Cine / 19 de marzo de 2018

Yo soy Tonya

Margot Robbie parece especializarse en mujeres cuyo aspecto sexy es una forma del grotesco.

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★★★★ Hay algo bastante curioso en esta biografía de la patinadora artística y celebridad infame Tonya Harding, y es que –con cierta razón– la crítica habló del recurso “a lo Scorsese” donde el protagonista narra algo terrible a cámara como si no lo fuera. El recurso aquí funciona muy bien y lo curioso proviene de que el realizador Craig Gillespie entiende que, para que esta historia destile su verdadera esencia, es necesario narrarla “a lo ‘Buenos Muchachos’”. Se ha elogiado mucho a Margot Robbie por su retrato –y a Allison Janney por ese monstruo terrible que es la madre de la patinadora–, y es justo, también. Robbie parece especializarse en mujeres cuyo aspecto sexy es una forma del grotesco. La historia –Harding fue acusada de romperle una pierna a su principal competidora para el equipo olímpico estadounidense, Nancy Kerrigan, en un caso que fue célebre– parece una especie de retrato social con el dedo acusador sobre las taras de lo “americano”. Pero a medida que el personaje cobra espesor, entendemos, entre risas nerviosas, que el film habla de la impotencia al descubrir que el propio talento no alcanza para la gloria. Esa es una cuestión compleja y transmitirla sin respuestas claras es un mérito mayor que la excelente dirección de actores (todos, de paso, muy bien, especialmente Sebastian Stan y Bobby Cannavale, que logran crear personajes más cercanos a la commedia dell’arte que a las tradiciones de Hollywood). Repetimos: todo elogio a Robbie está justificado y logra transmitir con intensidad qué significa el término “frustración”.

 

(EE.UU., 2017, 121′) Comedia. Dirección:
Craig Gillespie. Con Margot Robbie. AM16.