Viernes 9 de diciembre, 2022

MUNDO | 23-10-2022 00:27

Irán a contramano

Mujeres y jóvenes luchan por un Estado con el modelo occidental, hoy atacado por izquierdas y derechas autoritarias.

Además de proezas de guerreros heroicos, el Shahnaméh, o “Libro de los Reyes”, relata las vivencias de los pueblos del antiguo imperio que se extendía desde Oriente Medio hasta Asia Menor y el Cáucaso. En  ese clásico de la literatura persa escrito en el siglo X por Ferdowsi, el celebrado “Señor de la Palabra”, se describe cómo demostraban su dolor y su queja las mujeres que perdían hijos o esposos en guerras y en intrigas: cortándose mechones de cabello.

Esa tradición milenaria es la que está conmoviendo al mundo de estos días. Las actuales mujeres iraníes se quitan el velo islámico y recortan mechones en señal de rebelión. En la tradición islámica, la cabellera femenina debe ser larga, por eso recortarla es una denuncia contra el régimen que somete a la mujer con leyes medievales y absurdas.

El mundo presencia una imponente rebelión que comenzó en el dolor por el asesinato de una joven que llevaba “mal colocado” el hiyab, y derivó en insurrección contra la teocracia imperante. A esa rebelión se sumaron los jóvenes, mientras que un grupo de intelectuales la tradujo en manifiesto que reclama la racionalidad del Estado de Derecho, del pluralismo, de la libertad y de la igualdad entre las personas de distinto género. El manifiesto reclama reemplazar la República Islámica por la República a secas, o sea, por un estado laico.

Los iraníes enfrentan una feroz represión que ya suma cientos de muertos, para conquistar lo que sólo puede garantizar la democracia liberal. Mientras tanto, en los países donde nació ese sistema, la política supura mesianismos autoritarios.En Occidente, ser antisistema es oponerse a la democracia liberal, que es el orden en el que las leyes igualan a los ciudadanos, sin que un líder pueda colocarse por encima de ellas.

Con ese sistema, Estados Unidos venció al totalitarismo nazi-fascista y ayudó a Europa a construir el orden demo-liberal con el que construyó un capitalismo flexible y pragmático que elevó el nivel de vida muy por encima del alcanzado en el colectivismo de planificación centralizada.
Esas fueron las principales armas con las que el bloque occidental ganó la Guerra Fría. Democracia liberal y capitalismo flexible fueron la fórmula del desarrollo económico y social. La democracia liberal, en alianza con el capitalismo que maniobra entre la libertad de mercado y el keynesianismo cuando resulta necesario, también garantiza el respeto a las minorías y la institucionalidad que impide a un líder adueñarse del poder.

A ese sistema lo están desafiando derechas e izquierdas anti-sistema. A pesar de los crímenes en masa que cometieron los totalitarismos marxistas y nazi-fascistas, las incertidumbres de este tiempo de vertiginosas transformaciones y la decadencia de las clases dirigentes producen reflujos autoritarios.

En España perdió fuerza el reflujo neomarxista denominado Podemos, pero se mantienen los nacionalismos separatistas catalán y vasco, con Esquerra Republicana y el extremista Bildu, reciclado de Herri Batasuna, el antiguo brazo político de ETA. La alianza que estableció Pedro Sánchez, permanente con Podemos y eventual con los separatismos, fortaleció el resurgimiento de la versión actual del franquismo: Vox.

El franquismo fue la encarnación personalista del “falangismo”, la ideología que se moldeó en la dictadura de Miguel Primo de Rivera y a la que dio cuerpo doctrinario su hijo José Antonio, combinando nacionalismo extremo con catolicismo fundamentalista.

Esa ideología había quedado huérfana cuando Alianza Popular, que lideraba el ex ministro franquista Manuel Fraga Iribarne, empezó a democratizarse y terminó abrazando la democracia liberal al convertirse en el Partido Popular. Pero en estas décadas que supuran autoritarismo en formato de antisistema, apareció el partido ultraconservador que cobró fuerza como polo opuesto de Podemos y de los nacionalismos anticastellanos.

Vox exudó un conservadurismo homofóbico, misógino, xenófobo y prepotente que lo revela como heredero de la versión española del nacionalismo corporativista, ultra-religioso y antiliberal que comandó Franco.

“Vamos a volver al ´36” repite el estribillo de una canción confusa y obtusa que se cantó en el último acto de Vox. Las autoridades partidarias dijeron que no incita al golpismo, sino que acusa al actual gobierno de querer volver al republicanismo caótico que desembocó en la Guerra Civil. Pero esa explicación es absurda.

Si esa fuese la intención el estribillo diría “vamos a volver al 31”, ya que 1931 es el año en que comenzó la II República reemplazando a la monarquía que encabezaba Alfonso XIII. Aquel turbulento periodo democrático fue clausurado en 1939 por el triunfo de Franco en la Guerra Civil que él había iniciado en 1936.

Vox en España, Giorgia Meloni en Italia, la siempre poderosa ultraderecha francesa y ultranacionalismos conservadores como el que encarnan el húngaro Viktor Orban y el ruso Vladimir Putin, están arrollando a las centroderechas y embistiendo contra las democracias liberales. Lo mismo intentan liderazgos como los de Trump y Bolsonaro, que arrasan a las dirigencias de centroderecha porque sacan ultraconservadores del closet.

El fenómeno es que muchas personas que se auto-percibían de centroderecha descubrieron sus instintos políticos extremos por la excitación ideológica que produce el reflujo de conservadurismo autoritario, inyectando euforias y desprecios en la sociedad. Ese fascismo reciclado que ya no es estatista ni corporativista como sus moldes del siglo XX, guarda silencio frente a la guerra que impuso Putin a Ucrania y también frente a la brutal represión a las mujeres y los jóvenes que desafían al régimen iraní. También las izquierdas autoritarias de Latinoamérica son cómplices del líder ruso y de la teocracia persa, pero las mujeres iraníes siguen desafiando al régimen religioso.

Saben que la represión puede triunfar nuevamente, como en 1999 cuando aplastó las protestas contra el cierre del diario reformista Salam y contra el sabotaje de la cúpula religiosa al gobierno del moderado Mohamed Jatami.  También saben que la represión causará miles de muertes, como en el 2009-2010 cuando los comandos paramilitares Basij disparaban a las multitudes que protestaban contra el fraude que robó el triunfo al reformista Mir Hosein Musavi. Pero siguen en las calles, intentando reemplazar al ayatola Jamenei por un sistema como el que se debilita en su cuna Occidental.

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Claudio Fantini

Claudio Fantini

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