lunes, diciembre 9, 2019

POLíTICA | 15-07-2019 11:27

Iorio-Biondini: la necesidad de un "parricidio" contra el fundador del metal nacional

Escribe Emiliano Scaricaciottoli, docente de la UBA e integrante del Grupo de Investigación Interdisciplinaria sobre el Heavy Metal Argentino.

El problema nodal de la foto entre Iorio y Biondini-socializando un whiskhy- y su fallida precandidatura como diputado de la Provincia de Buenos Aires por el Frente Patriota -dentro del cual se encuentra Bandera Vecinal- no es, bajo ningún punto de vista, su participación dentro del sistema democrático burgués. Para nada.

Desde el GIIHMA (Grupo de Investigación Intedisciplinaria sobre el heavy Metal Argentino), repudiamos las declaraciones nefastas de Iorio hacia el movimiento de mujeres, los organismos de Derechos Humanos y los pueblos originarios, con la misma fuerza con la que lo hicimos cuando pretendió caracterizar el asesinato de Kosteki y Santillán como "muchachitos que se hicieron matar al pedo”. Pero el repudio conlleva una celebración: saber dónde está parado hoy el padre del metal argentino, políticamente hablando.

En distintos medios nos hemos pronunciado también sobre su agenciamiento con otros operadores de la derecha argentina, como el antisemita y agitador de la teoría conspirativa del Plan Andinia Adrián Salbuchi (fundador del Proyecto Segunda República) y Nicolás Mora, del Movimiento Libertad y Equidad (un espacio político cuyo objetivo esencial es enfrentar el avance del feminismo con “perspectiva de género”). Entonces, ¿qué representa Iorio hoy para el metal argentino? ¿Fantoche o previsible devenir regulador y conservador?

Diego Caballero, integrante del GIIHMA, en la revista Polvo del 27/09/18 decía: “Hoy por hoy, Iorio representa una posición de derecha, conservadora y ultranacionalista”. Más atrás, cuando el whisky con Biondini no se hizo esperar, Gito Minore -también integrante del GIIHMA y fundador de la Feria del libro Heavy- escribía para la revista NAN: “Un buen primer paso sería alejarse de la victimización de algunos que se sintieron traicionados con la foto en cuestión”. Lo que sostienen ambos, Caballero y Minore, es que la caracterización de Iorio como un vehículo trasmisor de los sectores más delirantes de la derecha Argentina (“Los delirios del defacto”, como supo titular a alguna de sus canciones, cuando repudiaba a la dictadura militar) no es nueva. Está anunciada en sus producciones líricas, en su obra.

Del mismo modo, tampoco el Iorio de la famosa frase en el 2000, “yo no soy judío, soy un argentino, un perro cristiano”, nos sorprendió, cuando al mismo tiempo reivindicaba a Mohamed Alí Seineldín como “preso político” del Estado kirchnerista en “Cumpliendo mi destino”, del álbum Piedra Libre (2001). El que insiste, pues, consiste.

La insistencia de Iorio en esta reubicación de coyuntura (un caracterizador pésimo, al mismo tiempo, puesto que llega tarde a visibilizar lo más mediocre y pobre de la derecha argentina) no hace más que preguntarnos qué fue de su obra, congelada, frenada, paralizada en el tiempo.

Sin obra, desde el GIIHMA nos vimos ante la necesidad de postular un parricidio simbólico. Nuestro último libro, Parricidas. Mapa rabioso del metal argentino contemporáneo (2018) es una muestra de qué poco efectivo es para la atmósfera del metal nacional (un constructo imaginario que se está cerrando paulatinamente para abrir nuevas puertas dentro del movimiento metalero) seguir hablando de Iorio como referencia. La referencia, el peso específico de sus declaraciones, ridiculizadas con esa caricatura de sí mismo que supo construirle el periodista "Beto" Casella en la inacabable serie de reportajes en C5N, no existe más puertas adentro; se apaga sólo, en esa “remake” del escapismo, en esa nostalgia del compañero de ruta de las Madres de Plaza de Mayo, en Radio Olmos, en su majestuosa mirada para radiografiar el vaciamiento del Estado argentino durante el menemismo. ¿Dónde ha quedado, entonces, ese Iorio? En una imagen profunda, decía el filósofo alemán Walter Benjamin, que mira al pasado en ruinas con las alas orientadas al futuro, pero dispuesto a estrellarse.

Lo que nos sorprendería de Iorio es su no giro a la derecha. Ahí sí deberíamos, como metaleros y lectores de su trabajo, alertarnos. En un artículo que publiqué en 2012 para el libro compilado por Miguel Vitagliano Boedo. Políticas del realismo, sostuve que las figuras eclécticas de Almafuerte (Pedro Bonifacio Palacios) y Iorio compartían la necesaria dialéctica de todo gran poeta. Mientras que el primero firmaba una epidíctica contra los asesinos anarquistas de Ramón Falcón, también gastaba su tinta en homenajear las luchas textiles de los obreros bonaerenses. ¿La dialéctica del populismo? Digo, ¿del peronismo? Mientras que el segundo conferenciaba para las 62 Organizaciones en la CGT (con Moyano y Ubaldini de fondo, espectrales), cantaba “Glifosateando” denunciando las políticas de Monsanto en nuestras llanuras.

¿Quién es Ricardo Iorio? Todo ese sincretismo voraz que post 2001 supo caer en la más profunda senilidad, en la más profunda desgracia de no tener más obra. Esperando su nuevo disco-seguro con versiones de versiones de sus clásicos, como todo artista con una obra muerta aunque su corazón palpite-, lo que habría que interrogarse es qué viene después de Iorio. Un AI/DI no nos vendría mal para enterrar de cuajo esta absurda supervivencia del héroe del metal nacional, sin reino y convertido en un profundo enemigo de los trabajadores, del movimiento de mujeres, de los pueblos originarios y de los Derechos Humanos. Punto.

*El autor es docente enla UBA e integrante del Grupo de Investigación Interdisciplinaria sobre el Heavy Metal Argentino.

por Emiliano Scaricaciottoli

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