Cine / 22 de junio de 2017

El mago de Oz

(EE.UU., 1939, 102′) Aventuras. Dirección: Victor Fleming. Con Judy Garland. ATP.

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★★★★★ Y sí, al lado de los estrenos de esta semana, esta reposición en copia esplendorosa del clásico de 1939 es lo más destacado, y nos permite explicar por qué vale la pena verlo. “El Mago…” fue la apuesta de la MGM para competirle a Disney –entonces triunfador con “Blancanieves” y “Pinocho”– en el campo de la fantasía. Razonaban que si era bueno con dibujos, tenía que ser mejor con actores. El caso es que la película fue un fracaso monumental, y que la MGM se salvó de la quiebra porque participaba como coproductora de “Lo que el viento se llevó”, del mismo año y del mismo realizador. ¿Por qué fracasó y es un clásico hoy? En principio, porque su mezcla de humor, música, algo de violencia y ciertos momentos directamente terroríficos eran demasiado para entonces. El público no sincronizaba con esto a menos que fuera “en dibujos”, que siempre son evidentemente falsos. En segundo lugar, porque recordaba la “gran depresión” de la que aún no se terminaba de salir. Es cierto que “Lo que el viento…” también, pero no era “entretenimiento familiar” como “El Mago…”. Y tercero, porque es demasiado: demasiado color, demasiadas estrellas, demasiadas peripecias. Hoy ese “demasiado” es “lo justo” y lo que sorprende de la película, incluso a pesar de sus momentos kitsch (kitsch para nosotros, claro) es su enorme modernidad. Vaya a verla porque va a durar poco en cartel (Cinemark restrena en pocos horarios un clásico por mes) y porque escuchar “Over the rainbow” en su versión más clásica –eterna Garland– es uno de esos momentos inolvidables de cualquier vida.

 

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