Monday 17 de June, 2024

MUNDO | 30-05-2024 10:49

Netanyahu cada vez más solo

La expansión de asentamientos de colonos en Cisjordania, las víctimas civiles de la guerra contra Hamás y la intención de re-colonizar Gaza, aíslan peligrosamente a Israel.

Si un hombre asalta la casa del vecino, asesina, viola y secuestra a sus familiares, y la persona atacada por ese abyecto criminal responde intentando matarlo y masacrando en ese intento a las personas que están en su casa, detrás del segundo crimen hay una razón, pero esa razón no significa que no sea un crimen. El mundo no pretendió que Israel se abstenga de castigar a los autores del sanguinario pogromo del 7 de octubre. Pero Benjamín Netanyahu creyó que el ataque de Hamás y la criminal estrategia de esconderse en sus túneles con cientos de rehenes israelíes, dejando desprotegidos en la superficie a los civiles gazatíes, lo habilita para lanzar una guerra de tierra arrasada con miles de civiles muertos, entre los cuales habría un altísimo porcentaje de niños.

Un crimen atroz como el que cometió Hamás no elimina la naturaleza criminal de una respuesta como la lanzada por el gobierno israelí. Al brutal golpe que le asestó Hamás en octubre del 2023, se sumó otro golpe muy peligroso para Israel: el aislamiento internacional al que lo está empujando el primer ministro y su coalición ultraconservadora. Parecía difícil que el ataque genocida de Hamás a las aldeas agrícolas y a un festival pacifista en Israel, pudiese perder el liderazgo en el ranking de las barbaridades. Pero el gobierno israelí sepultó aquel crimen despreciable bajo una montaña de cadáveres y escombros gazatíes.

Netanyahu hizo que creciera el número, que ya era mayoritario, de los países que reconocen al Estado palestino. Y creció con países europeos gobernador por socialdemócratas y por conservadores. España con Pedro Sánchez y Noruega con el laborista Gahr Store, mientras en Irlanda a la iniciativa la tuvo el premier centroderechista Simon Harris. El primer ministro sueco Stefan Loven había dado ese paso en el 2014, en rechazo al bloqueo israelí a la “solución de los dos estados”. Todos los países representados en las Naciones Unidas quieren que los palestinos tengan su estado junto a Israel, aunque algunos, como Estados Unidos, Reino Unido, Francia, Italia y varios más, sostienen que debe acordarse en una mesa bilateral.

Por sabotear esa negociación para impedir la “solución de los dos Estados”, Netanyahu ensanchó el consenso a favor del Estado palestino. La política expansionista con que sus aliados ultra-religiosos quieren construir el “eretz Israel” anexando Cisjordania para recuperar las antiguas Judea y Zamarra, acrecienta el enojo que crece en el mundo contra los israelíes. El respaldo del líder del partido Likud a la multiplicación en Cisjordania de asentamientos poblados por agresivos colonos, es parte de la política que fue alejando a Israel del mundo. Y el manejo de esta guerra en Gaza, haciendo además visible su intención de re-colonizar ese territorio del que Israel se había retirado en el 2005 por decisión del gobierno centrista del partido Kadima y del entonces primer ministro Ariel Sharon, ha causado al Estado judío los daños políticos y diplomáticos más graves de su historia.

Aún sabiendo que las estadísticas de muertos y heridos que da Hamás no son creíbles, está a la vista que las víctimas civiles se cuentan de a miles. También son miles de niños los que están muriendo y o quedando huérfanos. La guerra de Netanyahu está pariendo las próximas generaciones de yihadistas que se inmolarán contra blancos judíos. Se puede cuestionar el pedido de captura que hizo el fiscal de la Corte Internacional de Justicia (CIJ) contra el premier israelí, su ministro de Defensa Yoav Gallant y los tres líderes de Hamas: Yahya Sinwar, Mohamed Deif y Ismail Haniye. Pero es una señal del daño que está causando el gobierno israelí a su país. También es una señal la orden de los jueces de La Haya de que Israel detenga de inmediato las acciones militares en Rafah.

Las protestas universitarias y callejeras, así como los gobiernos europeos y del resto del mundo que cuestionan a Israel por esta guerra, son suaves con la organización criminal que impera sobre los palestinos de Gaza y los usan de carne de cañón en su estrategia de estigmatizar a los israelíes. Las lecturas sobre las reacciones militares de Israel deben tener en cuenta que es el único país cuyos enemigos no le reconocen derecho de existir en Medio Oriente, por eso cada guerra es para los israelíes una cuestión existencial.

La ONU debiera dejar en claro que Hamás no puede ser parte del futuro Estado palestino. Pero Netanyahu y su coalición fundamentalista deben renunciar al sueño del “Israel bíblico” y entender el sufrimiento que implicó la Nakba, “tragedia” de los palestinos que en 1948 fueron sacados de sus casas y tierras. El gobierno israelí debe también aceptar un Estado palestino en Cisjordania, la Franja de Gaza y Jerusalén Este, o al menos que ese sea el punto de partida de una negociación apuntada a “la solución de los dos Estados”.

Aunque haya perdido miles de milicianos en esta guerra, Hamás ha logrado más respecto a sus objetivos estratégicos que lo que ha logrado Netanyahu respecto a los suyos. La criminal organización ultra-islamista no reconoce a Israel y pregona echar a los judíos “desde el río (Jordán) hasta el Mar (Mediterráneo)”, la frase que, mostrando ignorancia, pronunció la vicepresidenta de España Yolanda Díaz. Hamás tampoco reconoce a la OLP porque su objetivo es un Estado religioso en todo el territorio que abarcó el Protectorado Británico hasta 1948. Decir que Hamás y Fatah son lo mismo al rechazar que “Gaza se convierta en Hamastán o en Fatahstán”, es una estratagema de Netanyahu para justificar una nueva colonización.

Itamar Ben-Gvir, el supremacista que maneja Ministerio de Seguridad israelí, multiplicando rechazos en el mundo, propone fomentar la emigración de los palestinos gazatíes, para repoblar la Franja exclusivamente con israelíes. Ese proyecto, la agresividad de los colonos en Cisjordania y las estadísticas de víctimas civiles en Gaza, son el “efecto Netanyahu” que está aislando y debilitando políticamente a Israel.

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Claudio Fantini

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