Arte / 21 de febrero de 2014

ARTE

La risa y el miedo

“Sebastián Gordín” en MAMBA. Av. San Juan 350. Martes a viernes de 11 a 19. Sábados, domingos y feriados de 11 a 20. Lunes cerrados (excepto feriados). Entrada $ 10, martes gratis.

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El premio de World Press Photo a la mejor foto de 2013 fue para John Stanmeyer por “Señal”, mientras que el primer premio en la categoría deportiva fue para el fotógrafo de La Nación Emiliano Lasalvia; mostraba a un jugador de polo en plena rodada, con su yegua levantado la pata para no lastimarlo. En “Señal”, unos inmigrantes africanos en la frontera de Yibuti apuntan sus teléfonos celulares hacia la altura, iluminada por la luz de la luna, buscando una conexión para sus celulares abiertos que irradian un destello y provocan “un extraño efecto en el cielo”. Esa imagen del resplandor de la luna y de las manos en la inmensidad nocturna parece una obra compuesta por Gordín.

“Un extraño efecto en el cielo” se titula la retrospectiva de Sebastián Gordín (Buenos Aires, 1969) en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires. Aquí se ven sus pinturas de la década del `80, que anticipan el clima de los objetos escultóricos desarrollados a partir de los años `90. Creador de un universo enigmático, Gordín es reconocido por crear minuciosas microescenas, mayormente contenidas en cajas de acrílico transparente o en herméticas arcas con mirillas. La extensa muestra recuerda que el artista también transitó, de modo poco convencional, la escultura monumental, como “La caída” o “¿Quién mató a quién?”.

Formado en la Escuela Nacional de Bellas Artes y en talleres de artistas, integró el grupo Mariscos en tu Calipso, que participó del entusiasmo de la naciente democracia en los `80. Luego, individual o colectivamente exhibió su trabajo, expresivo de la provocación y contradicción intrínseca del arte de la década del `90, en espacios de revalidación artística como el ICI (Instituto de Cooperación Iberoamericana), galería Ruth Benzacar, Centro Cultural Rojas (UBA), Centro Recoleta. Inauguró con “Pequeños reinos”, junto al inigualable Edgardo-Antonio Vigo, la sede porteña de Fundación Telefónica en 2003.
Esta exhibición, organizada cronológicamente, suma tanto sus acuarelas como las planas maderas en chapa “pintadas” con marquetería.

En la planta baja, además de sus tempranas pinturas se muestran una serie de maquetas, objetos de creciente y notable refinamiento formal, que ofrecen una visión del mundo tan sensible como irónica, informada por el cine, las historietas y las novelas populares, leyendas medievales y de vampiros, historias del futuro y comentarios cáusticos, como el óleo “Sin pan y sin salame”. Sin pretensión de englobar miradas o ideas colectivas, las obras reflejan perspectivas, fantasías, quimeras de Gordín; quizá nostalgia, como en la exacta maqueta de canchas, del “Luna Park” y del cine “Gran Rex”.

La sala del subsuelo se halla completamente en penumbras y subraya la posibilidad de asomarse a un –quizá amenazador– misterio. Se halla iluminada solamente por las luces que provienen de los varios y, por momentos, fantasmales escenarios creados por el artista, como paisajes desolados y nevados. Las asombrosas piezas resguardan sus misterios, como en los apretados bloques que aparecen como libros encadenados sobre mesas y estantes o en las bibliotecas desordenadas. Algo pasó, algo pasará en los silenciosos y estremecedores teatros, salidos del gabinete de un talentoso artista, notable miniaturista.

 

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