Personajes / 10 de Agosto de 2012

Mónica Cabrera (53)

“Todos me quieren, pero un poquito”

El ama de llaves de “La dueña” escribe y dirige obras de teatro desde hace 22 años. Militancia, obsesiones, amores y frustraciones.

"En general no sé disfrutar de nada, los buenos momentos los estropeo por mi obsesión. No tengo serotonina. Nadie me soporta más de dos años, tengo un vencimiento".

Anhelo ser una artista popular”, asegura la actriz que sabe cómo destacar hasta al más pequeño personaje. Cuando aparece una posibilidad hay que exprimirla, dice, y cuando el personaje no tiene letra, siente el deber de inspirar a los guionistas. Fue el caso de Rosa, aquella entrañable mucama que interpretó en la tira “Tratame Bien” –con Cecilia Roth y Julio Chávez– y llamó la atención de público y productores por su sobria y a la vez brillante actuación.

Mónica tiene años de teatro encima, con algunas participaciones en cine. Su histrionismo es una marca desde sus inicios en la actuación, fuertemente ligados al teatro clásico. Hoy abocada al humor, admite que se cansó de dirigirse a un público selecto y sueña con “llenar la cancha de Vélez” con sus monólogos que renuevan la tradición cómica de Niní Marshall, capturados en su libro “Arrabalera y otros unipersonales”. “Tengo un interés compulsivo por comunicar, pero no busco el halago de mis pares, ni ser la directora de moda. No escribo para otros escritores, ni actúo para otros actores. Actúo, escribo y dirijo para gente que nunca va al teatro”, revela el ama de llaves de “La dueña”, la mujer que se ganó la confianza de Sofía Ponte (Mirtha Legrand).

Noticias: ¿Cómo se siente trabajando con la diva de los almuerzos?

Mónica Cabrera: Me siento cómoda. Tiene una memoria muy buena y yo también, podemos hacer nuestras escenas muy relajadas. No hay corridas ni histerias y todo el elenco es muy profesional. Mirtha es muy estudiosa. Somos parecidas en lo obsesivas con el trabajo, en lo observadoras, y tenemos el mismo sentido del humor. Hay escenas en las que el director nos da el concepto y nos pide que improvisemos, nos divertimos mucho. Ella me valora como actriz; me dice que soy buena haciendo esto o aquello. Mientras arman la puesta de luces charlamos sobre nuestra escena y tiramos ideas. Nos cuidamos mutuamente en pequeños detalles.

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