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Ciencia / 24 de marzo de 2018

Lo que Stephen Hawking nos dejó

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En 1973-1974 Hawking descubrió que los agujeros negros sólo son negros según la teoría clásica de Einstein, pero que cuando los efectos de la mecánica cuántica son tenidos en cuenta estos densos astros no son ni totalmente oscuros y ni totalmente fríos, sino que, por el contrario, producen una radiación extremadamente tenue pero persistente que finalmente los llevará a desaparecer junto con toda la información que estaba contenida dentro de ellos, como si se tratara de un acto de magia a escalas cósmicas.

Este fenómeno, conocido como radiación de Hawking, plantea el mayor desafío conceptual de la física teórica actual por cuanto expone como ningún otro resultado de la física la dificultad que aparece al intentar conciliar la teoría de la relatividad con la teoría cuántica, los dos pilares sobre los que construímos toda nuestra ciencia.

Hawking nos ha legado también muchos otros descubrimientos en física: sus teoremas de singularidad en el espacio-tiempo, su contribución a la cornucopia de teoremas de no-pelos, su trabajo pionero en la teoría de la inflación cósmica, sus distintas derivaciones de la temperatura y la entropía de los agujeros negros, sus dialécticos intentos por resolver la paradoja de la pérdida de información que él mismo había planteado, la termodinámica del horizonte cosmológico, las transiciones de fase de primer orden para los agujeros negros, los instantones gravitatorios, su incursión en la cosmología cuántica y su osada propuesta de un universo que, al comenzar, lo hizo sin bordes.