Deportes, Sitios Externos / 12 de diciembre de 2014

DEPORTES

Arquitectura Olímpica: los reciclables de Río 2016

La “desconstrucción” de estadios: se arman, se usan, se desinstalan y se reutilizan.

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No todo es deporte, en la vida. Las Olimpíadas también pasaron a ser ocasiones nobles en el calendario de los arquitectos, a medida que fueron creciendo en modalidades e importancia. Vidrieras de proyectos ingeniosos y experimentos osados, las instalaciones deportivas sirvieron de palco para espectáculos de poder y abundancia, traducidos especialmente en los estadios: el de Sidney, en el 2000, tenía 110.000 lugares, el más grande que se haya construido; el de Atenas, en el 2004, exhibía un techo retráctil firmado por el prestigioso español Santiago Calatrava; el de Pekín (2008), de sutil belleza, fue llamado el Nido de Pájaro. Espectacular mientras duró, pero duró poco. La mayoría se convirtió en el temido elefante blanco. Se aprendió la lección, los tiempos son otros.

Las obras en Río ya son un espejo de la era de la moderación. En el 2016, el “estadio olímpico” será el Maracaná, rejuvenecido para la Copa del Mundo. Siguiendo una tendencia que comenzó en los Juegos de Londres, el diseño predominante es el de la “desconstrucción”: estructuras que pueden ser desmontadas completamente o remodeladas y arregladas según la necesidad. “En el mundo deportivo, las obras imponentes están dando lugar a proyectos que sean reutilizables al máximo. El nuevo mandato es: ‘make your assests sweat’, haga que sus construcciones transpiren tanto como los atletas en las competencias; que tengan varios usos”, explica el arquitecto Adam Williams, de la empresa inglesa Aecom, responsable del proyecto del parque olímpico carioca.

Obras móviles. Incluido en esa concepción, el centro acuático (de la empresa alemana GMP), es una de las estructuras deportivas más grandes del mundo, con 14.000 metros cuadrados y capacidad para 18.000 espectadores. El centro no tendrá sistema de aire acondicionado, solo ventilación natural, canalizada por una fachada sin paredes (492 tubos verticales, a un metro de distancia uno del otro) y por agujeros en los escalones de las tribunas, un esquema innovador probado en maquetas sometidas a túneles de viento. En el parque acuático, como en las demás instalaciones, no hay ascensores. Compuestas de módulos metálicos, las dos piletas, una oficial y otra para calentamiento, serán desarmadas y reconstruidas en otros lugares; de la misma forma, los tubos y demás componentes de la estructura serán almacenados y reutilizados. Este es un aspecto de la etapa posterior a los Juegos que será acompañado con mucha atención. “Nuestra gran preocupación era diseñar un edificio bonito y funcional al mismo tiempo. Los tubos imitan la forma de las olas del mar”, describe el arquitecto alemán Ralf Amman. El proyecto del centro de tenis también pertenece a la empresa, también con tubos en la fachada y líneas onduladas.

El centro acuático es parte del parque olímpico de un millón de metros cuadrados (la mitad del de Londres), instalado en Jacarepaguá, zona oeste de Río. “Es un parque compacto”, dice Williams, de Aecom. “Para que quepa todo, incluso áreas comunes y de circulación agradables, planificamos los espacios como si fueran los engranajes de un reloj”. Además de las piletas, el espacio incluye un velódromo, una cancha de handball, el centro de tenis y un conjunto de tres canchas multiuso (donde, para ahorrar terreno, la parte externa de una tribuna está pegada a la de otra, separadas solo por un sistema de aislamiento acústico).

Solo el velódromo, que parece un casco de ciclismo y acomoda 500 personas, es una obra completamente definitiva, que permanecerá así como está. El centro de tenis y las canchas tendrán dimensiones drásticamente reducidas, para adecuarse a la demanda de la ciudad. La cancha de handball también desaparecerá del paisaje, que pasará a integrar, junto con la villa olímpica (donde está el hospedaje de los atletas), un barrio nuevo en Río de Janeiro. Fruto de esa arquitectura nómade, la cancha está hecha en bloques que serán desarmados y, en gran parte, ya tienen un destino definido: van a componer la estructura de cuatro nuevas escuelas municipales. “Fue prácticamente un ejercicio de piezas de Lego. Tuvimos que diseñar todo en el tamaño correcto, rediseñar varias veces”, cuenta el arquitecto jefe Gilson Santos. Otra preocupación fue contratar a la misma empresa de ingeniería para armar, desarmar, transportar, almacenar y después remontar la instalación en otro lugar. La idea es garantizar que las partes sobrevivan intactas a las idas y venidas.

Reciclables. La exigencia de funcionalidad de las construcciones olímpicas es fruto de dos mentalidades relativamente nuevas. Una, de carácter urbanístico: por causa de una revisión de prioridades percibida en todo el mundo, las metrópolis modernas están priorizando proyectos cada vez más prácticos y sustentables. Otra, del propio universo olímpico: las ciudades no se pelean más para ser sede de los Juegos; por el contrario, es el propio Comité Olímpico que busca atraerlas con la garantía de un legado relevante.

“Construcciones como las que están llevando a cabo en Río exigen proyectos muy bien pensados y un gran conocimiento técnico”, afirma Roberto Anderson Magalhães, profesor de urbanismo de la Facultad de Arquitectura de la PUC-Rio. Las obras están solo comenzando. Si no se las corrompe con desvíos de sumas de dinero y atrasos, algo muy común en Brasil, la arquitectura de las Olimpíadas de Río podrá dejar una marca positiva y duradera tanto en la ciudad como en la propia historia de las competencias.

 

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