Opinión / 7 de febrero de 2016

Macri: relato del vacío

Representa bien a una mayoría harta de los relatos truchos de la hipermodernidad K. Regreso posmoderno, pragmatismo y new age.

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Cuando en 1983 Gilles Lipovetsky publicó “La era del vacío”, además de describir por primera vez el paso de la modernidad a la posmodernidad en Occidente, provocó una duda tremenda entre muchos intelectuales: ¿era un libro a favor o en contra de lo que describía?
Ni a favor ni en contra, Lipovetsky investigó con mirada crítica a esa sociedad que dejaba de lado la creencia en los mega relatos de la modernidad como las grandes ideologías, los Estados nacionales y las ideas fuertes. El filósofo francés estudió a esas sociedades que se sublevaban frente al “imperio de lo verdadero” impuesto por la racionalidad moderna y comenzaban a reivindicar sin pudores el goce individual, la frivolidad consumista, las religiones alternativas y el pragmatismo ideológico.
En la Argentina, como en la mayoría de los países no desarrollados, el fenómeno tardó en derramar. Fue recién en la década del ’90 cuando el menemismo representó la traducción local de ese cambio histórico. Entonces, el peronismo dejó de ser la ideología dura que combatía al capital y enarbolaba el revisionismo histórico, para licuarse con los relatos típicos del liberalismo: economía abierta al mundo y héroes históricos sin distinción de banderías.
Menem representó los deseos de una mayoría que quería vivir y sentir como quienes vivían y sentían en el Primer Mundo. Así, sin pecado concebido, expuso la frivolidad como señal de época, reivindicó el pragmatismo como instrumento de gestión (capaz de mezclar una intervención nunca vista del Estado en el mercado, como la Convertibilidad, con una apertura ultraliberal de las importaciones), el hedonismo como derecho individualista y el indultó a dictadores y guerrilleros para demostrar que la caída de los grandes relatos también implicaba el fin de los grandes demonios.
Eso fueron los ’90, pero al iniciarse el nuevo siglo el mundo posmo estalló. La caída de las Torres Gemelas simbolizó el fin de era y lo que comenzó fue distinto de todo lo anterior. Bin Laden y los grupos fundamentalistas reflejaban el avance de cierta religiosidad medieval premoderna que empezaba a extenderse por Europa, pero también regresó la modernidad de los Estados fuertes y la preocupación por el futuro desplazó al dogma posmoderno de no ver más allá del presente.

Lipovetsky comenzó a hablar de hipermodernidad, porque no encontró otra forma de definir a ese nuevo mundo que unía premodernidad, modernidad y el rastro indeleble de lo posmoderno.
Creo que el kirchnerismo fue la representación argentina de los tiempos hipermodernos. Y Cristina su máxima exponente. No por sí, sino –otra vez- como encarnación funcional de una nueva mayoría social. Tomó algunos conceptos de la modernidad (como la construcción de un gran relato) pero pasados por el tamiz frívolo de la posmodenidad. Cruzó a Evita y la juventud maravillosa setentista con Louis Vuitton y la militancia rentada. No tuvo (ella y ese sentimiento social por entonces mayoritario) la despreocupación que tuvieron los posmodernos con el pasado, pero jamás desdeñó el goce del presente y el buen pasar económico. Fue narcisista como los posmos, pero con la pasión política de los modernos. Retomó el hit modernista de la Verdad, pero desde la noción premoderna de que ella era la dueña mitológica de ese valor. Entonces, la Verdad fue una verdad relativa (la de los periodistas militantes, la del INDEC) y las ideologías férreas de los setenta mutaron en la remera de La Cámpora estampada en el corazón de Vicky Xipolitakis. Moderna sí, ma non troppo.
Esa hipermodernidad cristinista encontró bien predispuesta a una mayoría social que ya estaba harta de la liviandad explícita de los ’90. Pero ese tiempo también llegó a su fin, incluso antes de que llegara a su fin el mandato de Cristina.
El hecho de que los tres candidatos más importantes que surgieron a partir de 2013 para competir por la sucesión presidencial fueran Scioli, Massa y Macri, revelaba una tendencia de la sociedad a escaparse de los relatos más duros de la “década ganada”.
Sus discursos marcaron una suerte de regreso al relato posmoderno que reinó durante el menemismo, no tanto por sus valores políticos, pero sí por su espíritu filosófico. Se dejó de lado la imprescindibilidad de un relato superior para privilegiar relatos de corto plazo pero más utilitarios (seguridad, felicidad, deporte).
Ahora, tras estos dos meses de gobierno, Macri demostró ser el máximo ejemplo de esta época más líquida.
Baila y canta en el balcón de la Rosada. A las dos semanas de asumir se va diez días de vacaciones. Sienta a su perro en el sillón presidencial. Elige animales y paisajes para los nuevos billetes. Encarga una limpieza energética con tono new age. Sube a Instagram una foto de sus pies con un buda detrás. No tiene ni grandes ni largos discursos: aparece para anunciar cosas concretas o para alguna escenificación puntual (sobrevolando una inundación o mostrándose en el Primer Mundo de Davos). Aun como presidente reconoce que su vida no empieza ni termina en la política. Y se fotografía siempre que puede mostrando la imagen de un hombre feliz junto a su bella esposa y su adorable hija.
Macri no es sólo Macri. Es una nueva encarnación de una mayoría social que se ve representada por lo que él actúa y por este nuevo sentimiento de época.
Zygmunt Bauman habla de modernidad líquida y entiende que la felicidad pasó de ser objetivo general de la humanidad como un todo, a convertirse en el deseo aspiracional del individuo. Y ese deseo se transforma en una búsqueda activa, en algo trascendental para la persona, más allá de lo trascendental que pueda ser para el resto.
Macri no tiene dogmas ideológicos, esa es su ideología. Se mueve como un gerenciador que se jacta de elegir una solución u otra según las circunstancias. Igual que el hombre líquido de Bauman, que ajusta su identidad a cada momento, a las nuevas condiciones, nuevas oportunidades, nuevas promesas. Joseph Nye, otro pensador en línea con Lipovetsky y Bauman, habla de la diferencia entre el poder duro y el poder blando. Uno opera por imposición, el otro por seducción. En realidad, Nye propuso una estrategia que Clinton primero y Obama después compraron para Estados Unidos: el “smart power”, una combinación de dureza y blandura para relacionarse “inteligentemente” con el mundo.
Macri no es blando en el sentido de no implementar medidas drásticas (salir del cepo, borrar las retenciones, echar a empleados públicos), pero sí en sus formas y en su recurrencia a avanzar y dar marcha atrás incluso con decisiones políticas relevantes. Como si creyese que su imagen de administrador no se ve afectada por probar, fallar y retroceder, sino por lograr o no los objetivos que se propone.
Si en la hipermodernidad de Cristina, la frivolidad y el hedonismo intentaban ser encubiertas por disfraces modernistas (el modelo) en esta posmodernidad retro el “vacío” es un relato en sí mismo.
Parafraseando las dudas que surgían tras la aparición del célebre libro de Lipovetsky sobre si era una defensa o un ataque a ese tiempo, esta mirada tampoco intenta ser ni una cosa ni la otra. Es el tiempo que nos ha tocado, aunque no por imposición divina.
Macri, junto a esa amplia mayoría que también integra una parte del electorado de Scioli y Massa, representa al “Homo clausus” argentino que hoy aparece más cerrado a la necesidad narrativa de hallar futuras soluciones colectivas y absolutas (como en los setenta, como en el relato K), pero sí está urgido por encontrar respuestas a sus problemas inmediatos y personales.

Los sobrevivientes de la hipermodernidad (kirchneristas, intelectuales de la llamada izquierda o cierto electorado de Carrió) acusan a Macri (e implícitamente a la sociedad que se siente representada por este regreso a la posmodernidad) de manejarse con egoísmo individualista y construir universos políticos vacíos.
Se podría decir que, más que una acusación, es una descripción más o menos objetiva de lo que le pasa a esta nueva alianza multiclasista encarnada mayormente en el macrismo y que cruza en distintas proporciones a las distintas clases sociales. También se podría decir que esta nueva mayoría se cansó de la mirada unidireccional del amigo-enemigo para preferir un presente menos confrontativo y que aprendió a desconfiar de los discursos de la década ganada que parecían profundos, pero eran solo huecos.
Macri (como antes lo fueron Perón, Alfonsín, Menem, los Kirchner) es la mejor representación de este tiempo o, por lo menos, de las mayorías relativas que comienzan a dominar el discurso y la cultura de este tiempo.
No llegó donde está por su dinero, su Durán Barba, sus talentos, sus equipos de campaña. No sólo por eso. Llegó porque estuvo en el lugar indicado en el momento justo para que este nuevo sentimiento de época (el Tigre de la Historia, diría Perón) se lo llevara puesto.
Pero llegar, llegó. El problema sería si ese imaginario que lo arrastró hacia ahí comprueba que la fiesta que promete la posmodernidad retro de Macri es con la luz apagada, porque no da para pagar la cuenta.

*Director Periodístico de Editorial Perfil.

Seguí a Gustavo en Twitter: @gonzalezenzona

 

12 comentarios de “Macri: relato del vacío”

  1. Montado en el per saltum, a espera que se limen asperezas si las hay, y lejos de los que seguro estan ansiosos, por ir dejando alguna piedra en el camino, o palos en la rueda. Señores Macri y Massa, quien ya casi vencido por tanto insistir, por una nueva Argentina, con trabajo, y el camino de la Gran esperanza de ver a nuestros niños y jovenes, en plena libertad, sin la obligacion de responder al Regimen, quien cobardemente trato de perturbar justamente, la Mente y los Sentimientos de aquellos niños y jovenes. Que Dios los bendiga.
    Les dejo un gran abrazo

  2. “Me siento peronista, pero no estoy afiliado al partido”
    El ex concejal Roberto Sukerman pasó por Mesa de Diálogo y habló de cómo superar desafíos personales influyó en su accionar político, de su experiencia como candidato a intendente y, desde adentro del kircherismo, marcó errores del gobierno anterior. + = Para Alberto Botto (Luz y Fuerza), el plenario “será, para el movimiento obrero, uno de los más importantes en los últimos años”. Y enfatizó que la premisa es “ser solidarios con los trabajadores más allá de su origen, porque esto empezó con los estatales pero ya lo sufren los privados”.
    CHeeeeeee, Que flor de resaca compañeros, se erigen sin temblarle la cara de Verguenza, , Esta banda, perdon, esta se la nueva Columna Vartebral del Movimiento Obrero Organizado. Pido disculpas por tomar prestado los titulos e informes de un portal de Santa Fe.
    Quiero como final y testimonio historico, Esto pais,….. simplemente esto pais …….
    La causa del pueblo exige nada más que hombres del pueblo que trabajan para el pueblo, no para ellos.
    En esto se distinguen los ambiciosos; en que trabajan para ellos; nada más que para ellos.
    Nunca buscan la felicidad del pueblo; siempre buscan más bien su propia vanidad y enriquecerse pronto.
    El dinero, el poder y los honores son las tres grandes “causas” los tres “ideales” de todos los ambiciosos.
    No he conocido ningún ambicioso que no buscase alguna de estas tres cosas…
    O las tres al mismo tiempo.
    Los pueblos deben cuidar a los hombres que eligen para hacer sus destinos…
    Y deben rechazarlos y destruirlos cuando los vean sedientos de riqueza, de poder o de honores.
    La sed de riquezas es fácil de ver.
    Es lo primero que aparece a la vista de todos.
    Sobre todo a los dirigentes sindicales hay que cuidarlos mucho.
    Se marean también ellos y no hay que olvidar que cuando un político se deja dominar por la ambición es nada más que un ambicioso; pero cuando un dirigente sindical se entrega al deseo de dinero, de poder o de honores, es un traidor y merece ser castigado como un traidor.
    El poder y los honores seducen también intensamente a los hombres y los hacen ambiciosos…
    Empiezan a trabajar para ellos y se olvidan del pueblo.
    Esta es la única manera de identificarlos… y el pueblo tiene que conocerlos y destruirlos.
    Solamente así, los pueblos serán libres… porque todo ambicioso es un prepotente capaz de convertirse en un tirano.
    ¡Hay que cuidarse de ellos como del diablo!

    EVA PERÓN

    Les dejo un gran abrazo.

  3. Creo que ante esta situacion heredara, sin dudas , deberian conformar un Comite de Crisis Economica de Etica y Moral, para que todos los sectores, inclusos de jubilados, de la mano, no separados, aportar y sin egoismo a conformar una Nueva Argentina, la del Progreso y en Paz. Les dejo un gran abrazo.

  4. Con el maxino respeto y con cariño, si asi lo prefieren, les dejo una humilde sugerencia a quienes sin quererlo o no ?, se anotan en actitudes de sediciosos, o revoltosos, orientados tal vez por el regimen, que con el nefasto a la cabeza , apoyado por el dirigente Calo, se burlaron y traicionaron, a los compañeros trabajadores de Parana Metal, a los que dejaron ” enganchados ” del pincel, y se quedaron sin trabajo, alli tendrian que estar, apoyando y que los responsables paguen con sus bienes , y despues este Gobierno , medie, para la puesta en marcha de otra fuente de trabajo, si asi lo hicieren señores destituyentes , que Dios les despierte la mente, por una Argentina Progresista, que pueda cumplir el deseo de todos o casi todos, Pobreza Cero. Les dejo un gran abrazo.

  5. Un texto con referencias histórico-filosóficas de nuestros últimos veinte años… demasiado profundo para la mayoría de los argentinos, se ve en los comentarios: pobres, pobres, fuera de contexto, sin capacidad para observar que describe críticamente las líneas de pensamiento y acción de ambos bandos…
    Pobre el que escribe… sus lectores reales están a años luz del lector ideal.

    1. Gracias Cintia Mansilla por tus criticas a nuestros pobres comentarios,trataremos de superarnos y fuera de contexto anda a bañarte.

  6. ¡¡Mucha cháchara!! Se debería tener más respeto por la institución presidencial, hay que dar más tiempo a un gobierno que se encontró con una caja de Pandora: con clavos “Miguelito”, granadas y misiles antiaéreos. Viéndolo desde el punto de vista de un afectado por las políticas neoliberales del turco, del tarado que tenía dos pendejos nada bolú, del “que depositó dólares, recibirá dólares”, y del matrimonio que se enriqueció en la misma medida que yo me empobrecí , creo, que ante la posibilidad de tener un mandatario que en su paso por la ciudad de Buenos Aires, demostró honestidad, trabajo y empeño por solucionar los problemas de los porteños, pongo mi esperanza en una mejora de la situación del país y por ende, en la de mi familia y la mía propia. Si esta vez me fallan, seguramente no tendré muchas más posibilidades de ver mi sueño concretado, el de un país grande con ciudadanos dignos. Tal vez sea un sueño, pero, admito que a esta edad todavía tengo sueños, espero no equivocarme.

  7. Esperaba un relato de riquelme por lo de vacio y mal bicho,hablando de mal bicho,el K Sola que dice que hay que ayudar el gobierno vive hablando en contra,que la soja,que la inseguridad,que los contratos pesqueros,un tipo que puso a un ingeniero agronomo a cargo del Ministerio de Seguridad no puede hablar,como bien kisnerito tiene miedo,con Macri desparecen,tranquilo Sola,ya desaparecieron.

  8. Y pensar que tuvo 12 años de egoismo y locura, con actos desbordados de egolatria y amenazas, en el patio interno de la Rosada, El presidente, recorre todo el Pais, para conocer in situs cuales son las necesidades de los Argentinos. y sin cadena nacional. Les dejo un gran abrazo.

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