Sociedad / 1 de diciembre de 2017

Bárbara García: una testigo clave en peligro

Fue clave para reconocer al represor que se llevó a su madre cuando ella tenía 8 años. Ahora tiene miedo: él está detenido en su casa.

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“Yo siempre pedí que me den la oportunidad de reconocer al tipo que se llevó a mi madre hace 40 años. Tanto insistí que logré que aceptaran mi pedido y mi identificación fue clave para la causa, pero ahora me encuentro con que ya le dieron la domiciliaria”. Bárbara García habla con desazón, pero con tono firme. Asegura que luchó cuatro décadas para que el responsable de haber secuestrado a su madre, cuando ella tenía 8 años, estuviera en la cárcel. Se convirtió en el testigo estrella de la causa ya que, hace unos meses, fue la única que logró reconocer al represor. Sin embargo, ahora se siente en peligro: la Justicia le otorgó al ex subteniente Martín Sánchez Zinny, acusado de formar parte de un grupo de tareas en una megacausa por 37 desapariciones, el beneficio de la prisión domiciliaria. “Tengo miedo porque es un tipo poderoso que sigue teniendo muchos contactos afuera”, explica Bárbara, la hermana del periodista Camilo García.

Su dramática historia comenzó en la madrugada del 13 de junio de 1976, cuando ella tenía sólo ocho años. Un grupo comando integrado por efectivos del Regimiento de Infantería N° 6 de Mercedes irrumpió en su casa y se llevó a su madre, Rocío Ángela Martínez Borbolla, quien continúa desaparecida. A partir de ese momento su vida cambió.

Su niñez y adolescencia no fueron igual a la de cualquier niño. “Mi hermano me dice que no pude tener infancia”, bromea. Pero a pesar del terror, Bárbara se sobrepuso. Su vida siguió aunque los recuerdos permanecieron inalterables, tanto,que fue capaz de identificar la cara del integrante del ejército que cuatro décadas atrás comandó el operativo ilegal. Su testimonio resultó clave no sólo para avanzar en la causa por la desaparición de su madre, sino que también permitió establecer la relación con otros 35 casos y aunar todas las denuncias en una causa que llevó adelante el juez federal Daniel Rafecas, lo que complicó la situación procesal de Sánchez Zinny que ya estaba detenido y cuyos abogados no respondieron los llamados de NOTICIAS.

Noticias: Usted cumplió un rol fundamental en la causa al reconocer en fotografías al militar que se llevó a su madre. ¿Cómo fue ese momento?
Bárbara García: Fue terrible pero mágico a la vez. Sabía que no podía errar, porque si lo hacía era una marcha atrás terrible para toda la investigación. Fue muy difícil pero creo que hubo algo más allá de mí que me ayudó a identificarlo. Un destino que tenía marcado.

Noticias: ¿Cómo fue el procedimiento?
García: Me dieron un bibliorato con fotos fotocopiadas y con los nombres tapados y yo fui mirando uno por uno. Miré, miré y miré hasta que me quedé con dos fotos: “Pusieron dos iguales”, dije. Nadie me dijo nada. Seguí viendo foto por foto hasta que veo otra, que, en este caso, no tenía nada que ver con las otras dos. Volví a mirarlas, una por una y volví a quedarme con las mismas tres. “Es uno de estos tres”, dije.

Noticias: ¿Y qué pasó?
García: Me mantuve en mi decisión. Y entones fuimos a buscar a quién pertenecía cada foto. Y era el mismo las tres veces fue la misma respuesta. Se hizo un silencio increíble y me puse a llorar.
El reconocimiento de Bárbara fue tajante e indicaba que el ex subteniente Sánchez Zinny había sido quien dirigió el operativo aquella noche de invierno. A pesar de que sólo era una niña cuando lo vio, pudo reconocer perfectamente su rostro.El destino de este militar se complicó entonces más. Todo había comenzado cuando un ex conscripto decidió romper el silencio. Contó lo que había vivido cuando era un joven cumpliendo el servicio militar en Mercedes. En junio de este año, Rafecas decidió que Sánchez Zinny, y otros cuatro represores, debían ser detenidos mientras se avanzaba con la causa.

“Cuando yo voy a hacer el reconocimiento, Sánchez Zinny estaba detenido y por eso también fui tan tranquila”, explica García. Es que en efecto, la Cámara Federal porteña ya había rechazado en agosto un pedido de excarcelación y tampoco él cumplía con los requisitos para gozar del beneficio de la prisión domiciliaria. Pero todo cambió después.

“Un día me enteré de que le habían dado la prisión domiciliaria y no lo podía creer”, explica García. Es que a los pocos meses de su detención, Sánchez Zinny ya no estaba más preso en Campo de Mayo sino en su casa, bajo la responsabilidad de su actual pareja y sin siquiera una pulsera electrónica que lo monitoree.

Noticias: ¿Por qué le otorgaron este beneficio?
García: El tiene un hijo con una discapacidad y eso es lo que usó como caballito de batalla para lograr que le den la domiciliaria. La madre de ese nene fue citada a declarar. Entonces, basados en el bienestar del niño, decidieron que podía irse a su casa. Pero a esta mujer nunca le explicaron por qué declaraba. Ella ni siquiera sabía qué había hecho Sánchez Zinny durante el proceso.

Noticias: ¿Y cómo tomó usted esta novedad?
García: Me tuve que mudar y ando con miedo. Algunos días más, y otros menos. Fui a declarar confiando y después me encontré con esta situación, pero voy a seguir luchando.

García asegura no va a claudicar y que va a seguir el espíritu de lucha que tuvo su madre hace más de 40 años.

 

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