Costumbres / 13 de febrero de 2016

Un verano de novelas

Desde el mes de enero en adelante, la TV se puebla de romance nacional y extranjero.

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LEONA. La sociedad de Nancy Dupláa y Pablo Echarri calienta las noches de Telefe con su química innegable.

Hace tiempo ya que el verano dejó de ser una zona vacía en la grilla de la televisión, llena de repeticiones para un público que se presumía de vacaciones. Al contrario. El verano se ha convertido en una suerte de temporada alternativa, ideal para probar productos nuevos y medir las reacciones del espectador. Esto no pasa sólo en la televisión. El teatro en Buenos Aires está que arde y el cine se pone todas las galas para los estrenos de los premios Oscar. Una curiosidad de este verano, sin embargo, es el éxito de las telenovelas –por favor, no las llamemos “culebrones”, no se lo merecen– que están proliferando como nunca prácticamente en todos los canales, y gracias al fervor inoxidable que despiertan desde hace décadas, en muchos casos lideran las mediciones de audiencia.
Novedades. Dos estrenos locales han convocado el interés del público, con elencos formidables y generosos. “Los ricos no piden permiso” (de Marcos Carnevale y equipo) atrae desde el mismo título con alguna reminiscencia de éxitos históricos, como “Dallas” o “Dinastía”. Ahí aprendimos que es fascinante ver cómo viven los ricos y disfrutar de sus problemas, tan diferentes de los nuestros, pero problemas al fin. La novela de Pol-ka tiene todo lo que debe tener: una familia rica con una madre alcohólica y mala (Norma Aleandro en una versión libre de su papel en “Agosto”, de Tracy Letts), un testamento dudoso, un hijo sensato pero amargado, una hija un poco loca y un tercer hijo de vida disipada que anda siempre con anteojos oscuros. En las novelas argentinas los malos andan siempre con anteojos oscuros. Y más: la maestra, el capataz, el intendente, la matriarca (Leonor Benedetto), la mucama graciosa, la mucama misteriosa, y un plan que puede llegar a ser siniestro.
El otro estreno nacional es “La leona”, una producción de El Árbol con libros de Pablo Lago y Susana Cardozo. Pablo Echarri y Martín Seefeld, los productores, cuentan con Gustavo Marra, un hombre que logra aportar belleza y sofisticación al producto, tal como lo hizo en ocasiones anteriores. Esta novela es más ambiciosa: a la manera de las grandes piezas literarias del siglo XX, comienza con la historia de los abuelos de los protagonistas, y la trama incluye asuntos de trabajo: hay una fábrica textil, obreros y delegados. Un broker despiadado que piensa apropiarse y vaciar la fábrica, en la piel de Miguel Ángel Solá, con la misma problemática de Kelsey Grammer en “Boss”, una serie americana producida por el mismo Grammer, que no tuvo mucho éxito, tal vez por lo desgarradora e irreversible de su historia.
Mientras tanto, las novelas turcas han comenzado a brotar en cada rincón que quedaba libre en ambos canales y han alcanzado un protagonismo tal vez inesperado. “¿Qué culpa tiene Farmagul?” mide lo mismo que “Los ricos…” y a veces unas décimas más. Junto con “La leona”, en Telefe, califican como éxitos “Sila” y “Esposa joven”. Además, se están repitiendo novelas del año pasado, como “Avenida Brasil” y “Dulce amor” con buenas mediciones.
Hay algo en las novelas turcas que atrapa al espectador, a pesar de los doblajes y los nombres impronunciables. A diferencia de las locales, son historias clásicas, con argumentos más sencillos. Pero muestran un universo tan ajeno, en las tradiciones y en la misma arquitectura, que remontan al mundo fantástico de los cuentos de hadas. El mejor ejemplo ha sido “Las mil y una noches”, que convirtió una leyenda milenaria en una historia actual y vigente, y se dio el lujo de hacer poesía.

 

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