Salud, Sitios Externos / 31 de marzo de 2015

ÚLTIMOS ESTUDIOS

Menopausia recargada

Descubren que el climaterio puede durar 9 años en lugar de 2. Nuevos tratamientos. El debate por las terapias alternativas y hormonales.

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Origen de cambios vitales, molestias físicas, algunas crisis de pareja y numerosos chistes sexistas, la menopausia, supuestamente, debería ser uno de los fenómenos biológicos más conocidos. Al menos para la mitad femenina de la humanidad. Sin embargo, ese momento que toda mujer atravesará, está -todavía- rodeado de profundos baches de desconocimiento y de un contexto social negativo.
El mejor ejemplo de la sorpresa que aun despierta esa etapa, es el estudio que se publicó recientemente en la revista médica JAMA (Journal of American Medical Association). Allí se mostró el seguimiento de la salud de 3.300 mujeres estadounidenses hecho desde el año 1996 hasta el 2013.
Y entre otros hallazgos comprobaron que la duración de alguno de los síntomas más comunes de la menopausia -los sofocos y calores- se extendían, en promedio, siete años y cinco meses tras la última menstruación. Incluso, en algunos subgrupos del estudio -como las latinas- el tiempo medio de molestias era de nueve años. La sorpresa fue mayúscula: hasta antes de este estudio se creía que esos síntomas se extendían durante dos años.
El primer dato certero sobre el tema indica que en las mujeres argentinas, en promedio, la menopausia ocurre a alrededor de los 52 años, de acuerdo con Alejandro Hakim, ex presidente de la Asociación Argentina de Controversias en Obstetricia y Ginecología.
Y el segundo hecho clave es que las molestias asociadas a ese fenómeno son muy comunes. “El 80% de las mujeres sufre de síntomas “vasomotores” (sofocos y transpiración) durante esa etapa. Dentro de ese grupo, un 30% las experimenta por un tiempo prolongado”, le explica a NOTICIAS Alejandra Belardo, Jefa de Endocrinología Ginecológica del Hospital Italiano.
Desconocimiento. Pese a que son cifras elevadas, mucha gente todavía sabe poco sobre el climaterio. Según contó la especialista, “es frecuente que lleguen a la consulta mujeres sorprendidas por lo que les está pasando”.
El sofoco es el síntoma que más molesta y el que más preguntas motiva. Y aunque sea materia de alusiones silenciadas y muchos hombres puedan verlo como un tema menor, es necesario definir de qué se trata y entender cómo afecta a la calidad de vida cotidiana de quien los padece.
“Es una sensación de calor subjetiva, que suele estar acompañada de enrojecimiento en la cara y de sudoración. Hay mujeres que además sienten palpitaciones”, detalla Griselda Niedlich, ginecóloga del equipo del Instituto de Diagnostico e Investigaciones Metabólicas (IDIM).
Además, los sofocos toman diferentes formas y modalidades: “pueden ser diurnos o nocturnos. O leves y no afectar ni generar grandes molestias en el día a día. Incluso pueden durar menos de un año”, describe la experta.
Sin embargo, en muchos casos sí afectan a la calidad de vida y ameritan ensayar alguna opción terapéutica.
Diario de sofocos. Lo usual en estas consultas es que entre médico y paciente armen un “diario de sofocos”, para poder decidir en conjunto, entre médicos y paciente, cuál es la mejor opción de tratamiento. Porque hay mujeres a las que las afecta poco y de manera espaciada, pero hay algunos casos extremos en los que se registran hasta 100 episodios semanales. “A veces la mujer puede experimentar muchos episodios nocturnos, y eso le genera trastornos en el sueño y en la calidad de vida. Además las patologías ligadas al sueño también elevan el riesgo de eventos cardiovasculares”, explica Belardo, que también es miembro de la Comisión directiva de la Asociación Argentina para el Estudio del Climaterio (AAPEC).
Estos episodios pueden durar desde unos pocos segundos hasta varios minutos (llegando hasta la media hora). Y muchas veces en momentos claves del día –en el trabajo, por ejemplo- debido a que suelen ser disparados por alguna situación puntual de estrés.
Aunque ese no es el único factor desencadenante: según los expertos, otros pueden ser tomar una bebida caliente (té, café, mate) o alcohol o ingerir alguna comida picante.
Aún no se conoce detalladamente cuál es la bioquímica del sofoco, pero se sabe que ocurre porque el centro termorregulador cerebral, ubicado en el hipotálamo, alberga muchos receptores de estrógeno. Cuando en el climaterio la concentración de esta hormona en el metabolismo comienza a reducirse, el regulador también empieza a actuar en forma errática ante cambios de temperatura externos o internos. “Por eso entrar a una habitación caldeada o tomar un té caliente puede disparar el sofoco”, detalla Niedlich.
Así, el primer consejo que dan los profesionales es ensayar medidas higienico–dietéticas simples: desde hacer cenas livianas a no elegir picantes, pasando por evitar el ayuno hasta no acostarse inmediatamente después de la cenar (para facilitar la digestión). “También hay que evitar el tabaco y hacer actividad física en forma regular pero lejos de los horarios cercanos al sueño. Otro punto importante es mantener el peso controlado -un Índice de Masa Corporal superior a 27 también facilita los sofocos- y elegir para dormir un ambiente refrigerado, entre otras medidas que ayudan a disminuirlos, preservar la calidad de sueño y escaparle al insomnio”, acota la experta del IDIM.
Opciones. Cuando la prevención no alcanza, médicos y pacientes pueden explorar otras opciones. Están por ejemplo las terapias que algunos consideran “alternativas”, como es recurrir a los fitoestrógenos. Hakim las describe como “moléculas de origen vegetal, con débil actividad estrogénica, que en ensayos clínicos demostraron ejercer una pequeña reducción en la frecuencia e intensidad de los sofocos”. Algunos de estos son de venta libre y otros deben ser recetados y –por supuesto- hay un extendido debate sobre su eficacia y/o su efecto placebo”.
En el siguiente escalón está la acción secundaria de algunos anticonceptivos. “Como es una etapa en la que, todavía, muchas mujeres deben aun recurrir a la anticoncepción, es posible elegir algunas pastillas cuya fórmula ayuda a disminuir los síntomas concretos. Es necesario evaluar a cada paciente en particular, para asegurarse de que no hay antecedentes de riesgo cardiovascular u oncológico, en especial de cáncer de mama o de endometrio” detalla Niedlich.
Más adelante en este camino, se abre el sendero de las terapias de reemplazo hormonal, que atravesaron una larga discusión hasta llegar a su actual posición. (Ver recuadro).
“El consenso general de las asociaciones médicas especializadas de todo el mundo, es que el tratamiento por excelencia para manejar los síntomas vaso-motores moderados a severos es la TRH”, detalla Belardo.”No solo es una gran aliada para las mujeres que sufren estas situaciones, sino que -por ahora- no hay ninguna otra molécula farmacéutica aprobada que la supere en eficacia”.
De todos modos, esta opción también requiere una evaluación previa de costo-beneficio. “Hay que determinar a quién dársela y a quien no; cuándo recetarla, por cuánto tiempo y en qué dosis”, enumera la experta. Y los factores básicos de este análisis son, otra vez, la ausencia de patologías oncológicas mamarias o de endometrio, de problemáticas cardiovasculares, trastornos de la tiroides y la buena salud de los huesos.
La experiencia médica indica que las mejores candidatas a usarla son las mujeres sanas, en los primeros años de la perimenopausia. Por otra parte, la recomendación es indicar la menor dosis efectiva y abandonarla en forma paulatina.
Otras molestias. No por ser el más molesto es el sofoco el único síntoma asociado a esta etapa. Otros usuales son irregularidades del período, insomnio, inestabilidad emocional, sequedad vaginal y de la piel y una baja notable en la libido y el deseo. Algunas de estas situaciones pueden tratarse con una molécula conocida como tibolona, un esteroide sintético con débil actividad estrogénica, gestagénica y androgénica que funciona en muchos casos. Se la asocia con una mejora del deseo sexual.
“En el Centro de la Mujer, que funciona en el Hospital Italiano, se organizan charlas gratuitas sobre estas temáticas y en los debates vemos que hay cuestiones sobre las que muchas veces las asistentes no se animan a preguntar. Por ejemplo, acerca de la sequedad vaginal”, describe Belardo. “Por eso en los talleres específicos que armamos muchas descubren que son problemas compartidos y ya eso ayuda a desmitificarlos y –eventualmente- las alienta a buscar alguna solución si el síntoma las afecta”.
Como resume Griselda Niedlich: “Hoy las mujeres ya no están obligadas a bancarse esa etapa. La verdad es que podemos explorar, y encontrar, alguna solución para casi todos los casos. Juntas casi siempre logramos mejorar su calidad de vida”.

 

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