Lunes 1 de junio, 2020

OPINIóN | 09-04-2020 19:14

Cómo aprender sobre DDHH mirando La Casa de Papel

Las prácticas de las que resultan víctimas Río, Lisboa o Nairobi, tienen nombres y consecuencias jurídicas.

ALERTA SPOILER

 

Terminé de ver la cuarta temporada de La casa de papel. Una de las cosas que más valoro de la serie de Álex Pina, es que pone todo el tiempo en tensión la legalidad de los actos del Estado. En esta última entrega ese andarivel alcanza niveles de ebullición muy interesantes, y es parte del desenlace.

Más allá del entretenimiento, es una buena oportunidad para pensar los derechos humanos. ¿Por qué? Porque no vale todo. El Estado se encuentra obligado a seguir la Ley. Las prácticas de las que resultan víctimas Río, Lisboa o Nairobi, tienen nombres concretos, y traen aparejadas consecuencias jurídicas.

Río es salvajemente torturado por la Inspectora Sierra y el Coronel Prieto. La tortura está prohibida. Existe una Convención contra la tortura y otras penas o tratos crueles, inhumanos y/o degradantes. A su vez, previo a ello, es detenido en forma ilegal. ¿Qué es esto? No se notifica a un Juez, no se le concede la posibilidad de contactar un abogado de confianza (ni se le asigna una defensa oficial), no se le brinda información respecto al lugar de detención. 

Río, en concreto, es desaparecido por el Estado. También existe un Instrumento. Es la Convención Internacional para la protección de todas las personas contra las desapariciones forzadas. La misma, define a la “desaparición forzada” como todo arresto, detención, secuestro que sean obra de agentes del Estado, o personas que actúen con la aquiescencia del Estado, seguida de la negativa a reconocer dicha privación de libertad. Ello supone sacar, a su vez, a la persona de la protección de la Ley. ¿Qué significa aquiescencia? Permiso o consentimiento. Recuerden este término.

Con Lisboa sucede lo mismo. Desde su detención, que se dio con una práctica concreta de tortura (el simulacro de fusilamiento), permaneció desaparecida hasta que el Profesor decidió poner dicha situación en evidencia. Además, encontrándose detenida en la carpa de gestión de crisis, la Inspectora Sierra, con el consentimiento del Coronel Tamayo (ambos agentes del Estado), la torturó impidiéndole descansar. Todo ello supone un menoscabo a la integridad física y psíquica de la persona, y está prohibido.

Lo de Nairobi se conoce como ejecución sumaria. Concretamente, es un fusilamiento a sangre fría. Está vinculado con la violación del derecho a la vida y se desprende de Pactos Internacionales como la Declaración Universal de Derechos Humanos, o el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos. ¿Por qué se puede hablar de responsabilidad del Estado? Porque Gandía, Jefe de Seguridad del Banco de España, actúa con la aquiescencia del Coronel Tamayo (funcionario público). Es más, éste le brinda garantías de impunidad al informarle que las eventuales muertes serían encuadradas dentro de un marco de legítima defensa. Es decir, le brinda un “escudo” para “blanquear” un acto ilegal.

Como se puede ver, no vale todo. En este punto, es deseable que las industrias culturales mantengan una opinión crítica respecto a este tipo de prácticas en sus guiones. Además, la posibilidad de empatizar con los “Dalí” abre un marco interesante de reflexión. Los miembros de la banda son personas. Con historias (los flashback con momentos previos al atraco son centrales), trayectorias y sentimientos. La trama nos permite ver esas texturas que, para quienes nos desempeñamos en el campo de los derechos humanos, son centrales.

El Estado, entonces, está obligado a actuar con legalidad y transparencia. Por más “malos” o “feroces” que sean presentados los otros. Por más que se intente “deshumanizarlos” para justificar la ilegalidad. Aunque se intente exhibir “enfrentamientos” o “guerras”. La capacidad de hacer daño del Estado es siempre infinitamente mayor. Además, al convalidar las detenciones ilegales (o arbitrarias), la tortura, las desapariciones, las ejecuciones sumarias, u otras prácticas similares, se nos coloca a todos y todas en una situación de riesgo, pues somos potenciales víctimas de esos crímenes.

La Casa de Papel parece ir en contramano de los modelos de héroes y/o heroínas a quienes se les permite (en una lógica de justificación constante) cometer todo tipo de violaciones a los derechos humanos en nombre de la paz, la libertad, la seguridad y la justicia. No vale todo, repitamos una vez más. No puede ni debe valer todo. Aprovechemos una gran serie para reflexionar sobre los derechos humanos.

*abogado especializado en Derechos Humanos @jerogi

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Jerónimo Guerrero Iraola

Jerónimo Guerrero Iraola

Abogado, Universidad Nacional de La Plata, especializado en Derechos Humanos. Director de Proyectos del Centro de Estudios para la Gobernanza

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