Personajes / 13 de Octubre de 2015

Carlos Pedro Spadone: “Evita me dio mi primer trabajo”

Empresario múltiple y eterno hacedor, prepara “La culpa la tuvo el chancho”, un libro en el que repasa su historia de vida.

“Evita me dio mi primer trabajo de mensajero en el correo de la calle Alte. Brown 800, sucursal 34; firmó mi nombramiento antes de morir y recibí la carta a los pocos días. Repartía telegramas; te daban uniforme de invierno muy grueso y un par de zapatos, y otro de verano, muy lindo. Al llegar recibías tu bicicleta para el reparto. Tenía trece años y vivía en Lanús”. Enciclopédico, detallista, memorioso y apasionado por el relato histórico de su tiempo, trasmite una envidiable vitalidad que se sostiene a lo largo de las tres horas de la entrevista. Tiene mucho para decir porque es muchísimo lo que ha hecho y ni miras de llamarse a cuarteles de invierno. Sobreseído tras once años por la causa de la leche contaminada, sabe que tropezones no son caídas y se levanta “reloaded”. Su oficina en Buenos Aires concentra el quehacer del Grupo Spadone; es un bunker para nuevos proyectos –como el puente ecológico que unirá Punta Lara con Los Patos en Uruguay–, donde el pasado es un objeto de culto. Un óleo gigantesco de Eva Perón, de Numa Ayrinhac (1948) –“es la única vez que ella posó para una pintura”– preside la sala de reuniones. Con un discurso analítico aunque vehemente, el empresario peronista y mendocino de General Alvear es el protagonista de la mayoría de sus historias.
Noticias: ¿Por qué se trasladó a Buenos Aires?
Carlos Spadone: Nos vinimos con mis padres; yo tenía 11, mi hermano 7 y mi hermana 14. Papá era un empresario muy importante que llegó a Mendoza alrededor de 1920. Venía de Torino, Italia, con su mujer Margarita Beltramone, que era partera. Puso un comercio de ramos generales; cada vez que voy veo la esquina del negocio. Hoy hay un pequeño kiosco que conserva el techo con guarda de chapa y una cúpula tipo italiana que hizo él. Era un comerciante próspero pero estaba solo, no como yo que hice todo con mi hermano Lorenzo (73); además, tuvo socios que lo estafaron. Lo veía sufrir. Había uno que se llamaba Malaspina y para mí los apellidos son simbólicos; otro se llamaba Lerda, ¡y era un lerdo! En cambio mi padre era una explosión, siempre iba para adelante. Él fundó Spat, la fábrica de conservas de tomate que entre 1930 y 1950 fue líder en el mercado argentino; después se asoció con Miguel Miranda, Presidente del Banco Central entre 1946 y 1947, que más tarde fue nombrado por Juan Domingo Perón al frente del Consejo Económico Nacional; entre otras cosas compraron los ferrocarriles dando lugar al nacimiento de Ferrocarriles Argentinos.
Noticias: ¿Conoció a Miranda?
Spadone: Sí, tenía la fábrica de productos alimenticios Miguelito, en la calle Directorio. Mi padre era inventor; había diseñado una válvula de máquinas sulfatadoras para la viña y silletas con armazón de hierro para hacer monturas. A Miranda –el número uno de Perón en ese momento– le interesó y le dijo: “Dejá todo y venite conmigo”. Nos fuimos a vivir a Lanús e instalamos los talleres. Una cosa que me quedó grabada es que no había tubos de oxígeno para soldar. Típico de mi padre, se enteró de que tenían en el IAPI (El Instituto Argentino de Promoción del Intercambio) y fue a buscarlos a Monte Chingolo. Sin auto, alquiló un mateo y nos fuimos los tres, con mi hermano muy chiquito. Eran más de 30 km, no me olvidaré nunca de esa aventura. Mi padre era muy mayor; cuando nací tenía 65 años.
Noticias: ¿Qué pasó con Margarita Beltramone?
Spadone: Falleció joven de cáncer y no tuvieron hijos. Mi madre llegó a General Alvear a traer a una sobrina. Mis tíos ya vivían en San Rafael, eran chacareros. Vinieron solos para hacerse la América, después mandaron a traer a su hija. Hay algo significativo: mi madre, nacida en una localidad cercana a Torino como mi padre, era una mujer de hierro, con carácter, y se llamaba Juana Dominga, como Perón, pero le decían Nina. Cuando van a Génova para embarcarse no las dejaron subir; faltaban unos papeles de la nena. Zarparon un mes después. El que iban a tomar, el Principessa Mafalda, naufragó en las costas de Brasil, o sea que el destino le salvó la vida. Mi madre vivió hasta los 93 y mi padre murió a los 73 por mala praxis, en el Policlínico Evita de Lanús. Era un tipo fuerte; se había internado para operarse de una hernia.
Noticias: Sus orígenes no fueron humildes, ¿por qué buscó trabajo a los trece?
Spadone: Cuando nos mudamos a Buenos Aires, papá armó una cooperativa con los empleados y puso a Lerda al frente. Mientras organizaba la empresa con Miranda, Miguel se peleó con Eva Perón, se exilió en Uruguay y la sociedad con mi padre quedó nula. Estuvo internado, gastamos mucha plata, vino la gran inflación y el dinero que mandaban de Mendoza se fue diluyendo. Falleció cuando yo tenía 15.
El Grupo Spadone es una megaempresa de familia que integra negocios inmobiliarios en la Patagonia, bodegas, teatro –“Hoy sólo el Lola Membrives que no vamos a vender jamás”–, logística y un par de radios. Fueron dueños del diario La Razón y Jornada de Chubut, con el que mantienen un convenio. Las unidades de negocios se generaron a partir de la patente de lana de acero con detergente Qué linda. “La trabajamos 15 años e hicimos buen dinero; nueve años después de crearla, pude decirle a mi madre que la llevaría a su pueblo y a conocer a Perón. Después armamos una máquina expendedora de jugos, importamos expendedoras de gaseosas, pusimos una fábrica de pastas. Ahí el gobierno de Alfonsín nos compró fideos para las cajas PAN. Pero fuimos más allá; llevamos un proyecto para hacer las cajas completas. Yo era Secretario del Partido Peronista, no obstante fui escuchado. Ganamos la licitación e hicimos mucha plata”.
Noticias: ¿Cómo conoció a Perón?
Spadone: El 9 de julio de 1950. Tenía doce años y era vendedor ambulante. Iba a los actos a vender turrones con La Raulito –¡Yo creía que era un chico!– y me convenció para treparnos al palco. Cuando llegamos al pie, la policía nos agarró y Evita dijo “No, súbanlos”. ¡Vimos el desfile mientras le miraba la cara manchada a Perón! El segundo encuentro fue en Madrid y le recordé aquella anécdota. Trabajé con él hasta 1973, viviendo más en España que acá. Cuando Perón volvió, vine unos días antes. Desvié el avión a Morón, el que tenía que aterrizar en Ezeiza. Se enojó mucho, no había nadie esperándolo; le dije que era para salvarle la vida, pero me contestó “Usted me privó de estar presente con los dos millones de personas que me esperaban, decidió mal por mí”. Eso me lo perdonó pero nunca lo olvidó.
Noticias: Estuvo una década con Menem.
Spadone: De Menem tengo un tema horrible encima: la bodega que le compré, Vinos Menem. Me costó una fortuna y no lo valía. Me conminó a sacarla a flote. Estaba fundida. Hoy sigo poniendo plata. Llevo invertidos 30 millones de dólares. No hay bodega que gane plata.
Noticias: No es su caso con la bodega San Huberto.
Spadone: Tengo 150 hectáreas en Mendoza y otras en La Rioja y hago vino; 8 millones de litros por año que envasamos y vendemos. En algunas líneas cambiamos la plata, en otros varietales tenemos una ganancia del 15%, y en alta gama la contribución es del 40%. Cuanto más arriba está el vino, menor es la venta. Nos pasa con Nina, nuestro Premium, hecho con malbec de viñas de Vistalba, en Luján de Cuyo, la cuna de esta cepa.
Noticias: ¿Cómo va su bodega en China?
Spadone: Está en Huailai. La compré hace 15 años, un poco obligado por la gente del Partido Comunista Chino (PCCh) que es amiga. Es un lugar con baños termales, ríos y cascadas, una zona turística. La bodega está a 134 km de Beijing, cerca de la Gran Muralla. Era del municipio y la construyeron porque los campesinos dejaron de sembrar trigo para dedicarse al viñedo. Dio siempre pérdida porque la manejaban funcionarios que gastaban mucho. Ahora con el presidente Xi Jinping hay economía de guerra. Hoy cuesta más vender vino en China que antes porque se acabó la venta a los funcionarios estatales. Ahora se trata de hacer un vino de buena calidad y precio, que es lo que hacemos.
Noticias: ¿Cuándo fue su primer contacto con China?
Spadone: Tengo que hacer un poco de historia. En 1972 estaba con Perón en Madrid y me contó que irían a verlo 6 miembros del PCCh –debajo de Mao, los más importantes–, algunos intérpretes y empresarios. Comentó que no los iban a dejar entrar a España porque estaba Franco y que no sabía cómo explicárselo a Mao. Le sugerí que se reunieran en París, que yo lo acompañaba. El 18 de abril de 1972 nos encontramos en el Hotel Claridge, en Champs Ellysées. Perón viajó con su mujer, Isabel, el brujo, que le hizo tanto daño al país que no nombro, y yo. Perón dialogó con los chinos dos mañanas. Se habló de reanudar relaciones diplomáticas entre Argentina y China. Y propuso establecer relaciones políticas entre el partido peronista y el PCCh. Los chinitos anotaban todo… ¡Con esa letrita! Yo lo guardé en mi cabeza: los problemas ecológicos, la falta de agua para el 2025. ¡Ni me imaginaba que iba a tener salud para hablar hoy de esto! También se habló de la gran revolución que iba a tener China y de la exportación de sus productos al mundo.
Noticias: ¿Perón viajó a China?
Spadone: Lo invitaron a encontrarse con Mao y yo lo acompañaría. Pero el brujo lo convenció para que no fuera. Decidió que me quedara a cuidarlo y viajaron él, Isabel, Norma López Rega y Gloria, la hija de Oscar Bidegain, que sería gobernador de Buenos Aires. El viaje fracasó porque el brujo pidió plata para Perón diciendo que no tenía para vivir… ¡Una cosa horrible de este imbécil! Así fue cómo Perón no vio a Mao, yo tampoco y me perdí la foto de mi vida, la de Mao con Perón. Recién fui en 1983, presenté la lana de acero con detergente y firmamos un convenio para fabricar allá productos de limpieza. La historia es larga; la cuento en un libro que estoy escribiendo, “La culpa la tuvo el chancho”. Volví con la idea de tener una Cámara para relacionarnos con China. En aquel momento había un señor más político que empresario, Basilio Serrano, que fundó la Cámara Argentino China de la Producción, la Industria y el Comercio. Julio Werthein fue presidente por 25 años y yo desde 2010.
Noticias: Los griegos distinguían entre ocio y negocio. ¿Usted?
Spadone: De ocioso no tengo nada. Juego al golf en enero y febrero, veraneo en mi casa de Punta del Este. Ahora que tengo avión –se lo compré al hijo de Yabrán– en San Fernando, vuelo a las bodegas, sin interrumpir mucho las vacaciones. Cuando estamos en Buenos Aires, voy al cine con mi mujer Graciela (71). Cuatro de mis cinco hijos trabajan en la compañía: Sergio (48) desde China –hace 14 años que está radicado en Beijing y habla chino mandarín–, Leonardo (45), Alejandro (37) en diferentes áreas y Lisa (39) al frente del teatro Lola Membrives. Ariana (46) es psicóloga y trabaja con los chicos de las villas. Con una docena de nietos y la nieta número 13 por venir, Graciela está muy ocupada con ellos y conmigo. Desde que nos casamos, hace 49 años, nunca me compré ropa; cada mañana me pregunta si salgo de traje o de sport, y me acomoda todo sobre la cama. Lo único que elijo son los zapatos.

 

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