jueves, noviembre 14, 2019

OPINIóN | 12-10-2019 09:37

Psicología del debate electoral

El imprevisto rol del inconsciente de los candidatos a la hora de exponerse al escrutinio de millones de potenciales votantes.

Para algunos más, para algunos otros menos, pero la situación de

presentarse en público con el fin de dar un discurso o intervenir en un debate ante miles de espectadores y adversarios no es algo que se realice con naturalidad y relajación. Quien diga lo contrario, miente.

Cierto es que, las personas públicas en general, ya sea músicos, actores o políticos, tienen relativamente incorporada a su vida la exposición personal ante los espectadores y cuentan con un elevado nivel de manejo del discurso, pero en acontecimientos muy decisivos y esperados por el público como el próximo Debate Presidencial, difícilmente puedan evitar atravesar un estado de stress y ansiedad ya que sus "dichos" serán determinantes para la credibilidad de su imagen.

Para la Real Academia Española, la retórica es el arte de bien decir, de dar al lenguaje escrito o hablado eficacia para deleitar, persuadir o conmover. Esta habilidad es la que una persona que se presenta para hablar ante otros deberá implementar a fin de embargar el ánimo de su público.

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Ahora, tengamos en cuenta que en este tipo de debates, como el de la víspera de las elecciones, entra en juego una variable muy tirana y disruptiva a la hora de persuadir o deleitar al receptor, que es la presión temporal. El candidato deberá implementar su arte con todo su esplendor en pocos minutos, en vivo y en directo, a fin de seducir y cautivar a los espectadores en el mínimo tiempo posible, derrotando en ese mismo escenario simbólicamente al adversario.

Como aditamento a los factores que generan e incrementan la ansiedad y el nerviosismo en los expositores, tenemos un elemento que no es menor. Los espectadores se han vuelto más estrictos y afilados en su escucha. Cada vez con más herramientas de interpretación y entrenados para realizar un análisis exhaustivo de los dichos, sancionan grietas en el discurso como actos fallidos, contradicciones, negaciones, chistes, resignificaciones, etc. Y lo difunden en las redes sociales, en tiempo real.

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Eso está bien, porque en la cadena discursiva siempre hay dos niveles. Estos dos niveles, según Lacan, son equivalentes a la diferenciación entre enunciado y enunciación, que localiza desde dónde habla el sujeto. Para darles un ejemplo, en la experiencia analítica, es a través de la interpretación que el analista ubica el lugar de la enunciación, que es el lugar del Inconsciente.

El Inconsciente es un Saber que se nos revela sorpresivamente, trastocando toda lógica consciente. Los actos fallidos, los chistes, los olvidos, son algunas de las formaciones del inconsciente que conceptualiza S. Freud.

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Creo que este último punto es el más aterrorizante para quien se expone ante contrincantes y espectadores, porque por más entrenamiento, práctica y cursos de oratoria que haya realizado, el inconciente no tendra ningún pánico escénico a la hora de manifestarse.

*Psicoanalista

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Paula Martino

Paula Martino

Psicoanalista.

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