Cine / 19 de abril de 2018

Perdida

La historia gira alrededor de la desaparición de una adolescente, de la búsqueda por años de una de sus amigas y de una red de trata de personas con vínculos con el poder.

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★★★ La Argentina –es una pena tener que aclararlo, pero tal es la falta de conocimiento sobre nuestro cine– tiene una larga tradición de cine policial, de suspenso y de melodrama. Esta película se inscribe en esa tradición adaptando la novela Cornelia, de Florencia Etchéves. La historia gira alrededor de la desaparición de una adolescente, de la búsqueda por años de una de sus amigas y de una red de trata de personas con vínculos con el poder. Es decir, una exposición de temas relevantes a través de un drama personal. En varias secuencias el asunto funciona; en otras, no. El problema consiste en que hay una delgada línea entre complejidad y acumulación: los motivos de Pipa –Lopilato–, la policía obsesionada durante años con la desaparición de su amiga mezclan todos los temas que el film quiere tratar, y eso diluye el tema (una obsesión motivada por la culpa) en pos de un tratamiento que intenta “decir algo importante sobre un tema candente”. Es un problema de dirección, aunque cuando la trama se concentra en la búsqueda, especialmente hacia el final, todo funciona mejor. Narrar es mejor que denunciar, siempre. Lopilato está muy bien, aunque el elenco no deja de tener desequilibrios y muchos elementos aparecen sólo porque deben mencionarse, sin tener peso en la trama. Un intento conseguido a medias. Nota aparte: poco afortunado cambiar el título por uno que, además, fue usado para la última (y extraordinaria) película de David Fincher.

 

(Argentina, 2018, 105′) Suspenso. Dirección: Alejandro
Montiel. Con Luisana Lopilato. AM18.

 

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