Libros / 20 de Diciembre de 2012

libro

Aún narramos a la antigua

“Cambios”, de Mo Yan. Seix Barral, 127 págs. $ 79.

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Al otorgarse el último premio Nobel de Literatura, los medios se dedicaron a comparar a Mo Yan con autores como Faulkner, Kafka o García Márquez, por una parte. Por otra, trataron de crear una contrapartida forzada del Nobel chino anterior, el crítico Gao Xinjiang. Se habló de que se trataría de un escritor más “oficial”. La mejor manera de matizar ambas afirmaciones es leerlo.

Esta breve novela tiene un modo de contar y estructurar una historia que podría llamarse clásica. Los personajes están delineados con nitidez, la voz es la del propio autor, y las relaciones entre pasado y presente se desenvuelven con un claro dominio de las herramientas necesarias. Más que de un modo antiguo de narrar, se trata de un modo probado de lograr resultados.

Las cosas comienzan en la infancia, en una escuela donde cada personaje (un profesor y un alumno robusto, ambos “bocazas” como el propio Mo Yan, y la bella Lu Wenli) es dibujado con solidez. El tono es de un realismo con toques de humor, y con descripción rápida pero precisa del fresco social. En ese sentido la China que aparece está retratada con luces y sombras. A medida que los personajes crecen y el tiempo los va dispersando o golpeando, la sociedad china aparece como no muy distinta de otras. Un modo de ascender es conocer las escaleras y presiones necesarias, la virtud o la belleza no son necesariamente recompensadas, y todos disfrutan de lo bueno o construyen mitologías para erigir mitos cotidianos.

Adquiere estatura especial un gran camión soviético GAZ, saldo de guerra, conservado con respeto por su encargado. Sus trayectos y peripecias trazan un hilo que enhebra los destinos de los personajes.
El equilibrio de Mo Yan aparece también en la descripción de su propio crecimiento como escritor importante. Se considera con humildad, pero a la vez reconoce las prebendas que su destaque le otorga.

En este tipo de relato donde la desilusión o el desaliento crecen con la edad y el tiempo, es importante la última página. En ese sentido el encuentro final entre el escritor importante y la bella Lu Wen Li, ahora gastada por el tiempo, equilibra la pena y el cruel reconocimiento de la realidad en el estilo de Chejov.

 

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