EN LA MIRA DE NOTICIAS | 05-12-2019 10:41

El país de los presidentes enojados

Mauricio Macri, Alberto Fernández y Cristina Kirchner destilan furia y así reactivan la grieta que prometieron superar.

El presidente saliente está enojado, y le parece útil mostrar mediáticamente su calentura. Mauricio Macri denunció ayer via Twitter la “traición” de los legisladores que se fueron de su bloque y les reclamó sus bancas. Y hoy emitirá su balance de gestión a través de la cadena nacional, una herramienta que el macrismo había estigmatizado por los excesos comunicacionales de la expresidenta.

No solo por eso la cadena nacional PRO hace ruido: justo en la última semana de mandato, Macri se desdice de la lógica comunicacional sobradora con la que relativizó la vigencia de los medios tradicionales, ensalzando la revolución de las redes sociales. Ahora parece que volver al viejo broadcasting impuesto a los medios privados y sus audiencias por decreto presidencial encajaría con las buenas prácticas de gobierno que declama el macrismo.

Esa imposición comunicacional, sumada a la marcha del sábado para insistir con el apoyo a un presidente fracasado muestran la impaciencia de un líder intolerante a los límites y críticas a su persona que surgen desde su propio espacio político, cansado de pagar los costos electorales del hiperpersonalismo.

Tampoco Cristina Kirchner se esforzó por sostener su fachada tolerante y componedora en las últimas horas, cuando convirtió su declaración judicial en una arenga furiosa contra medios y jueces que degrada los modales institucionales al mismo nivel del maltrato que ella denuncia por parte de la Justicia y la prensa partisana.

En línea con el recuperado tono belicoso de la vicepresidenta que lo hizo presidente, Alberto Fernández se permitió una catarsis continuada contra periodistas que lo impacientan, desinteresado en guardar las formas tradicionales de respeto presidencial por el ejercicio de la prensa crítica. Incluso su hijo, que reclama ser respetado en su privacidad diariamente en Twitter, se despachó duramente contra los medios a los que aclaró que no piensa perdonar por los presuntos daños que le infligen a la salud de Florencia Kirchner.

Cuando todo se calienta desde arriba, a uno y otro lado de la grieta, lo que está pasando es que ambos bandos sienten la necesidad de atrincherarse en la polarización de siempre, a resguardo de las novedades que pudieran venir de parte del resto de la sociedad. Críticas, denuncias, reproches, hartazgo social… todo límite les molesta. Es cierto que muchas de las amenazas que enfrentan pueden ser operaciones maliciosas. Pero muchas otras no: simplemente son el juego áspero y oxigenado de la democracia. Separar la paja del trigo es uno de los talentos y obligaciones principales que deberían ocupar a los presidentes. Por el bien de todos y todas. No solo de ellos y ellas.

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Silvio Santamarina

Silvio Santamarina

Editor Ejecutivo y columnista de Radio Perfil.

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