Ciencia, Opinión / 15 de junio de 2017

Emociones y sentimientos que la humanidad tuvo antes que la razón

Miedo, ira, alegría, tristeza, asco y sorpresa son las emociones humanas básicas. Son universales y tienen una expresión facial propia.

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Creemos que somos seres racionales. Sin duda que lo somos. Nuestro cerebro es la estructura más compleja del universo conocido y son sus capacidades cognitivas las que determinan esa condición. Pero no es lo único. Algo fundamental se esconde por debajo de nuestros procesos racionales y que de hecho los condicionan, la emoción y los sentimientos. Sí, ellos nos acompañan desde los albores de la humanidad, desde hace casi cuatro millones de años. En cambio la razón, el pensamiento y nuestros procesamientos mentales lógicos son unos recién llegados en la historia evolutiva de nuestra especie, están formando parte nuestra desde hace apenas unos 70.000 años. Es entonces cuando se produce la revolución cognitiva y nace así el pensamiento como consecuencia de nuestra función cerebral. Es que ese cerebro y el cuerpo que lo contiene ya vivenciaban emociones y sentimientos desde hacía millones de años. En las emociones nos constituyen como verdaderos cimientos del edificio de nuestro ser.

Emociones y sentimientos no son lo mismo aunque corrientemente se los confunda. La emoción es aquella experiencia vivencial que tiene rostro, aquella que se expresa aún sin palabras. Así, nos constituyen seis emociones básicas, el miedo,la ira, la alegría, la tristeza, el asco y la sorpresa. Todos los seres humanos del planeta expresamos las emociones con el mismo rostro. Pero la historia emocional no termina ahí. Acorde fue desarrollándose nuestra especie las emociones comenzaron a procesarse en nuestro cerebro: paulatinamente y con los lentos tiempos de la evolución darwiniana dieron lugar a una nueva vivencia, los sentimientos. Así aparece ese mundo de vivencias que todos sentimos en mayor o menor medida la fe, el amor, el odio, la culpa, la vergüenza, el orgullo, la envidia y otros tantos. Como un caleidoscopio donde todas las emociones y sentimientos se mezclan en un licuado de experiencias vivenciales que nos hacen únicos e irrepetibles.

Y es que todos somos diferentes porque también es diferente la mezcla de emociones y sentimientos que nos constituyen. Las emociones y sentimientos están ahí porque han sido seleccionadas por la naturaleza y no solo están ahí, son necesarias. El amor por caso es necesario desde tiempos ancestrales, ya que garantizaba la unidad de la pareja y la constitución del grupo familiar. Esto era esencial para el cuidado de la cría que nacía incapaz de mantenerse por sus propios medios,al igual que hoy, donde nuestros hijos dependen de nuestra protección por mucho tiempo. La culpa también ocupa un lugar útil. Sentimos culpa toda vez que transgredimos un acuerdo social tácito o implícito. Es el resultado de la responsabilidad, es decir de responder acorde a lo que se espera de nosotros. La función de la culpa es promover una conducta correctiva y entanto ello resulta útil para la vida de relación social que nos caracteriza, somos seres sociales. Claro está que existe desvíos en la culpa. Sentir culpa cuando no corresponde es contraproducente, incluso lesionamos la autoestima. Y la ausencia de culpa es propia del psicópata.

Vayamos a otro ejemplo. Compararse con los demás es una función automática. Nos permite saber cuál es nuestra situación personal en el grupo social en el cual nos desarrollamos, esencial para señalarnos carencias o faltas que invitan a la auto superación a través del esfuerzo o la aceptación de los hechos. Cuando ese mecanismo comparativo, habitualmente adaptativo, pasa un cierto límite da lugar una emoción negativa, la envidia. Quien envidia anhela aquello de lo que adolece, en realidad es consecuencia a una falta de la cual se es incapaz de llenar a través del esfuerzo personal o de la sana aceptación y compresión de las naturales limitaciones.

Las emociones básicas son reacciones intensas y en general de corta duración, tal es el caso de la ira, el miedo o la alegría. Los sentimientos, en cambio son en general de menor intensidad pero duran más tiempo, algunas veces toda la vida, tal el caso del amor o la fe. Lo cierto es que de la mezcla de las emociones y sentimientos resulta nuestro perfil de personalidad. Somos lo que sentimos y es importante percibir nuestras emociones y sentimientos así como los de quienes nos rodean. Un esfuerzo de autoconocimiento y empatía.

*Médico, autor del libro “Emoción y sentimientos”, Ed.Planeta.

 

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