Lunes 27 de septiembre, 2021

EN LA MIRA DE NOTICIAS | 30-09-2019 07:54

Festejo agridulce para Macri

El triunfo electoral en Mendoza y la marcha del “sí, se puede” contienen un dilema que empaña el optimismo del Gobierno.

Este fin de semana, Mauricio Macri tuvo razones para remontar el barrilete emocional de una campaña electoral muy adversa. El sábado se dio un baño de populismo amigable con el arranque de las marchas del “Sí, se puede” en las barrancas de Belgrano. Y el domingo pudo festejar un triunfo electoral para Juntos por el Cambio, episodio raro en los últimos tiempos.

Pero el contundente éxito en la urnas mendocinas que emociona al oficialismo no solo lleva un mensaje de esperanza a la Casa Rosada: también contiene un llamado de alerta y una constatación amarga para el Presidente.

La campaña que el radicalismo desplegó en Mendoza para retener el gobierno frente al asedio opositor kirchnerista se basó en la simple estrategia de ocultar la figura de Macri para despegar la gestión provincial de la mala imagen presidencial. Lo mismo que se va notando en otros distritos donde las PASO mostraron una mala performance de la boleta presidencial de Juntos por el Cambio, que aparentemente arrastró al resto de la oferta oficialista en cada territorio.

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Por más que el Presidente se apuró a felicitar al ganador en Mendoza, Rodolfo Suárez, para empaparse de aquel triunfo, el radicalismo en general dejó en evidencia con gestos sutiles la grieta interna que se abre a diario en la coalición oficialista nacional. Los resultados de los comicios mendocinos demostraron que la potencia individual de Alberto Fernández para empujar a los candidatos del Frente de Todos nacionalizando la campaña provincial no es imbatible ni mucho menos. De hecho, la prensa militante K se ilusionaba hasta la tarde del domingo con un “batacazo” de su candidata de paladar camporista, Anabel Fernández Sagasti, que finalmente terminó reconociendo una derrota “irremontable” contra su adversario radical.

Pero el triunfo del oficialismo mendocino, encabezado por el jefe de la UCR y gobernador de Mendoza, Alfredo Cornejo, es una prueba más de la errada estrategia PRO de intentar pegar elecciones provinciales con la nacional para apuntalar la presidencial y, todavía más dura, es una evidencia de que la propia candidatura de Macri a la reelección condenó a Cambiemos a un 2019 sin plan B para ganarle al peronismo en plena crisis económica.

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Esa pesada mochila es la que deberá cargar el equipo proselitista de Marcos Peña en cada una de las marchas del “sí, Mauricio”, de acá a las elecciones del 27 de octubre. Mientras los jefes territoriales oficialistas que se juegan el pellejo en las urnas buscan maneras de diluir el ingrediente macrista de su oferta electoral, la maquinaria de Balcarce 50 tiene como protagonista de su esfuerzo militante precisamente al rostro de la derrota tan temida como anunciada. Así, el objetivo de “darla vuelta” se parece menos a un milagro motivador que a una utopía autoflagelante.

*Editor ejecutivo de NOTICIAS.

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por Silvio Santamarina*

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