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Sociedad / 11 de mayo de 2012

Opinión

Omar Bello sobre Claudio María Domínguez: “Nuestro mejor gurú”.

Una lectura del episodio en el que el maestro de espiritualidad perdió la compostura en la Feria del Libro. Marketing y fans.

Por

Reacción violenta. En una presentación de la Feria del Libro, Domínguez se desbocó. Por qué no afecta su imagen ante los seguidores.

Claudio María Domínguez es a la espiritualidad lo que Nicolino Locche al boxeo: un intocable. Lo llamás maestro y dirá que esa categoría no existe. Le cuestionás su rol de profeta y te dará la razón. Sentirse mal es una decisión y pasarla demasiado bien podría ser una señal de alerta.

Lo material no debe estar en el centro de nuestras vidas, aunque ganar plata tampoco tiene que generarnos culpa. “Me molesta que vendas una cosa que no sos”, le cantó Marcela Tauro mientras él trataba de explicar su derrapada en la Feria del Libro, cuando ante la pregunta de un concurrente sobre su relación con el cuestionado “Maestro Amor”, se fue por las ramas para terminar con un muy poco espiritual “No rompas las…”, y pidió que le saquen el micrófono al insistente admirador. Tauro es inteligente y tiene agallas a la hora de entrevistar.

Sin embargo, esta vuelta eligió el camino fácil. ¿Quién se muestra tal cual es? Y ojo que lejos de remitirme al mundo del espectáculo hablo por todos. Resulta obvio que lo de Claudito (para mí sigue siendo el chico Odol Pregunta) es una farsa tan bien construida como la sensualidad sexagenaria de Susana, el señorío sobreactuado de Mirtha, o la devoción por la camiseta argentina que los deportistas muestran en los avisos de televisión.

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