Sociedad / 11 de Octubre de 2015

Svetlana Alexijevich, Premio Nobel de Literatura: ¿Por qué no leerla?

Sí, es desconocida y casi inédita. Pero promete historias profundas y apasionantes. En camino, sus traducciones.

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Nombre difícil, país lejano, libros inconseguibles. La ecuación parece típica de la mayor parte de los Nobel de literatura. El galardón de la Academia Sueca es el “único mundial en que casi el 80 por ciento de los equipos quedan eliminados antes de que suene la música de sus respectivos himnos”, dice Juan Pablo Bertazza en su libro “La furtiva dinamita” dedicado a la historia, polémicas y desaciertos del más criticado de los premios. Y este año no fue la excepción en materia de desconcierto y autores famosos decepcionados.
El jueves a la mañana, en las redes sociales, todos se preguntaban quién era Svetlana Alexijevich (67), distinguida por la Academia a partir de “sus escritos polifónicos, un monumento al sufrimiento y al coraje en nuestro tiempo”.
En Twitter o Facebook, salieron a relucir los méritos indudables de unos cuantos perdedores, el ensañamiento particular de la Academia para con la literatura norteamericana y hasta la teoría de que premiar a una periodista disidente era una manera sesgada (muy sesgada) de ponerle los puntos al incontrolable Putin.
Y sí, el premio Nobel tienen un indudable contenido político. A los académicos suecos les gustan más los escritores comprometidos, críticos, militantes, que los autores pasatistas y millonarios.
Sin embargo, en esta ocasión, parece aconsejable que los prejuicios que tenemos hacia la Academia no se traspasen a la autora premiada. O al menos que, como en otras ocasiones, el Nobel nos sirva para descubrir a un autor de cultura desconocida, inaccesible de otro modo a nuestras lecturas.
Aunque sólo hay un libro de Svetlana
editado en castellano – “Voces de Chernóbil”- el contexto y el contenido de sus otras producciones, según se puede leer en medios especializados europeos, parecen dignos de consideración. Su editorial -Penguin Random House-, por lo pronto, prometió a pocas horas de conocerse el premio, completar en castellano las obras que Alexijevich escribió hasta hoy.
Textos. Svetlana dice que inventó su propio género: la “novela de voces”, un collage en el que da protagonismo al testimonio de los que “no tienen voz”, los verdaderos héroes de las historias de miseria y egoísmo que suceden en el ámbito ex soviético como en cualquier país de Latinoamérica. Allí donde la gran épica barre con las vidas pequeñas de los que nunca deciden realmente.
Esta periodista y escritora bielorrusa dio, con este método, luz a las voces de las mujeres que pelearon en la Segunda guerra, en “La guerra no tiene rostro de mujer”. En “Voces de Chernóbil” los que hablaron fueron los sobrevivientes de una de las tragedias atómicas más graves del siglo XX.
Su último volumen, “El tiempo de segunda mano. El final del hombre rojo”, recoge la experiencia de los soviéticos que deben superar el pasaje de un régimen muy particular en que desarrollaron casi toda su vida a otro, incierto y en transformación constante.
Para nosotros, sus futuros lectores, descubrir a Alexijevich promete ser una aventura más que atractiva. En primer lugar, porque el interés por Rusia, esa tierra incógnita cuyo sistema durante un siglo los capitalistas denostaron y los comunistas defendieron a cualquier precio, crece cada día en historiadores e intelectuales.
En segundo lugar, porque la literatura de Alexijevich se encuadra en una tendencia fuerte de esta época: la de trabajar materiales de la realidad con las herramientas de las ficción. Un gesto en el que el autor asume el oficio de cronista, pero también el de historiador y poeta. La tradición puede ser larga y honrosa. Si recordamos sólo antecedentes más cercanos, es imprescindible nombrar a Ryszard Kapuscinski (modelo de Alexijevich, que ganó el premio que lleva su nombre) o el más reciente Emmanuel Carrère, que con un proyecto parecido cuenta historias íntimas y anónimas.
Como muchos podrán imaginar, los textos Svetlana
Alexijevich no suelen ser bien recibidos en la tierra donde creció. Por eso, la autora reside casi en forma permanente en Alemania. “Respeto el mundo ruso de la literatura y la ciencia, pero no el mundo ruso de Stalin y Putin” declaró, entre otras cosas, al conocer el veredicto de la Academia sueca.
¿Quién es la mujer que pronuncia estas palabras? Muy pronto lo sabremos cuando sus libros comiencen a circular entre nosotros. Además de los mencionados, escribió “Los chicos de cinc”, sobre la guerra de Afganistán y “Cautivados por la muerte” sobre los que no resistieron el fin del régimen soviético.Un abanico que promete experiencias indelebles.

Seguí a Adriana en Twitter: @lorusso10

 

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