Martes 7 de abril, 2020

SOCIEDAD | 25-02-2020 08:00

Expediente rugbiers: avances judiciales y el amigo misterioso

Quién es el sospechoso N°11. Las contradicciones de los acusados y los chats que juegan un papel clave en la investigación.

Pasó un mes del asesinato de Fernando Báez Sosa y los detalles sobre el momento de su muerte y la situación judicial de los rugbiers acusados mantienen en vilo a la Argentina. No es casual: cada día se filtran más datos escalofriantes sobre cómo fue la noche del 18 de enero. Esta semana aparecieron nuevos registros de cámaras de seguridad, se conocieron audios y mensajes que los jóvenes se enviaron esa madrugada y se descubrió una selfie que se tomó el grupo apenas 20 minutos después del asesinato. La imagen resultó reveladora ya que muestra a un adolescente que, hasta el momento, no había sido identificado. El misterioso sospechoso 11 alimentó todo tipo de hipótesis y se instaló que se trataba del hijo Osvaldo Cáffaro, el intendente de Zárate. La noticia era falsa. Además, se conocieron las declaraciones de parte de los acusados.

La situación de los rugbiers está complicada. Los dos que fueron liberados, Alejo Milanesi y Juan Pedro Guarino, siguen siendo considerados como partícipes necesarios del asesinato y las posibilidades de que vuelvan a prisión aumentan a medida que avanza la causa. Máximo Thomsen, Ciro Pertossi, Luciano Pertossi, Ayrton Viollaz, Matías Benicelli, Lucas Pertossi, Enzo Comelli y Blas Cinalli se encuentran en el penal de Dolores imputados como coautores del asesinato y se enfrentan a una pena de prisión perpetua. En este contexto adverso, declararon por primera vez el miércoles 19 de febrero y el jueves 20. Acompañados por su abogado, Hugo Tomei, y como si leyeran el mismo guión, ninguno respondió preguntas, señalaron fallas en el proceso, cuestionaron a la fiscal Verónica Zamboni, denunciaron amenazas por parte de otros internos y aseguraron haber sido condenados por los medios. Después de semanas en las que se especuló con la posibilidad de que se rompiera el pacto de silencio, en las indagatorias se confirmó que el grupo, hasta ahora, sigue alineado.

La frialdad de los acusados contrasta con la conmoción que generó el crimen en la opinión pública. El día anterior a las declaraciones, en diferentes ciudades del país se había convocado a pedir justicia por Fernando. En Capital Federal, miles de personas se reunieron frente al Congreso. 

Sus palabras. Ni bien se supo del crimen, qué pensaban los rugbiers era una incógnita. En los primeros días, solo se conoció la voz de Lucas Pertossi a través de un audio en el que ya daba indicios sobre el lugar desde el cual se iban a posicionar los amigos: “Somos un grupo que salimos a divertirnos y nos jugó una mala pasada la vida, pero no por eso me voy a condenar, ni me voy a entregar”, se lo escuchaba decir. Por aquellos días, persistía una duda: si los acusados supieron ni bien abandonaron la escena del crimen que habían asesinado a Fernando o si se habían ido a dormir pensando que se trataba de una golpiza más como las tantas que habían protagonizado en Zárate.

Los audios que se difundieron ahora empiezan a despejar esas dudas y el tono altanero se repitió en las declaraciones judiciales de sus compañeros. “Salvo Luciano y Lucas Pertossi y Violazz, el resto se refirió con palabras agraviantes tales como que Zamboni es mentirosa y engañadora y que mientras sea fiscal no declararán. Presentaron escritos en los mismos términos. Se negaron a hablar sobre el hecho”, contaron a NOTICIAS fuentes de la investigación.

En el expediente figura una frase que indicaría que los jóvenes eran conscientes de lo que habían hecho. Apenas diez minutos después del ataque, a las 4.55, Lucas Pertossi escribió en el grupo de WhatsApp que comparten: “Estoy acá cerca donde está el pibe y están todos ahí a los gritos, está la policía, llamaron a la ambulancia… caducó”, les envió en un audio. A las 6.06, Ciro Pertossi mandó otro: “Chicos no se cuenta nada de esto a nadie”, les dijo.

Sin embargo, frente a la fiscal, se hicieron los desentendidos: “Primero quiero saber si todo eso es lo que se me tenía que leer desde el primer día -dijo Thomsen en referencia a la lectura de sus cargos-, que a mí no me explicaron nada el primer día, nos tuvieron ahí parados todos juntos sin explicarnos nada. Lo único que se nos explicó es que la noche anterior se le había entregado a una familia un pibe en un cajón. Nosotros no sabíamos nada. Y al no saber nada, nunca tener un antecedente penal, nosotros confiamos en la Justicia y después nos dimos cuenta que la fiscal nos mintió en la cara” (sic.), declaró y luego agregó: “Yo había pedido tres veces que nos muestren el video para saber de qué se nos estaba acusando porque todavía no sabíamos qué había pasado”.

Ese desconocimiento parece contradecirse con el chat de WhatsApp, que estuvo activo la madrugada del crimen. Pasada las seis, Benicelli le reclamó al grupo que alguno había hablado porque un amigo en común, Santino, le había preguntado por la pelea. “Son re loros amigo. Dejen de flashar”, los increpó a las 6.07. El siguiente mensaje apareció a las 10.38: “Policía afuera”, escribió Ciro.

Las conversaciones se lograron descifrar gracias al peritaje de los teléfonos celulares ordenados por la fiscalía. En paralelo, el equipo de Fernando Burlando, abogado del matrimonio Báez Sosa, puso a trabajar a sus propios peritos. Según contaron a NOTICIAS, hay cinco terabytes de información y todavía pueden surgir nuevos datos. De hecho, por fuera del expediente, desde el estudio dieron a conocer otras frases de los jóvenes de aquella madrugada: “Dos convulsionaron, uno lo mandamos al hospital sin signos vitales”, “Amigo, avisame cuando llegás. Nos vamos a la playa. Previa en casa, vienen todas las gatas”, “Yo solo quiero tomar vino y fumar flores”, fueron algunos de los supuestos mensajes todavía no incorporados de forma oficial.

El misterioso 11. El equipo de Burlando que peritó los celulares dio con una fotografía que, hasta el momento, no se había visto: veinte minutos después del ataque, parte del grupo se tomó una selfie en la que aparecía un joven que no se había identificado. Para la querella, esta información resulta trascendental: “O es un testigo con información privilegiada o puede ser otro participante. Apareció con el grupo inmediatamente después de que mataron a Fernando”, contaron desde el estudio a NOTICIAS. La fiscalía, por ahora, descarta que el adolescente haya tenido un rol activo en el asesinato.

Durante días se especuló sobre el misterioso sospechoso 11 y se instaló que era Luciano Cáffaro, el hijo del intendente de Zárate. Sin embargo, eso no era cierto. El joven, cuyas siglas son T.C., es de Zárate y tiene 16 años. En la ciudad hay quienes dicen que sería familiar de uno de los detenidos. Sin embargo, un tío del joven aseguró que el adolescente estaba con otro grupo en Villa Gesell y que conoció a los rugbiers esa madrugada después del hecho.

La investigación avanza con los ojos de toda la sociedad encima. La primera vez que hablaron los rugbiers, de forma insólita, decidieron ubicarse como víctimas de esa presión.

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Giselle Leclercq

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