jueves, noviembre 14, 2019

OPINIóN | 21-10-2019 09:51

Julieta Prandi, la víctima impensable

La violencia que vivió la modelo en su matrimonio es un reflejo de la historia de miles de mujeres. ¿Por qué una mujer exitosa e independiente falla al defenderse?

¿Por qué una mujer independiente y exitosa queda atrapada de tal forma en las trampas de un mal matrimonio, que no puede recurrir a tiempo a la ayuda legal obvia en estos casos?

Esta es la pregunta que todo el mundo se hizo esta semana al escuchar el relato de Julieta Prandi -modelo, conductora, panelista- sobre la situación que vivió durante su matrimonio con Claudio Contardi, un calvario de celos, dominación, descalificación, adulterio y violencia económica.

Trending topic en Twitter, una usuaria expresó su sorpresa comparando a Prandi con Pampita: si a ellas las traicionan -se preguntaba- ¿qué queda para el resto de las mujeres?

(Te puede interesar: Alerta padres: el desafío viral que está bajo vigilancia internacional)

Y, justamente, lo que sorprende en este caso, es que Prandi no sólo posee recursos económicos propios (aunque según declara en la denuncia contra su ex marido, éste manejaba sus cuentas y el dominio de sus propiedades) sino que tiene además un acceso directo a los medios de comunicación, que al difundir su historia pueden funcionar como una barrera de protección. Sin mencionar la facilidad de su acceso a la ayuda legal, algo que no siempre está a la mano de todas las víctimas de violencia.

Prandi ha sido una figura muy discreta con respecto a su vida privada, y lo que todos se preguntan hoy es cómo pudo dejar avanzar tanto las agresiones sin decidirse a hablar.

Las respuestas no son fáciles, porque las razones de la inmovilidad de una víctima son muchas y de distintos tipos.

(Te puede interesar: Encontraron muerto al periodista Lucas Carrasco)

Atribuir una condición mental que incline al abuso en el varón (“psicopatía”, es el término que la vulgata psicoanalítica emplea para estos casos) es arriesgado sin ser profesional y sin tener las posibilidades de evaluar a la persona en cuestión.

Pero sí es probable pensar en un mandato cultural que aún pone a las mujeres en la situación de preservar el vínculo familiar a toda costa. En pos de alimentar ese esquema de pensamiento, gran parte de las descalificaciones dentro de un vínculo violento refuerzan esta idea: “mala madre”, “mala esposa”, “irresponsable”, etc.

El relato de la familia feliz, con un modelo de varón protector y esposa sólo competente en la vida íntima, sin proyección pública; está instalado en las estructuras culturales de la sociedad en la que vivimos.

(Te puede interesar: El silencio del fútbol ante los casos de abuso sexual)

Hay miles de Julietas sufriendo en silencio estas violencias menos dramáticas pero también por eso más sostenidas a largo plazo que la cultura patriarcal alimenta, inmovilizándolas en su capacidad de salir de la trampa y defenderse.

La violencia de género no sabe de clases sociales, edades, ni niveles educativos. Y sólo la palabra pública es capaz de deshacer el encantamiento que aún hoy tiene convencidas a tantas mujeres de su impotencia.

Galería de imágenes

En esta Nota

Adriana Lorusso

Adriana Lorusso

Editora de Cultura y columnista de Radio Perfil.

Comentarios

Argentina y el mundo

La información más importante del martes 12 de noviembre

Espacio Publicitario

Espacio Publicitario