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Noticias Uruguay / 28 de julio de 2019

Hacia octubre

El camino es corto y con el voto obligatorio, será un electorado no sólo más amplio, sino también en cierta medida distinto el que elija al nuevo presidente.

Uruguay superó de la mejor forma posible la primera de las elecciones del ciclo que continuará en octubre, muy probablemente en noviembre y se cerrará el año próximo con los comicios departamentales. Fue una elección pacífica, incontestada, lejos de las sospechas que a veces son moneda corriente en otras partes; incluso a pesar de la aparición de métodos de propaganda alejados de las tradiciones, mediante campañas de noticias falsas y ataques anónimos que procuraban desgastar a determinadas figuras, pero que de hecho constituían un ataque a todo el sistema político.

Es cierto que compareció menos de la mitad del electorado y que por lo tanto los candidatos que competirán por la Presidencia fueron elegidos por una minoría de ciudadanos. Existen opiniones encontradas al respecto, pero en los hechos constituye una incongruencia de la última reforma electoral. Para unos justificable -en la medida de que se trata de internas- para otros no, ya que ahora, con el voto obligatorio, será un electorado no sólo más amplio, sino también en cierta medida distinto el que habrá de elegir no sólo al presidente y su compañera o compañero de fórmula, sino también al Parlamento.

En cualquier caso estas elecciones internas, tal como tituló NOTICIAS en su última edición, abrieron espacio a un nuevo escenario. Estas elecciones trajeron aire fresco a la política uruguaya, por la renovación de las candidaturas, por la aparición o consolidación de figuras nuevas, jóvenes o relativamente jóvenes en el primer plano y el notorio paso atrás de los más veteranos y experientes. Y por la multiplicación y fortalecimiento de partidos, y la aparición de nuevos grupos que parecen destinados a quedarse. También, por supuesto, plantearon interrogantes y dudas.

El camino a octubre es corto: serán sólo tres meses de campaña en los que todos se jugarán, como primer desafío, la constitución de un nuevo Parlamento en el que, según todo indica, no habrá mayorías. Salvo sorpresas, surgirá un Parlamento fragmentado que obligará al nuevo presidente a implementar toda su capacidad de diálogo y negociación, con quien ocupe la vicepresidencia como un artífice fundamental.