Opinión, Política / 27 de diciembre de 2017

Cristina en el Senado: anglicismos, neologismos y eufemismos

La ex presidenta debutó en la Cámara Alta con críticas al lawfare y la “oposición de diseño” del oficialismo.

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En su debut en el Senado, Cristina Fernández de Kirchner dejó picando dos conceptos. Un anglicismo: lawfare. Y un supuesto neologismo político: “oposiciones de diseño”.

El primero le sirvió de síntesis con pretensiones académicas para más de lo mismo. El lawfare fue acuñado en la Universidad de Harvard en 2001 para definir el “uso político de la ley”. Léase: la persecusión político-juidicial, término que ya había utilizado hasta el cansancio y merecía un refresh tras el pedido de desafuero por parte de su archienemigo, el juez federal Claudio Bonadio.

En cuanto a la mención irónica de las “oposiciones de diseño”, CFK sonó novedosa con algo que ella misma utilizó durante la “década ganada”. Cuestionó que Mauricio Macri y el macrismo pretendan una “oposición a su medida”. ¿Acaso no la pretendió ella misma (junto a su marido, en principio) con rutilante éxito?

Macri fue el elegido, qué duda cabe ya, para encarnar la oposición de “derecha” que necesitaba el “proyecto nacional y popular” para rearmar el modelo de representación que voló por el aire con el “que se vayan todos”. Se lo señaló. Se lo ensalzó. Se lo ninguneó hasta la sobreactuación. Se le dijo: “Armen un partido y ganen elecciones”. Y así fue.

Si usáramos la misma lógica que hoy utilizan el oficialismo y la Justicia para revisar la Era K, podría especularse con que el kirchnerismo, desde el Estado, ayudó incluso a financiar al macrismo, tal vez como devolución de gentilezas. Angelo Calcaterra, el primo del actual Presidente, fue el principal aportista privado de la campaña Cristina 2007 y su constructora, Iecsa, que siempre perteneció la Familia Macri (esta año, en medio del escándalo Odebrecht, la compró el megaempresario Marcelo Mindlin, nadie sabe a cuánto), fue la tercera contratista de obra pública de aquellos tiempos de cuestionado “despilfarro y corrupción”.

Sigamos con las especulaciones que permite hacer la realidad: al elegir a Aníbal Fernández para enfrentar a María Eugenia Vidal en la provincia de Buenos Aires, ¿no se le hizo un tremendo favor al triunfo de Cambiemos?

Los oficialismos, con el poder que les otorga el manejo estatal del dinero y la comunicación, suelen construir “oposiciones de diseño”. ¿No es parte de dicha estrategia el seguir otorgándole a la ex presidenta el lugar central de la escena para preservar la grieta, tapar las discusiones de fondo y lograr un triunfo del macrismo en 2019? ¿No le conviene a ella ser la única presidenciable que, hoy por hoy, exhibe el arco opositor?

Entre anglicismos y neologismos de dudosa novedad, asoman los eufemismos. En la política argentina, los enemigos del poder han sido lo mejor que al mismo poder le podía pasar.