Costumbres / 21 de Julio de 2017

La decoración consciente impone el “glam” naturista

La novedad en arquitectura sustentable es el respeto a la condición “cruelty free” y de comercio justo. Mirá la fotogalería.

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Los “pallets” (estructuras para embalaje) son estrellas de la deco vegana.

El concepto es increíble. Si las impresoras 3D pueden recrear objetos y hasta casas en segundos, ¿por qué no hacerlo con productos de origen animal como carne y cuero? Para el bioingeniero Andras Forgacs, esto no es algo extraño. “Estoy convencido de que en 30 años, cuando pensemos cómo criábamos y asesinábamos billones de animales para hacer nuestras hamburguesas y carteras, veremos esto como una locura”, apuntó en una charla TED. Al ritmo que vamos, para 2050 requeriremos 100.000 millones de animales para satisfacer nuestras necesidades de carne, lácteos, huevos y cuero.

Frente a este panorama, distintas industrias han comenzado a desplegar asomos de cambio. Y la decoración es una de las que ha empezado a demostrar mayor conciencia. Si antes hizo despilfarros con el cuero y otros materiales poco ecológicos, de a poco va encontrando reemplazos sin resignar estética ni confort.

La revolución vegana

“El lugar donde vivimos puede y debería hacer tres cosas: reflejar quiénes somos, sacar lo mejor de nosotros y contribuir a un mundo mejor”. Ese es el principio que guía a la decoradora norteamericana Deborah Rosenberg en su emprendimiento DiMare Design.

Enfocada en el segmento del lujo en Estados Unidos, hace del diseño “cruelty-free” su sello. “Hay infinitas opciones de materiales de lujo duraderos y sustentables que no están hechos de animales o no resultan en un daño ecológico que lastima otras especies o incluso la propia”, ilustra la diseñadora. A partir de estas elecciones, ella asegura que logra ambientes que propician el bienestar, eliminando potenciales alergias, disminuyendo el estrés y hasta proveyendo un entorno ideal para personas con necesidades especiales, como aquellas con autismo. Bajo lo que llama la revolución “vegana glam”, dado que el resultado es igual de elegante que con materiales tradicionales, es una gran referente del tema.

Por estos lares, aunque la revolución todavía está en pañales, hay varias iniciativas sobre las que vale la pena echar luz. “La arquitectura y la decoración han lanzado productos ecoamigables, y algunos hasta tienen certificación vegana”, ilustra Javier Iturrioz, arquitecto, decorador y amante de los animales. “Hoy desde una mesada de cocina hasta un empapelado tienen una opción vegana o menos nociva para la naturaleza”, agrega.

Primero comenzaron a despreciarse los trofeos de caza y a reemplazarse por figuras de madera, resina o porcelana fría. Por estos días, las negativas incluyen hueso, crin de caballo, plumas, seda y tintes, entre otros materiales. Siguiendo esta premisa, aquellos que vinieron a ocupar ese lugar fueron el lino, el yute, las cortinas vegetales, los tintes naturales, los cueros ecológicos, las pieles sintéticas y las maderas cuidadas, entre otros. “Es interesante, pero con honestidad, es difícil cumplirlo a rajatabla. Sobre todo porque si usás todo dentro de ese estilo termina dándote un look más Cabo Polonio que la elegancia que buscan los clientes”, se sincera Iturrioz, para quien la pata estética aún resta desarrollarse.

Desde el origen

Pero hay quienes tuvieron esta premisa sustentable en mente desde su origen. Elementos Argentinos lleva 12 años uniendo el trabajo de los artesanos textiles del Norte con clientes deseosos de alfombras tan bellas como ecológicas. “Tratamos de generar una cadena de valor en la que todos los integrantes se vean beneficiados. Y no hablamos solamente del tejedor, los vendedores y el cliente, porque yendo hacia atrás está quién hiló esa lana, el dueño de la oveja o el barraquero, y la oveja misma. Y yendo hacia delante está el planeta”, cuenta con pasión Fernando Bach, creador del emprendimiento junto a Pablo Mendívil. Con esa mirada, se aseguran, por ejemplo, de que cuando trabajan con lana que no proviene de los propios tejedores (de quienes saben que cuidan con extremo cuidado a esas ovejas, dado que son su fuente de ingresos), participan antes de las esquilas y certifican que el trato en esos lugares sea amable para con el animal.

En esa línea, el emprendimiento Vacavaliente cuida esta especie a partir de crear objetos de diseño con cuero 100% reciclado. Entre sus productos, que van desde accesorios de escritorio hasta sets de mesa, se cuenta un simpático canguro que fue el primer ítem argentino en el catálogo permanente del MoMA de Nueva York.

“Quisimos explorar las posibilidades que brinda el cuero reciclado como materia prima y su aplicación bajo la pregunta de cuál es su oportunidad desde la innovación en el ámbito del diseño”, explica Matías Fernández Moores, su creador. La respuesta fue más que alentadora: clientes de todas las edades y en más de 40 países valoran hoy la empresa, que está presente en reconocidas tiendas de Brasil, Estados Unidos, Europa y Asia. “Hoy Vacavaliente aspira a ser un estilo de vida, práctico, emocional, sustentable e innovador”, cuenta Fernández Moores, quien cree que se ha ampliado la cantidad de proyectos con este eje consciente, y que hay un mercado activo para quien quiere comprar productos “con causa”.

Aunque aquí es posible que la veta de exportación sea la mayor interesada. Como explica Bach, los clientes más atentos a esta cuestión son los extranjeros (en el caso de Elementos Argentinos representan el 30% de la venta). “Me parece que uno puede preocuparse por el planeta cuando tiene resueltas sus necesidades básicas, acá todavía somos un poco pobres como mercado para dedicarnos a pensar en estas cosas, que en algún punto parecen de gente rica o medio filosóficas”, apunta, aunque remarca lo satisfactorio que puede ser estar rodeado de productos naturales, que se sabe de dónde vienen y aportan calidad de vida. “Todavía no puedo tener un auto que funcione a hidrógeno, pero sí puedo comprar productos que tengan trazabilidad”, apunta.

Finalmente, una iniciativa única sienta un precedente muy alentador. La Casa G, creada por el emprendedor Charly Karamanian, fue construida con los preceptos de la sustentabilidad, a fin de fomentar el uso racional de los materiales, las buenas prácticas ambientales y el ahorro de energía. “Nos propusimos demostrar que actualmente en Argentina no sólo es posible sino que resulta conveniente construir utilizando técnicas y tecnologías sustentables”, describe Karamanian, quien vive allí con su familia desde diciembre de 2013.

Además de su diseño bioclimático, su utilización de energías limpias y renovables y su uso racional y tratamiento del agua, entre otras cuestiones de la construcción, asimismo es una casa consciente en lo que hace a la decoración, con escritorios armados a partir de la madera utilizada para la obra, muebles reciclados, un invernadero con mesas de cultivo con pallets y mesadas con un 75% de material reciclado, entre otros gestos. “Además, cuando buscamos proveedores, siempre chequeamos que estuvieran en un radio máximo de 800 kilómetros, para minimizar la huella de carbono”, apunta el creador.

Ganadora de los Premios Latinoamérica Verde 2015 (algo así como los Oscar de la industria), la Casa G demuestra que para hacer algo por el planeta no hace falta vivir de modo tan distinto. Sólo es cuestión de hacer elecciones conscientes.

 

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