Ciencia / 17 de diciembre de 2017

Inteligencia artificial: Cada vez más y más humanos

Los robots ya son capaces de imitar las acciones y la imaginación de las personas.

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Estamos examinando continuamente la lista de cosas que las máquinas no podían hacer al principio, cuando fueron surgiendo, y tomando notas de cuáles son las que ahora sí son posibles para ellas. Un día llegaremos al final de esa lista”. El autor de la frase fue Tim Berners-Lee, científico computacional creador de los principales códigos que dieron origen an la internet comercial. A cada día que pasa, aquella profecía parece estar más cerca de concretarse.

Los robots dieron en noviembre último un paso más hacia ese “final de lista” del que hablaba Berners-Lee. Científicos que trabajan para la empresa estadounidense Vicarious, especializada en robótica, dieron a conocer a través de un paper publicado en la prestigiosa revista Science un estudio que presentó un software de inteligencia artificial (IA) capaz de vencer al Captcha, el sistema anti-hackers, el de las palabras e imágenes que verifican si quien está en un sitio de internet es un ser humano y no un robot. El objetivo de Captcha es evitar que los hackers empleen bots (programas de computación que simulan acciones humanas) para invadir direcciones online.

Frente a la innovación dada a conocer en Science, ahora ese recurso de seguridad podría estar con los días contados. Y da una pista acerca de cuán cerca está la IA de pensar como los seres humanos.

Triple chequeo

Captcha comenzó a ser desarrollado en 1997 por grupos de hackers y científicos de universidades estadounidenses. Ya a principios de los años 2000 diversos sitios de comercio electrónico empezaron a poner a prueba la herramienta como forma de protegerse ante el ataque de bots. En el 2007, un equipo de investigadores de la Universidad Carnegie Mellon (EE.UU.), patentó un producto, el reCaptcha. Esa versión es la que se popularizó en la red.

Ella genera, cada día, unos cien millones de testeos para sitios de todo tipo, desde redes sociales como Facebook y Twitter hasta páginas criptografiadas de los gobiernos de las principales potencias económicas. En el 2009 Google compró la patente de esa tecnología y comenzó a desarrollarla.

Captcha es la sigla en inglés de una definición compleja: “Testeo de Touring público completamente automatizado para la diferenciación entre computadoras y humanos”. El método en que trabaja consiste en una serie de preguntas que buscan diferenciar cuándo un interlocutor es un robot y cuándo un ser humano. Captcha es una evolución de esa técnica. Por medio de ella, hay tres formas de separar a las máquinas de los seres humanos de carne y hueso.

En la primera, presenta una secuencia de palabras inconexas, en tamaños, colores y fuentes (tipos de letras) diferentes, y puede ser que las mismas sean digitadas. La segunda manera es compilar imágenes para preguntar de qué se trata: por ejemplo, si son placas con los nombres de calles de una ciudad, animales o edificios.

Finalmente, aparece una pregunta, “¿es usted un robot?”. Basta con hacer clic en esa caja que aparece en la pantalla para certificar que se trata de una persona. ¿Cómo? El software detecta si el patrón de movimiento del mouse en el momento de la acción corresponde con la manera en la que se mueven las manos humanas.

En todos los casos se apunta a atacar los puntos débiles de las máquinas. Hasta ahora, un mismo software no conseguía, por sí solo y sin apoyo de otros programas, identificar patrones tan generalistas en cuanto a palabras en diferentes idiomas, figuras tan diversas como una jirafa o un edificio determinado, o reproducir la acción no ordenada en cómo una persona opera un mouse de computadora. Todo eso, y al mismo tiempo.

Para darse una idea de lo que implica: solamente para descrifrar el Captcha de las imágenes es necesario abastecer a la IA con 2,3 millones de fotos de referencia. Así y todo, el programa sólo conseguía ser efectivo delante de testeos considerados sencillos, como identificar dónde está un animal dentro de un paisaje nítido. Más raramente, acertaba cuando el contexto era más complejo, como por ejemplo cuando había que apuntar placas de calle en una fotografía de baja resolución de una avenida con mucho movimiento.
La nueva tecnología presentada por la startup Vicarious imita la manera en que el cerebro humano interpreta esas mismas informaciones. Así, venció dos de los métodos de Captcha, el de las palabras y el de las fotos. Para eso, en lugar de necesitar de un banco con millones de imágenes y letras, la IA se apoyó solamente en algunos centenares de referencias. A partir de eso, el programa consigue extrapolar su conocimiento, asociando lo que vé a lo que sabe y más se le parece.

Para hacer una comparación, es como si una persona que está observando una nube en el cielo advirtiera que ese formato se asemeja al de un perro. La innovación de Vicarious puede realizar el mismo acto: si le preguntaran qué nubes en una foto se parecen a un perro, acertaría. O sea, tal y como hacemos nosotros, la IA es capaz de poner en juego deducciones empleando la imaginación.

Cuándo llegarán

“Para crear nuestra tecnología buscamos copiar la capacidad de improvisar que tiene el cerebro humano. Así, los robots, usualmente bastante mejores que los seres humanos para realizar tareas específicas, pero peores cuando se trata de aprender diversas funciones de manera simultánea, se muestran capaces para, en un futuro próximo, adaptarse a situaciones distintas e inesperadas, tal y como hacen las personas”.

Para los científicos de la computación ésa es una de las habilidades que la IA precisará adquirir, así como la de la creación artística y la de simular emociones, antes de comenzar a considerar que los androides piensen como los seres humanos y, quien sabe, puedan hasta tener los mismos derechos y deberes en la sociedad, como si fuesen ciudadanos de piel artificial.

Según una investigación realizada en el 2011 por la Universidad de Stanford entre los cien especialistas en IA más renombrados del planeta, podrían estar faltando pocas décadas para que eso ocurra. Uno de cada diez de esos científicos apuesta a que una inteligencia artificial capaz de simular por completo al cerebro humano podría surgir ya en la próxima década, en tanto que la mitad de ellos piensa que eso ocurrirá antes del 2050. Lo más llamativo es que el 90% de todos esos expertos dan como cierto que no pasará del año 2070.
Aguzando la imaginación, que suele quedarse corta frente a la realidad, tal vez sea factible que en pocas décadas logremos distinguir a una persona de una máquina sólo por medio de un análisis de sangre. ¿O será posible que creen una máquina dentro de la cual circula sangre artificial igual a la nuestra?

 

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