Salud / 8 de agosto de 2016

¿Tiene base científica la satanización del gluten?

Alan Levinovitz, autor de “La mentira del gluten”, toma investigaciones científicas y desmitifica las dietas que evitan los carbohidratos.

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Los individuos predispuestos genéticamente, para quienes el gluten y las proteínas relacionadas con este les provoca una relación autoinmune y peligrosa son muchos. Los síntomas varían de un rango muy amplio, desde un dolor gastrointestinal agudo y erupciones en la piel, hasta el riesgo creciente de ciertos tipos de cáncer, infertilidad y desórdenes neurológicos. La investigación sugiere que casi uno de cada cien norteamericanos (tres millones) quizás estén afectados por la enfermedad celíaca (EC). De estos, solamente el 17 por ciento son diagnosticados, lo cual significa que 2,5 millones pueden vivir con la enfermedad no diagnosticada. Además de eso, un número un poco mayor de personas que no tienen la EC pueden experimentar los síntomas después de ingerir gluten, por lo general dolor en las articulaciones, fatiga, mente brumosa o entumecimiento en las extremidades. Esto se conoce como sensibilidad no celíaca al gluten.
Pero aun las dos enfermedades no explican el asombroso predominio del sentimiento antigluten. De acuerdo con los analistas de la industria, casi uno de cada tres estadounidenses quiere dejar el gluten o evitarlo por completo. Esto significa evitar todos los alimentos hechos con trigo o granos del mismo tipo, lo cual requiere un serio sacrificio.

¿Por qué son más de 80 millones los estadounidenses sin EC ni SNCG dispuestos a sumarse a este régimen dietético tan difícil y costoso? El brote más actual del interés por esto puede rastrearse en la masiva influencia de los doctores William Davis y David Perlmutter, autores de exitosos bestsellers, Wheat Belly (Panza de trigo) y Grain Brain (Cerebro de pan), respectivamente. De acuerdo con Davis y Perlmutter, evitar el gluten no es solo para la gente con EC o SNCG. Sus chocantes teorías afirman que los granos que contienen gluten causan o exacerban una larga lista de padecimientos: TDAH (trastorno de déficit de atención e hiperactividad), Alzheimer, artritis, cáncer, enfermedad cardíaca, obesidad, esquizofrenia y muchos otros más, por los que nunca te habías preocupado.

Ambos libros argumentan que la corriente principal de médicos y el Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA), metidos desde hace mucho en el bolsillo de la industria alimentaria, se han vuelto cómplices en el más grande escándalo de salud desde el tabaco. El pan, la esencia de la vida, es en realidad la esencia de la muerte. La ciencia, dicen ellos, es clara: cada vez que tomas una cerveza o comes una tortilla de harina te estás envenenando a ti mismo con una toxina más adictiva y peligrosa que la cocaína. Exhibiendo un impresionante conjunto de citas, y llenos de términos como leptina y gliadina, los libros rebosan de integridad científica igual que tu panza de trigo rebosa sobre tu cinturón. No es de extrañar que tantas personas estén interesadas en cortar con el gluten.

Para unos, la reciente satanización del gluten se parece sospechosamente a la equivocada satanización de los organismos genéticamente modificados (OGM). Al instante, dos médicos se convirtieron en consentidos de los medios, a pesar de no ser líderes en sus campos profesionales ni muchos expertos en la ciencia de la nutrición (Davis es cardiólogo, Perlmutter es neurólogo). No te equivoques, pese a sus credenciales, estos hombres son sensacionalistas, no científicos. A pesar de las citas y la jerigonza, sus libros están llenos de hipérboles no científicas, mañosas y manipuladoras diseñadas para asustarte con la basura que llevas dentro y hacer dinero para los autores. Lo que es chocante no son sus teorías, sino que tanta gente los tome en serio.

Conocer el poder del mito ayuda a explicar la credulidad de los lectores. Las primeras máximas tanto de Davis como de Perlmutter son inquietantemente similares, como si hubieran sido tomadas de un manual maestro de un pseudocientífico fabricante de mitos. Cada uno refuerza la mentira de que el pasado era mejor –más seguro, más sano- que el presente. Davis y Perlmutter falsifican notoriamente la realidad del pasado; y ellos no son mejores en el presente. Dicho de la mejor manera, ambos libros son recopilaciones de especulaciones sin fundamento, datos tomados de aquí y de allá, e hipótesis soberbias. Dicho de la peor manera, ellos son el equivalente de la negligencia médica, que lo único que deberían conseguir como autores es el vituperio de sus colegas profesionales.

Llegando a la verdad. Los médicos que en la actualidad se enfocan en el bienestar de sus pacientes no recomiendan un desgaste de energía y de dinero en una dieta de eliminación innecesaria. En una colección de ensayos sobre el tema, publicada bajo el título de “Una guía clínica para los desórdenes relacionados con el gluten”, los autores recomiendan confirmar el diagnóstico de EC antes de “embarcarse en un tratamiento que puede ser gravoso de seguir y aumentar de forma significativa el costo de vida”. En el prólogo de “Una guía clínica” se describe la teoría de que el gluten contribuye al Alzheimer y a la esquizofrenia como “particularmente controvertida”. Y ahí mismo se enfatiza que muchas “fantasías” están asociadas con la sensibilidad no-celíaca al gluten, y recomienda aproximarse a la condición con cautela y enfoque científico.

De acuerdo con estos expertos, las conclusiones como “Panza de trigo” y “Cerebro de pan” son prematuras e irresponsables. No convencen porque se basen en la voz de la ciencia, sino porque refuerzan mitos poderosos y prometen soluciones simples a una variedad de problemas de salud.

Es crucial desenmascarar a estos libros y al imperio que han engendrado; no solamente para reinstalar en lo correcto los datos científicos, también porque el alarmismo retórico puede hacer que la gente se enferme física y mentalmente. Una minoría significativa se beneficia de la dieta libre de gluten. Pero para cualquier otro, exagerar el peligro que adjudican al gluten no es simple especulación, es activamente perjudicial. Irónicamente, la ansiedad acerca de lo que comes puede producir precisamente los mismos síntomas que están ligados con la sensibilidad al gluten. Satanizar la comida puede contribuir al desarrollo de los desórdenes alimentarios.

¿Por qué nos tragamos la farsa? A principios del 2000, empezó a esparcirse el rumor de los males ocasionados por el gluten contenido en los granos, en particular entre quienes sufrían de problemas crónicos de salud. La lógica era simple y completamente irracional, nacida de la desesperación: si una cura opera milagros en un caso, entonces debería hacerlo en otros. Las personas que intentaban tratar sus propias condiciones crónicas de salud se cruzaron con teorías que pregonaban las dietas libres de gluten como la solución para cualquier problema de salud imaginable. Circularon anécdotas esperanzadoras de niños cuyo autismo y problemas de lento aprendizaje se habían resuelto con dietas libres de gluten; lo que no era una ocurrencia poco creíble, ya que cuando no se diagnostica la EC pueden presentarse síntomas que incluyen dolores de cabeza, entumecimiento, convulsiones, tristeza y desórdenes de conducta.
Mientras tanto, los gurús de la dieta vieron la oportunidad de rehabilitar la muy popular dieta de Atkins, baja en carbohidratos, valiéndose de nuevos mitos y de un nuevo villano. En 2003, el médico naturista Joseph Mercola causó sensación en internet cuando publicó “La dieta sin granos: vence tu adicción a los carbohidratos y permanece delgado durante toda tu vida”. Mercola –que se oponía a la vacunación y recibió numerosos oficios de advertencia de la FDA- llenó su libro con especulaciones acerca de los peligros de los granos y el gluten, especialmente en la cintura.

Todo esto fue suficiente para mantener la bola rodando, pero la popularidad de lo libre de gluten realmente explotó cuando las figuras sagradas empezaron a adoptar la dieta. No, no los doctores famosos: las celebrities.

Sin embargo, para médicos y científicos los cuentos de las dietas milagrosas son producto de la deshonestidad, no de la celebración. En muchos casos, elminar el gluten es solo el pretexto para cocinar en casa y abandonar la comida chatarra. Nadie quiere abandonar las comidas que le gustan. Pero cuando la pérdida de peso en sí misma no es suficiente motivación, pensar que tus comidas favoritas causan autismo, cerebro nebuloso y Alzheimer, puede ser el impulso que necesitas para hacer cambios positivos en tu dieta.

Los expertos están enterados del poder que ejercen tanto el efecto placebo como su opuesto, el efecto nocebo. El primero ocurre cuando la expectativa de beneficio (no de valor terapéutico) produce un resultado positivo en un tratamiento en particular. Acupuntura, analgésicos, antidepresivos e incluso algunos tipos de cirugía: los estudios han demostrado que la gente responde bien a falsas versiones de estas intervenciones, reportando que los síntomas se aliviaron cuando las agujas de la acupuntura no penetran en la piel, las píldoras son de azúcar y la cirugía es una farsa.

El efecto nocebo se documentó por primera vez cuando los pacientes que recibían píldoras falsas terminaron sufriendo efectos negativos colaterales, porque ellos esperaban que las píldoras pudieran hacerlos sentir mal. En una revisión de 2013, cuatro expertos escribieron que aun cuando probablemente exista la sensibilidad fisiológica no celíaca al gluten, en un promedio de 0.63 a seis por ciento de la población general, en muchas circunstancias la sensibilidad no celíaca al gluten es un padecimiento imaginario causado por el efecto nocebo en la ingestión de gluten. Ellos también enfatizaron la probabilidad de que las dietas de eliminación puedan productir un efecto placebo. La investigación sugiere que los efectos placebo se incrementan cuando el tratamiento es de marca, costoso y altamente ritualizado. Las dietas libres de gluten (y más aún las de eliminación) por lo general encuadran en todos estos criterios. 

*Autor de “La mentira del gluten”, Editorial Planeta.

 

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