.

De lo que habla Ney es de su placer de sorprender con los vestuarios extravagantes, las puestas, las desnudeces en escena, los despliegues físicos que deslumbran. “Lo que va comandando todo es el repertorio y por eso no me pongo límites. Hay que recordar que, antes de ser cantante, era actor. Y ese lado teatral, finalmente, es el que rige todo lo que hago”.

La relación con sus colegas brasileños es, por supuesto, muy grande. Pero curiosamente, siempre ha demostrado un particular interés por cantar en nuestro idioma y por los artistas argentinos: Astor Piazzolla (con quien inclusive grabó), Julio Cortázar, Jorge Luis Borges y hasta el ex Manal Claudio Gabis, que participó como guitarrista en su primer disco solista, “Água do Céu-Pássaro”, de 1975. “Es que mi abuelo era correntino; hablaba español y guaraní. Mi abuela era paraguaya. Así que todo eso está en mi sangre. Me atrae cantar en español. Es la única lengua en la que canto, además del portugués. Es una relación profunda que me resulta normal”.
Suceso. Es inevitable preguntarle por el éxito importante pero más acotado que ha tenido su historia artística después del explosivo de Secos & Molhados, que llegó a vender cifras monumentales de discos a principios de los ’70. “La verdad es que la industria no me preocupó nunca, y menos ahora en que ya prácticamente no existe. Nunca estuve ocupado con esta historia de las ventas, o de alcanzar el millón de copias como todos querían. Mis ventas rondaban las 300.000, lo que era muy bueno, aunque la gente de la industria lo consideraba muy poco. Secos e Molhados fue un fenómeno aparte. Era una cosa que ninguna grabadora quería. Mandamos nuestras cintas a varias y la que finalmente nos contrató fabricó solamente 1.000 copias para un año; esas copias las vendieron en la primera semana. De modo que como aquello ocurrió en un tiempo en que había escasez del vinilo con que se hacían los discos, empezaron a derretir los que no se vendían para hacer los nuestros. Y vendimos muy por encima de un millón”.
Desinteresado por el fútbol –“soy un brasileño anormal”, se califica–, sí tiene mucha preocupación por la ecología y la preservación. “Creo que todos deberíamos hacer algo para proteger nuestro ambiente; en verdad, preservar lo que resta porque en Brasil, por ejemplo, la cosa está fea. El negocio del agro da mucho dinero a mi país pero está avanzando sobre la naturaleza de manera absurda, volteando la selva. En lo personal, yo tengo una parte de la reserva de bosque atlántico; son 148 hectáreas que mantengo íntegramente. Estoy soltando animales allí: aves, mamíferos, etc. Es un trabajo conjunto que hago con Instituto de Medio Ambiente y Recursos Naturales Renovables de Brasil y que me hace muy feliz”.

 

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