Tuesday 18 de August, 2026

ESPACIO NO EDITORIAL | 14-07-2026 18:08

Cinco mil kilómetros de silencio

Mientras reparte pedidos en Buenos Aires, Nando ve las imágenes del terremoto en su Colombia natal y transita la incertidumbre a cinco mil kilómetros de distancia.

Por Alejandra Dabel— El encargado de la pizzería le alcanza el paquete justo cuando Nando levanta la vista y ve la pantalla. El mapa de Colombia aparece en color rojo, cruzado por dibujos de placas tectónicas y cifras provisorias de destrucción. Su ciudad, en el epicentro. Mientras con una mano sostiene la caja térmica, con la otra empieza a marcar números de teléfono con pulso tembloroso. Del otro lado, solo el aviso seco y monótono de las líneas caídas.

Cinco mil kilómetros de silencio

Sale y se sienta en el cordón de la vereda. La aplicación de entregas sigue sonando con alertas insistentes, recordandole que cada minuto de demora es una mala calificación. En la cabeza de Nando se amontonan los recuerdos de la casa familiar, la risa de su hermana menor, la voz cansada de su madre y la promesa de que el mundo era mucho más grande que las montañas de su provincia.

—Vamos, atiendan, por favor —susurra al vacío.

Una notificación de la app le exige apurarse con el pedido. No hay margen, necesita cada peso de esa jornada para pagar el alquiler de la pensión. Se pone el casco, sube a la moto y arranca, con la garganta cerrada y un dolor en el pecho.

Toca un portero eléctrico mientras actualiza frenéticamente las redes sociales y los portales de noticias. Cuando una mujer abre la puerta para recibir el pedido, Nando apenas puede articular un saludo. Entrega los paquetes casi por inercia. Pasan horas de silencio, un limbo eterno donde cada notificación parece una burla cruel a su angustia. Se desconecta de la app. 

Circula por una avenida ancha, con el tráfico acelerando a su alrededor, cuando siente la vibración en el bolsillo. Sin pensar en el peligro, gira en una maniobra al límite, cruza dos carriles, derrapa sobre el asfalto mojado y frena de golpe contra la ochava, apoyando el pie para no caerse. Saca el celular con los dedos entumecidos. Es un mensaje de WhatsApp, escrito a las apuradas: "Nando, hijo, estamos todos bien. Fue un susto, la casa resistió".

Nando se saca el casco y se deshace en un llanto largo, aguantado durante horas, mientras el tránsito sigue pasando a su lado como si nada hubiese ocurrido.

por CONTENTNOTICIAS

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