Mundo / 6 de junio de 2018

Paraguay y Colombia: entre el vicio y la virtud

Contraste entre la renuncia de Horacio Cartés a la presidencia y la nueva política en Colombia.

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Como Jano, el dios de la mitología romana cuya efigie tenía dos rostros contrapuestos, la política latinoamericana mostró dos caras que representan sus respectivas antípodas. Pero no porque una exprese la izquierda y la otra la derecha, sino porque una implica la novedad política de la decencia y la concordia como banderas, mientras que su reverso encarna la astucia turbia y sin límites éticos en la búsqueda de poder.

Las banderas de la decencia y la concordia flamearon en las urnas de Colombia, mientras que su contracara se mostró, indecorosa, en la atribulada política de Paraguay.

En la efigie latinoamericana de Jano, un rostro fue el del matemático y académico que logró un sorprendente tercer lugar en la elección presidencial de Colombia, con un discurso inaudito en la región por su calidad ética. En el rostro contrapuesto apareció Horacio Cartes, presentando su renuncia a la presidencia de Paraguay.

Los presidentes renuncian cuando alguna debacle política o algún cataclismo económico no les dejan alternativa. Lo normal es que todos quieran llegar hasta el final de sus mandatos, por el deber constitucional y por el honor como político.

Es la oposición la que pide la renuncia de un presidente y es el oficialismo el que defiende su continuidad, pero el caso paraguayo es al revés. El presidente quiere renunciar y la oposición intenta que continúe en el cargo.

Cartes presentó su renuncia sin que una crisis o la oposición lo acorralen. A menos de tres meses de concluir su mandato y entregar el mando al presidente electo, dimitió para asumir la banca senatorial que ganó en las últimas elecciones.

De cumplir su mandato, al traspasar el poder al sucesor, el 15 de agosto, se convertiría en senador vitalicio tal como lo establece la Constitución. Entonces, ¿por qué cometer el estropicio de abandonar la presidencia con antelación, si lo mismo tendría un lugar en la Cámara Alta? Porque de cumplir con la Constitución, su escaño senatorial tendría menos poder que el que conseguiría si le sale bien esta estratagema impresentable.

Sucede que la banca vitalicia que corresponde a todo ex presidente, tiene voz pero no tiene voto ni fueros. En cambio la banca obtenida en un comicio tiene voz, voto y fueros, por lo tanto tiene protección y poder.

Por fueros y una dosis mayor de poder político, el presidente paraguayo intenta eludir los mandatos de la Constitución.

En el 2008, Nicanor Duarte intentó hacer lo mismo, pero la Justicia y el Congreso se lo impidieron por ser anticonstitucional.

Antecedentes. Por lo tanto, la gambeta de Cartes no sólo implica un deshonor político. También implica una manera tramposa de pasar por encima de la carta magna.

Según el artículo 189, los ex presidentes se convierten en senadores vitalicios al concluir sus mandatos. Lo que no especificó la Constitución, es si también pueden ser candidatos a senadores en comicios ocurridos durante sus mandatos, para ocupar una banca activa, o sea con voz y voto.

Cuando a la interna por la candidatura del Partido Colorado la ganó, por primera vez desde la caída el final de la dictadura, el sector identificado con el general Stroessner, el derrotado fue el candidato del sector que lidera Cartes. Por eso el presidente comenzó en ese momento a buscar que le habiliten una candidatura inconstitucional.

Primero consiguió que el Tribunal Electoral le permitiera postularse, pero como con eso no le alcanzaba, fue por el respaldo de la Suprema Corte. Y todo parece evidenciar que lo consiguió mediante un acuerdo indecoroso.

La jueza suprema Alicia Pucheta impulsó la habilitación de la candidatura a senador del presidente Cartes y, a renglón seguido, se convirtió en vicepresidenta. O sea, ocupó el cargo que la convierte en presidenta hasta el quince de agosto, si a Cartes le sale bien su voltereta.

Una forma truculenta de hacer historia. Aunque de manera efímera, Alicia Pucheta se convierte en la primera mujer que ocupa la vicepresidencia y la presidencia del Paraguay, al precio de burlar la Constitución sobre la cual juró al asumir como número dos del gobierno, precisamente para ejecutar el plan de burlarla.

La jugada de Cartes para retener poder de manera impresentable, revela que los triunfos de Mario Abdo Benítez en la interna partidaria y en la elección presidencial, habría vuelto a dividir al Partido Colorado.

Colombia. La renuncia del presidente paraguayo está en línea con las muchas zonas oscuras de su trayectoria empresarial y con su turbio intento de obtener la reelección, causando una protesta que dejó muertes y el Congreso incendiado.

La actitud política de su reverso colombiano también es coherente con su trayectoria, tanto en lo científico y académico (en el terreno de las matemáticas) como en lo político, donde se destacó como alcalde de Medellín y como gobernador del Estado de Antioquia, transformando positivamente lo que había sido el feudo salvaje del Pablo Escobar.

No estará en la segunda vuelta, pero la ola de votos que lo dejó a centímetros del ballotage, lo convierte a él y a su fuerza política en protagonistas de la política en Colombia.

Sergio Fajardo es discípulo de Antanas Mockus, el faro inspirador de la única verdadera nueva política en América Latina.

Filósofo y matemático, Antanas Mockus dejó los claustros universitarios para dedicarse a construir un modo diferente de hacer política. Con un intelecto por encima de la media, fue un incomprendido rector de universidad, pero un brillante alcalde de Bogotá. Su discípulo, también moldeado en las ciencias y los claustros universitarios, tomó la posta de la nueva política luciéndose en la función pública y haciendo campañas electorales novedosas.

El liderazgo de Fajardo y Mockus no está cerca de la derecha uribista que representa Iván Duke, ganador de la primera vuelta, pero tampoco es cercano a la izquierda de Gustavo Petro, quien pasó al ballotage.

Esta nueva política expresa un progresismo novedoso porque no es de izquierda ni de centro. Ese progresismo tiene un componente ecologista y coloca la inteligencia y el conocimiento en el lugar central donde izquierdas y derechas colocan la confrontación ideológica.

 

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