Política / 24 de marzo de 2018

#24M: de qué Justicia estamos hablando

El Caso Zannini y la recurrente pelea por copar la Procuración General de la Nación prueban hasta dónde le hemos dado la espalda al principal desafío post-dictadura.

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Gente. Mucha gente. Juventud. Mucha juventud. Ni maravillosa ni descarriada. Mucha. Y expresión más dinámica de una conclusión histórica que, más allá de las hartantes rencillas electoralistas que marcan el día a día, ya es cultura social: Nunca Más.

Siempre que puedo, paso un rato por la Plaza los 24 de marzo. Vereda. Contra la pared casi. La calle es para quienes acuden más o menos organizados en grupos que ni ahí me representan y el cordón, para los vendedores de choris. Esta vez fui con mi hija menor. La de 11. La memoria es una responsabilidad social que supera el hecho circunstancial (e individual) de haber estado ahí, en medio del drama nacional, o no. Aquella Argentina bestial también es la Argentina de los que nacen hoy o nacerán mañana. La memoria educa.

Salimos a la calle desayunados con que Carlos Zannini ya estaba en libertad, cerrando una semana crucial para el nombramiento de una nueva Procuradora General de la Nación.

Curiosa metáfora de una justicia oscura: Zaninni cayó preso y fue liberado de madrugada. No entró por culpable ni salió por inocente. Tenemos jueces que ni siquiera pueden ponerse de acuerdo en si alguien será capaz de entorpecer o no su trabajo. Tarea que en infinidad de casos parecen emprender más empujados por aires políticos que por convicciones sustentadas en hechos más o menos corroborados. En lo personal, me importa un pito si Zannini está en su casa o tras las rejas. Sería bueno que, sea quien sea, tenga un juicio justo. Razono en defensa propia. Estamos todos presos, en realidad, de un gran contrasentido: ¿cómo es posible que algo sea blanco o negro a la vez frente a las mismas pruebas recolectadas? ¿La libertad de uno, los bienes de uno dependen más que nada de humores o conveniencias de quienes deciden en tan delicadas materias?

Anoche, alguien muy querido que conoce el paño judicial desde adentro y de macrista no tiene un pelo, me decía que “los K (con quienes militó) quisieron copar la Procuración, ese fue su gran error, su gran locura: se convirtieron todos en el demonio por soberbios”. El problema es que Macri estaría por hacer lo mismo, pero al revés. Su candidata para el reemplazo de Alejandra Gils Carbó como jefa de los fiscales pertenece a su círculo de amistades. Aparte, si antes podía darse por hecho de que Gils Carbó “es el camporismo”, ¿dónde colocar ideológicamente a Inés Weinberg de Roca, esposa de un ex embajador de Onganía y de Galtieri (el abogado Eduardo Roca) quien fue mandatado en su gestión en la OEA para diseñar un esquema jurídico continental “contra la acción subversiva”? Quienes pretendan convencerse de que pasamos de cierto “montonerismo” judicial a una especie de “dictadurismo”, deberían entender que ciertos sectores de la Justicia, sobre todo en los estrados federales, fueron tan aliados-enemigos de CFK como lo son hoy de MM o lo fueron antes de Menem. A fin de año cumpliremos 35 años corridos en democracia. Hace falta diseñar un Poder Judicial más a tono con los requerimientos del desarrollo social que de los intereses políticos del mandatario de turno.

El acto de hoy en Plaza de Mayo terminó siendo una muestra más de los sectarismos imperantes. Los gritos de “Macri, basura, vos sos la dictadura” contrastaron con las palabras presidenciales de más temprano, alineadas en el deseo de que “no vuelvan jamás la violencia y el terrorismo de Estado”. Los ví por TV. Suelo ir a las marchas del #24M, como un rito. Desde hace décadas me voy antes de los sermones.

*JEFE de redacción de NOTICIAS.