Personajes / 7 de Septiembre de 2012

Marianela Núñez (30)

“Siempre hay que jugarse al máximo”

Es la única argentina primera bailarina del Royal Opera House de Londres. Disciplina precoz, patinazo y casamiento con su partenaire.

"Tengo pasión por la disciplina. En mi casa todavía están mis juguetes intactos: tengo como 80 Barbies, no jugaba para no romperlas, me divertía ponerlas en fila y ordenarlas".

Llegó seguida de su representante, su agente de prensa y un asistente personal. Marianela Núñez, sonrisa generosa, encabeza la comitiva con una simpática manera de caminar, frecuente entre bailarines: con los pies mirando hacia afuera. “`Ahí se va Mary Poppins´ dijeron unos chicos en el aeropuerto, pensando que no hablaba castellano”, cuenta divertida la única primera bailarina argentina del Royal Opera House de Londres, que vino a participar de la 2ª Gala de Ballet en el Teatro Coliseo.

Inquieta y de espíritu alegre, habla sin dejar de moverse. “Ser expresiva ayuda bastante, porque cuando bailás tenés que proyectar cada papel desde el escenario hasta la última fila”, cuenta la artista, que se destaca por una combinación justa de técnica y expresión. “Me enamoré del ballet desde el primer día. Mis compañeritas hablaban o jugaban y yo las retaba y las ponía en fila”, recuerda. A los cinco años pidió reemplazar la academia en la que bailaba diferentes estilos de danza por una de clásico, y sorprendió a sus profesores con una disciplina inusual a esa edad.

Noticias: ¿En algún momento le pesó la rigurosidad que exige el ballet?

Marianela Núñez: Nunca, nunca. Nada. Es más, cuando estoy un poco nerviosa, saco todo del placard y vuelvo a ordenar. No sé cocinar, no sé hacer nada, pero limpiar y organizar, sí. Tengo pasión por la disciplina. Siempre fui así, nací con eso. En mi casa todavía están mis juguetes intactos: tengo como 80 Barbies, no jugaba para no romperlas, para mí la diversión era ponerlas en fila, ordenarlas (risas).

Noticias: Todo indica que se puso metas altas desde temprano. ¿Eso la obligó a una madurez acelerada?

Núñez: Sí, yo creo que tener una rutina de tan chica te hace madurar. Salía de casa a las 6 de la mañana porque vivía en San Martín y la escuela del Colón empezaba a las 8. A las 12 mi mamá me venía a buscar, comía y me ponía el guardapolvo en el auto, me llevaba a la escuela. Cuando terminaba me traía al centro para hacer otra clase de ballet de 7 a 10 de la noche. Estaba todo el día ocupada y eso te hace crecer, porque tenés ciertas cosas que respetar.

Noticias: ¿Qué sensación le causa no haber disfrutado la infancia como otros niños?

Núñez: Nada. La disfruté al máximo, agradezco haber encontrado mi pasión de tan chiquita. A los ocho rendí un examen, entré a la escuela del Colón y ahí empezó todo.

Noticias: ¿Por qué a los 15 años decidió terminar sus estudios en Europa?

Núñez: Cuando estaba en la escuela del teatro tuve la posibilidad de bailar como partner de Maximiliano Guerra. Yo tenía 14 años y era mi sueño… imaginate, bailar con tremenda estrella siendo una gurrumina. Él me dijo: “Por el tipo de talento que tenés podés hacer una carrera increíble, podrías explorar en el exterior”. Tuve la posibilidad de ir a una audición en Londres y me aceptaron. Igual, ya tenía en la cabeza la idea de irme. Es difícil decirlo, pero en Europa o los Estados Unidos hacemos 150 funciones por año, y acá están haciendo 20. Y para expandirme es más fácil estar allá porque la gente escucha mi nombre.

Noticias: ¿Adaptarse a una nueva vida en Londres le trajo complicaciones?

Núñez: Mamá me instaló y se quedó dos semanas. Al principio fue difícil, he sido supermalcriada (única mujer y la menor de cuatro hermanos) y de repente no tenía eso. La escuela tiene un internado y había chicas de todos lados, pero no sabía hablar una palabra de inglés y se me complicaba. Las cuentas telefónicas que pagaban en mi casa eran enormes.

La carrera de Marianela en el Royal Opera House avanzó a gran velocidad y sin pausas. Al año y medio se destacó del cuerpo de baile por una técnica segura y la promovieron a primera solista, salteando los dos puestos anteriores. Algo inusual por su edad y el poco tiempo que llevaba en la compañía. “Querer llegar a primera bailarina te hace trabajar durísimo, y todavía no digo: ‘llegué, ya está’, todos los días quiero ser la mejor”.

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