Sociedad / 15 de diciembre de 2014

DECÁLOGO COOL

Nuevos padres

Consejos de puericultura remixada. Desde el colecho hasta los límites. Mitos, tabúes y polémica entre famosos.

Por

PAULA CHAVEZ Y EL COLECHO. La modelo es una militante del uso de la cama matrimonial para su hija Olivia. Tinelli, también padre reciente, la cruzó en las redes.

“Confíe en usted misma. Sabe más de lo que cree saber”. Hace casi setenta años, el doctor Benjamín Spock empezaba de esa manera “Baby and child”, el manual de crianza infantil más influyente de la historia: entre 1946 y 1973 vendió 22 millones de ejemplares, casi uno por cada niño nacido en los Estados Unidos. También furor en la Argentina, el libro contradecía ese consejo inicial para decirles a nuestras antecesoras que su hijo podía escribir en la pared si así lo deseaba. Veinte años después de su publicación, se lo culpó del fracaso moral de una generación. Pero esa es otra historia.

La que sí es, efectivamente, la misma es la crianza de los hijos como campo teórico y práctico opinable. Y en el que las madres, principales responsables de la tarea, son tironeadas por los “debe ser” de moda, culposas porque no lo hacen como les dicen y culposas por haberlo hecho como les dijeron. Hoy parece asomar una coincidencia. Todos están juntos para decir que no hay ningún manual, que viva el sentido común y el corazón manda. Sin embargo, aunque llamemos antimanuales a los compendios de nueva sabiduría para padres que critican a los manuales para padres, en las librerías gozan de buena salud y muchas mamás famosas los consumen y difunden.

El título que engloba estas recomendaciones podría generalizarse como “crianza con apego”, un término al que nadie puede oponerse. Hay matices, claro: es paradójico que en la época de mayor participación de la mujer en el mercado de trabajo, de logros y alcances en casi todas las áreas profesionales, la maternidad se haya convertido en una tarea intensiva y exigente a cargo de mujeres todoterreno capaces de darlo todo. O será que llegó la hora de poner las cosas en su lugar, de dar al César lo que es del César y a los bebés las tetas y las camas de sus madres. Para separar la paja del trigo, vamos a pasar lista por las principales banderas de esta nueva reina de la puericultura llamada crianza con apego.

Colecho. Ningún otro “ítem” ha cambiado tanto como el colecho y en tan poco tiempo. No hace tanto, que los bebés durmieran en la cama con los padres era una acto de desconsideración feroz, causante de muerte súbita, peligro de aplastamiento y bomba nuclear contra la intimidad matrimonial. Bueh, a borrar todo eso. Ahora es exactamente al revés.

La conductora de “Este es el show” (El Trece) y mamá de Olivia (un año y tres meses), Paula Chaves se enteró del colecho cuando empezó a prepararse para la llegada del bebé. “Me recomendaron ir al taller de Vicky Seguí (gimnasia para embarazadas) donde me hablaron por primera vez del tema y me conecté con otras embarazadas con las mismas preocupaciones que yo. Pero cuando nació Oli, me salió esa parte animal que nos aflora al parir, como todos los mamíferos que duermen con sus crías. Durante meses dormí con ella arriba mío porque tenía reflujo y nos daba miedo dejarla en la cuna; después me dio dolor de espalda (se ríe) y quedó en el medio de Pedro (Alfonso, su marido) y mío. Los dos estamos de acuerdo. El pediatra no tanto pero, de todas maneras, me entiende que así somos felices. Tiene tiempo de ser independiente”, dice esta entusiasta lectora del pediatra Carlos González (ver recuadro), cuya teoría le da toda la razón a su práctica. Pero acepta que no es una regla general: “Cada mamá es la mamá que puede. No es obligación, es lo que querés y podés”. Su jefe en la tele, Marcelo Tinelli, también padre de un bebé de siete meses, la toreó en las redes sociales. “Colecho no”, escribió en Twitter.

El pediatra José Anderman, médico del Hospital de Niños Dr. Ricardo Gutiérrez y docente de la UBA está a favor del apego en tanto significa la construcción de un vínculo amoroso. Pero diferencia entre colecho y cohabitación. “Una cosa es que el bebé duerma en la cuna al lado de la madre donde ella puede tocarlo y otra que duerma entre los padres. No solo porque no es un mito la muerte súbita sino porque es necesario que el niño se separe de los padres en un proceso de individuación, de formación de un ser independiente”, dice el especialista que no duda en referirse también a “las modas que vienen de los Estados Unidos”.

Fue a principios de los ‘90 que el matrimonio del pediatra y la enfermera William y Martha Sears escribieron el libro que redefinió el attachement parenting o crianza con apego que se viralizó por todo el mundo. “Entiendo esa teoría en los Estados Unidos donde hay tantos problemas de violencia, de bullying, donde los estudiantes muy jóvenes muchas veces siguen sus carreras lejos de los hogares. Entonces, contrafóbicamente, se fueron al otro extremo”, opina.

En esta cuestión, parece que al doctor González le va mejor con los consejos que a los locales. Mamá de Rafael (4 años) y Alfonsina (5 meses), la periodista Gisela Marziotta duerme con sus dos hijos sin dudarlo: “La prioridad es que todos podamos dormir y el colecho nos permite dormir a todos bien y felices. Todo es una cuestión de tiempo y maduración que ya llegará porque tanto ella como él no van a dormir toda la vida con su mamá. Mientras tanto, nos estamos disfrutando en esto que es una etapa y como todas las etapas pasan muy rápido”. No es la única: Mariana Fabbiani duerme con Máximo, su bebé de tres meses, y no impide que Matilda, de 4 años, se pase cuando quiere. “¡La dejo porque sé que no lo va a hacer hasta los 16! Confieso que no soy de poner tanto límite con eso, no me parece tan grave. Todo lo que sea ‘cercanía física’ y dar afecto lo aplico en la relación con mis hijos”, dice la conductora de “El diario de Mariana” (El Trece).

Lactancia. Acerca de los beneficios de la leche materna no hay nada que agregar. A tal punto es unánime que si alguna mujer dice “no” se convertirá en acabado ejemplo de egoísmo (aunque se repita el latiguillo de “somos libres para elegir”). Desde todos los costados, institucional y alternativo, el mandato es dar la teta todo el tiempo que el bebé quiera.

La periodista Mariana Brey amamanta dos veces por día a Luca, de tres años recién cumplidos y “recontracolecha” por lo menos cuatro días a la semana. “Lo vivimos naturalmente, nos hace felices. Dar la teta es un ritual entre los dos, es placentero, lo ayuda a dormir bien toda la noche y nos gusta. No me importa lo que digan: para mi mamá, está bien y para mi suegra, ya es mucho tiempo. Se irá dando naturalmente, no pongo una fecha límite, va a pasar”, dice. Entre sus lecturas durante el embarazo, estuvo Laura Gutman (ver recuadro): “Pero no es que tomé todo ciento por ciento. La verdad es que yo me aferré a mi propia intuición sin dejarme llevar por el afuera”.

Para Julieta Saulo, puericultora integrante de Las Casildas, no se trata de seguir teorías ni paradigmas frustrantes y culpabilizadores sino que cada familia pueda generar su propia forma de ma(pa)ternar, de criar a sus hijos/as: “En eso radica la crianza genuina y revolucionaria”.

Límites. Antes de continuar pongamos blanco sobre negro lo que es una obviedad. Estamos hablando de preocupaciones de mujeres de clase media urbana y alrededores. Como aclara la historiadora, Isabella Cosse, autora de “Pareja sexualidad y familia en los años sesenta” (Siglo XXI), “los modelos de crianza predominantes surgen de un entramado de fenómenos culturales, sociales y económicos, y de actores-instituciones como el Estado, la Iglesia y los expertos. Pero qué pasa con las madres. No era lo mismo la crianza para las madres indígenas de la puna jujeña a fines del siglo XIX que para las mujeres de la elite –acostumbradas a que sus hijos fuesen amamantados por nanas de leche– o para las mujeres trabajadoras que vivían en los conventillos porteños que se desvivían para dar de comer y atender a los niños. Y en la actualidad, la maternidad para mujeres de bajos recursos es muchas veces una de las pocas satisfacciones que disfrutan y que la valorizan socialmente pero, también, una experiencia de gran dolor, que las coloca frente a la angustia de la precariedad de sus condiciones de vida con enorme crudeza”.

En este contexto, hoy los límites a los chicos han encontrado un nuevo monstruo. Ya no es la televisión caja boba de los setenta sino las múltiples pantallas, los celulares, las tablets, las consolas de juego. La investigadora Carolina Duek ha dado en el centro del dilema al referirse al doble discurso de los padres de hoy. “Por un lado, están preocupados porque los chicos no leen y están todo el día con los jueguitos. Y ellos ¿qué hacen? ¿leen libros? No, están todo el día con el celular y el Facebook. La fascinación por las pantallas es de los adultos y de los chicos. Si no se construye el vínculo con el ejemplo y haciendo cosas juntos, no vamos a salir de esta contradicción”, dice la autora de “Juegos, juguetes y nuevas teconologías” (Capital intelectual).

Naturismo. Alimentación saludable, nada químico, nada de grasas trans: ¿quién puede oponerse? Afuera los chizitos pero, una vez más, los extremos y fundamentalismos traen problemas. El doctor Anderman encuentra en el consultorio del Hospital de Niños casos de bebés mal alimentados debido a que la leche de su madre no está lo suficientemente enriquecida. “Las mamás veganas, que no ingieren ningún tipo de alimento proveniene de animales como la leche o los huevos, tienen deficiencias de vitamina B12 y eso lógicamente incide en su lactancia”.

Otro de los temas que se discute es el de la vacunación obligatoria. Algunos padres se resisten a vacunar a sus hijos. El periodista y papá Mauro Fulco tiene un amigo adherente a esta tendencia: “Hay una corriente, bastante enferma, a mi criterio, que pretende no vacunar a los pibes, que no les da lácteos y los suplanta por palta, que no les tiran los brazos al caminar porque tienen que largarse solos. Así es que la hija de mi amigo que sigue esta moda tiene 15 meses y no camina. Ah, y no tiene una vacuna. ‘Lo importante es no darle medicamentos que no necesita. ¡Hoy vacunan a los chicos contra enfermedades que ya no existen!’, me dijo y creo que está loco”. Para los médicos también es una locura y una aberración porque solo la práctica de la vacunación permite que determinadas enfermedades no vuelvan a expandirse. Los hijos de Chaves, Brey, Marziotta, Fabbiani están vacunados. Pero también creen en la decisión de los padres que no quieren hacerlo.

“La mejor teoría es que se hace lo que se puede. Creemos que la mayoría toma un poco de lo que le sirve y lo que siente que le va ideológicamente. Hay unos pocos fundamentalistas y hay mucha defensa elocuente de cosas que después en los papeles no son tan así: nadie vive pegada a una guagua o da la teta hasta los seis años o no apoya jamás a la criatura en la cama grande for ever and ever”, dicen las periodistas Ingrid Beck y Paula Rodríguez, autoras de la saga “Guía (inútil) para madres primerizas”. Ojalá que el próximo manual nos encuentre felices y apegados.

 

 

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