Lunes 27 de septiembre, 2021

MUNDO | 09-05-2021 00:05

De India a Israel: el peligroso virus de la religión

Las celebraciones religiosas aportaron a la ola de contagios que causa estragos en el país asiático. El caso israelí.

En el escenario de la pandemia, la frivolidad y el fanatismo fueron dos inesperados aliados en el sabotaje al distanciamiento social. Las aglomeraciones en fiestas clandestinas y en celebraciones religiosas son recurrentes focos de contagio en todas las latitudes.

En la juventud, porque el instinto gregario mostró indolencia ante la muerte y el dolor ajeno, y en la religión por la gravitación del “fanatismo”, palabra que deriva de “fanum”, que significa templo. En latín, “fanáticus” significa “perteneciente al templo”. Y desde tiempos inmemoriales, lo que se cree en el templo choca con lo que se descubre en el laboratorio.

Es la eterna confrontación entre religión y ciencia. Una puja que sembró de tragedias la historia y obstruyó luchas contra enfermedades. En esta ocasión, el fervor religioso aparece entre las causas del catastrófico repunte del covid en la India, con su secuela de muertes en gran escala. Las causas son muchas. El gobierno se confió por el poco nivel de contagios que tuvieron las primeras olas.

Se pensó que la población, siendo mayormente joven, estaba menos expuesta que otras poblaciones. También que la cantidad de gérmenes patógenos que infectan a ciudades superpobladas donde predomina el hacinamiento y la falta de higiene, inmunizaba a gran parte de la población india.

A eso se sumó el exceso de confianza provocado por la producción de vacunas en su territorio y el resultado fue un relajamiento que se vio en las calles, en protestas contra la política agrícola del gobierno y en la realización de comicios regionales sin protocolos sanitarios. Pero los mayores focos de contagios pudieron producirse en celebraciones religiosas.

Los indios se congregaron por el Durga Puyá y el Dussedra, que celebran la victoria de la diosa Durga sobre el demonio Mahishasur y el triunfo de Rama sobre Ravana, el “rey demonio” de diez cabezas. Ambas festividades se realizan en el mes de Ashwin del calendario hindú (septiembre u octubre), congregando multitudes. Y a renglón seguido, llegó el Kumbh Mela, que significa Jarra Sagrada y constituye la celebración religiosa más multitudinaria del mundo.

El Kumbh Mela, que congrega millones de peregrinos en cuatro ocasiones cada doce años, se realiza en ciudades que están junto a ríos sagrados. Este año se efectuó en Haridwar, la capital del estado Uttarakhand. La ciudad está atravesada por el río Ganges, sagrado porque según la mitología hinduista, escuchando los ruegos del rey Bhagiratha, el dios Shiva hizo descender agua de los cielos a las cumbres del Himalaya donde nació el río que riega las secas tierras bengalíes.

Este año, la fiesta de los ríos sagrados congregó a millones de peregrinos que se bañaron en las “aguas purificadoras” del Ganges. A esa altura de la pandemia estaba claro en todo el mundo que semejantes aglomeraciones eran focos de contagios y que, al retornar a sus hogares, los peregrinos esparcirían el virus por otros estados y ciudades. Entonces ¿por qué no se impidió la celebración?

Posiblemente, la respuesta incluya el componente religioso del gobierno que encabeza Narendra Modi. El primer ministro pertenece al ala más radical del Bharatiya Janata, partido del nacionalismo hinduista que levanta la bandera del “hindutwá” (hinduidad) y que en la década del ’90, con el liderazgo de Atal Vajpayée, desplazó del poder al secular Partido del Congreso.

El hecho es que la inmensa escalada de contagios a escalas indias es un potencial laboratorio en el que el coronavirus podría acelerar mutaciones hasta quedar fuera del alcance de las vacunas. La primera consecuencia para el mundo fue que Narendra Modi prohibió la salida de vacunas producidas en la India.

No es el único punto del planeta donde el fervor religioso produjo aglomeraciones que pueden generar escaladas de contagios. Con uno de los estados más inteligentes del mundo, Israel pudo efectuar una sorprendente campaña de vacunación. Falta ver si la inmunidad de alcanzada impide que una celebración religiosa haya provocado una ola de contagios que sume muertes a la lista que las vacunas debieron congelar.

Más de cien mil personas se amontonaron en el Monte Merón a celebrar el Lag Baomer, provocando la mayor catástrofe civil de la historia israelí. Al casi medio centenar de muertes que produjo una estampida multitudinaria, podrían sumarse los que provoque una eventual cadena de contagios. El nivel de israelíes inmunizados por una campaña organizada con eficacia asombrosa, podría no alcanzar para impedir que esta tragedia sume muertos causados por el covid19.

Los protagonistas de la catástrofe ocurrida en la Alta Galilea, fueron los jaredíes. La palabra hebrea de la que proviene esa denominación de los ultra-ortodoxos, significa “miedo” y refiere al temor a Dios y a violar cualquiera de las 613 “mitzvot”, preceptos bíblicos señalados en la Torá.

Los jaredíes han violado anteriormente el distanciamiento social en Israel y en el distrito neoyorquino de Brooklyn, donde se encuentra una importante comunidad ultra-ortodoxa de la diáspora.

Después de haber piloteado la modélica campaña de vacunación, el gobierno de Benjamín Netanyahu permitió que cien mil personas asistieran a la celebración que se realiza cerca de la tumba de Rashbí, el rabino místico que enseñaba el Talmud en el siglo II y escribió el Zohar, uno de los libros cabalísticos fundamentales.

La multitud participó de la llamada fiesta del fuego, también fiesta de la alegría, en la que cantan y bailan junto a numerosas hogueras evocando el final de la plaga que dos mil años atrás fue enviada por Dios, según la religión hebrea. Rashbí, cuyo nombre era Shimon Bar Yochai, fue uno de los cinco únicos sobrevivientes de aquel “castigo divino” y hoy es celebrado por los jaredíes con las hogueras que evocan “la luz espiritual” del misticismo.

Que el gobierno de uno de los estados más inteligentes del mundo no hiciera cumplir el límite de asistentes, podría tener que ver con el peso de los partidos religiosos en el gobierno de Netanyahu. Por cierto, el choque entre religión y la lucha contra la pandemia se dio en todas las latitudes y creencias, incluidas las iglesias cristianas que desafiaron el distanciamiento social en las Américas.

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Claudio Fantini

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