Opinión / 8 de junio de 2012

El capitalismo rebelde

Crisis verde. La psicosis del dólar le recordó a la Presidenta que la economía no siempre puede subordinarse al relato.

Ilustración: Pablo Temes.

Que la economía mundial está en crisis no es ninguna novedad. A juicio de los pesimistas, estamos en vísperas de otra gran depresión equiparable con la de los años treinta del siglo pasado que, entre otras cosas, señalaría el fin de medio milenio de supremacía occidental, mientras que los optimistas vaticinan que solo se tratará de una recesión prolongada pero así y todo manejable. En todas partes, están en marcha programas de austeridad draconianos o se teme que pronto sea necesario aplicar uno. Millones de griegos ya han caído en la pobreza, destino este que han compartido muchísimos otros en el resto de Europa y en Estados Unidos.

Las perspectivas son sombrías. Abundan motivos para sospechar que ha alcanzado su fin una etapa, que duró sesenta años, en que había trabajos dignos y adecuadamente remunerados para casi todos, y que en adelante quienes carezcan de aptitudes especiales formarán parte de un proletariado marginado cada vez más numeroso que, a lo mejor, consiga lo suficiente como para subsistir. Demás está decir que, frente al desafío así planteado, las elites internacionales se sienten desconcertadas.

Para hacer todavía más alarmante lo que está ocurriendo, con la eventual excepción del neoyorquino Paul Krugman que nos asegura que la solución consistiría en imprimir mucho más plata, ni siquiera los economistas más renombrados parecen saber muy bien lo que convendría hacer para que todo se “normalizara”, acaso por entender que la “normalidad” se ha ido para siempre, que después de décadas de vivir al fiado, a los habitantes de los países ricos no les queda más alternativa que la de resignarse a un futuro signado por la estrechez porque nadie está dispuesto a prestarles más dinero.
Por un rato, los europeos y norteamericanos imaginaron que los chinos, tan ahorrativos ellos, podrían hacerlo, mientras que los griegos, españoles e italianos miraron hacia Alemania, pero solo fue cuestión de ilusiones. No es que el dinero se haya evaporado –cantidades fenomenales pueden encontrarse en los mercados financieros–, es que quienes lo tienen no quieren verlo desaparecer en uno de los muchos agujeros negros que se han abierto. Si un país chico como Grecia puede hacer esfumarse vaya a saber cuántos miles de millones de euros en un lapso muy breve, otros más grandes, como España e Italia, serían capaces de hacer lo mismo con montos decididamente mayores.

 

6 comentarios de “El capitalismo rebelde”

  1. El conservadurismo de Neilson roza la necedad. Obviamente, se trata de límites ideológicos y no personales.
    Según los poderosos del mundo, en cuyo nombre Neilson habla, el hecho de que haya una crisis muy profunda, es algo natural. Natural que haya depósitos abarrotados de mercancías, bancos con montañas de dinero improductivo, fábricas paradas, y una enorme cantidad de desocupados y personas con toda clase de necesidades insatisfechas. Los centenares de millones que sufren de hambre y que carecen de agua potable y servicios básicos hablan a las claras de un sistema social agotado. Por supuesto que el nombre de Marx para el columnista es sinónimo de delirio. Supone que para descalificarlo basta con citar las diversas experiencias stalinistas. Vistas desde una perspectiva histórica, se puede decir que los distintos experimentos stalinistas fueron producto de situaciones terminales, de sociedades muy atrasadas y con la oposición activa del mundo desarrollado. Pese a todo, demostraron que es posible una economía planificada. Si la estúpida y sanguinaria burocracia estalinista pudo construir una potencia económica como lo fue la URSS, (que colapso principalmente por la presión externa) ¿qué posibilidades tendrían las sociedades capitalistas hiperdesarrolladas? Neilson se olvida de mencionar la guerra como la gran salida a las crisis económicas. Las diversas aventuras americanas en Irak y Afganistán son el preanuncio de otras, mucho más terribles y letales. La salida a la crisis del 29 fue la segunda guerra mundial: una gigantesca yu masiva destrucción como inicio de una fase expansiva. Pero ahora existen las armas nucleares. Y las crisis ambientales. Como lo dijo Rosa Luxemburgo hace ya muchos años: “Socialismo o barbarie”.

  2. Debemos salir a la calle a repudiar a este Gobierno de corruptos. Con Boudou a la cabeza, están provocando la reacción de la gente. Boudou, que es una lacra, se llevó a sus amigos, tan lacras como él, y viven robando lo que es del pueblo. El, junto a Rodolfo Usuna, el cabezon Villaverde e Ignacio Mendiondo, se están comprando todo Mar del Plata

  3. una devaluacion, hacer un blanqueo pagadero con titulos publicos a valor nominal y suprimir subsidios politicos: madres plaza de Mayo, Aerolineas y Futbol y Automovilismo para todos

  4. La crisis mundial se asoma cada vez con mas intensidad en la Eurozona. En España en el dia de ayer, 8 de Junio, fueron tomadas varias sucursales de Bankia, entidad financiera socorrida por el reino, por ciudadanos , a los cuales el mismo banco, esta quitandoles sus viviendas dejando en la calle a niños y ancianos. Ya hay un clamor en los indignados por la imposibilidad de acceder a una viviendas digna, y menos aún a un trabajo de las mismas condiciones. grecia se bate en una confrontación civil contra los neonazis que hacen estragos, valiéndose de la coyuntura actual en ese país. Un tremendo manotazo del plan neoliberal que azota y pauperiza a sus ciudadanos. Los malos gobiernos con recetas que ya probamos por estos lugares de América Latina en los 90 van llevando a estas naciones a un quebranto sin limites. La crisis acecha a Italia y en menor medida a Francia. Las economias asiaticas miran expectantes a Europa. Alli cerca nomás en mediooriente, EEUU pone sus ojos en el petroleo de Siria. Pero Rusia y China no se prenden en el escandalo mediatico. Y ponen su veto en la onu. En fin. Crisis el dólar. Crisis de valores más que nada.

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