Danza / 20 de abril de 2012

danza

Erotismo, belleza y ¡tango!

“Chantecler Tango”, con idea, guión, dirección coreográfica y principal bailarina: Mora Godoy. Con Horacio Godoy, Marcos Ayala, Rodríguez Méndez, Marcela Vespasiano y otros. Música original y dirección musical: Gerardo Gardelin.

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El estreno de “Chantecler Tango”, y el éxito de la obra presentada en el Teatro Presidente Alvear, ubica a Mora Godoy en un puesto de privilegio como creadora dentro del tango-danza. Hace una década, su primera criatura –“Tanguera”– le había posibilitado un rápido ascenso, después de haber consolidado su formación de bailarina clásico-académica. Lógicamente, también había iniciado oportunamente estudios de tango-danza, y sus resultados fueron muy buenos. Repentinamente, la joven Godoy concibió aquella obra que vimos en el Teatro El Nacional. Tras ese contexto portuario, donde los inmigrantes arribados al país eran mayoría, donde se vivían también episodios de barrio, surgía el tango y sus cultores, desde músicos hasta vecinos comunes, aunque algunos fueran compadritos y orilleros, habitantes de extramuros que sabían bailar el tango y la milonga. “Tanguera” colmó entonces las aspiraciones de la bailarina argentina, cuya base clásica le permitía y permite efectuar pasos intrincados, todo realizado con la mayor pulcritud técnica.
Godoy tenía su “lenguaje”, que implicaba reiterar posiciones muy altas, y entre sus habilidades estaba el tango fundado sobre el llamado “adagio acrobático”, una variedad de las décadas del ’20 y el ’30, que había prendido fuerte en Francia –sobre todo– y era de las vertientes tangueras que atraían al público “habitué” a los cabarets, aunque en estos no solo se bailara, sino que surgían las aventuras de jóvenes atrevidos y audaces en esos locales saturados de humo, donde también se consumían algunas especialidades como el denominado “cáñamo hindú…”.
El Chantecler era un cabaret de aquellos años, y quienes lo frecuentaban eran –sobre todo– gente de la clase media y alta. Estaba ubicado el número 440 de la calle Paraná, en una cuadra donde había funcionado a fines del siglo XIX un teatro, que en recuerdo de otro de igual nombre en la Ciudad Luz, se llamaba Teatro des Bouffes Parisiens, donde  a veces y luego de algún furioso can-can, se produjeron escándalos que alejaban del lugar a “la gente de bien” Uno de los tangueros propulsores de la fama del Chantecler en los ‘40 fue el celebrado Juan D’Arienzo, que con pasión conducía su orquesta típica e interpretaba un tango acelerado, que cambió las maneras de bailarlo. Esas peculiaridades se observan perfectamente reproducidas en esta obra, idea de Mora Godoy, y hasta un remedo del D’Arienzo director arremete a la manera de aquel con sus brazos hacia los músicos, un tipo de conducción peculiar y no carente de cierta comicidad.
Mora Godoy luce despampanante, con un lujoso y vistoso vestuario diseñado por Cecilia Monti, realizado por Mauri, Rojas, y Beatriz García. Y baila perfectamente sobre finísimos tacos y hasta con vestido largo. Ha progresado mucho y hace valer su sensualidad y su físico, sus bellas facciones que resultan más seductoras aún con la ayuda de la iluminación, diseñada por Christian Tateossian. La acompañan con brío y desarrollos actorales parejos un elenco bien ensamblado y perfectamente seleccionado. Excepcional labor le cupo a Marcos Ayala, en el plano interpretativo tanto como sólido y virtuoso bailarín, y a Horacio Godoy, concentrado actor y bailarín de primer nivel. Muy buena la Orquesta de Tango.

 

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