Economía / 28 de agosto de 2016

Macri, como jamón del sándwich entre la CGT y el Council of Americas

El Gobierno percibe la presión de la central obrera reunificada y las dudas de los empresarios a la hora de invertir.

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El jefe de Gabinete, Marcos Peña, en el Council of the Americas. Foto: Eduardo Lerke.
El jefe de Gabinete, Marcos Peña, en el Council of the Americas. Foto: Eduardo Lerke.

El Gobierno de Mauricio Macri fue esta semana el jamón del sándwich. De un lado, la CGT reunificada el lunes 22 después de cuatro años de división. Del otro, los empresarios reunidos el jueves 25 en el encuentro anual porteño del Council of the Americas, organización empresaria continental, que fueron a escuchar al jefe de Gabinete, Marcos Peña, y a tres ministros al hotel Alvear, pero que le retacean las inversiones. En el medio, un jamón que a veces parece crudo, sobre todo por la inexperiencia gubernamental de algunos CEO, pero también de ciertos políticos.

En el Lobby Bar del hotel, un ejecutivo de una gran compañía norteamericana explicaba que en el mundo de los negocios hubo una “sobreexpectativa” por el final del kirchnerismo en diciembre pasado, le sorprendió gratamente la victoria de Macri, se entusiasmó, pero ni los proyectos de inversión se arman de un día para el otro, ni mucho menos se concretan rápido ni el nuevo Gobierno ha podido cambiar tanto el modelo económico. “Yo ya el año pasado le advertí a la casa matriz que esto es Argentina”, añadía el empresario mientras desfilaban por el auditorio del Council los ministros de Producción, Francisco Cabrera, y de Modernización, Andrés Ibarra. El que pegó el faltazo fue el más esperado, el de Energía, Juan José Aranguren, justo una semana después de que la Corte Suprema le rechazara el tarifazo del gas por la falta de convocatoria de audiencias públicas previas. El inversor duda tras la impericia del Ejecutivo para aplicar un aumento que se anunció en febrero y que sólo se aplicaría en octubre, después del desgaste que la oposición y las asociaciones de consumidores le propinaran en la audiencia del 16 de septiembre.

“Sin duda no es una buena señal que se haya retrasado el aumento”, comentó el dueño del grupo papelero Tapebicuá y hermano del gobernador salteño, José Urtubey, que estaba sentado en la primera fila del público, junto con la presidenta de la entidad, la estadounidense Susan Segal, el supermercadista Alfredo Coto y el petrolero Alejandro Bulgheroni. “En alguna medida, el Gobierno está reconociendo su falta de planificación, cierta improvisación. La Corte dio certeza de que hay que cumplir los pasos legales previstos”, disparó Urtubey, aunque también confió en que llegará la inversión, que en el primer semestre cayó 4,2% respecto del mismo período de último año de gobierno de Cristina Kirchner, según la consultora Ferreres. “Las inversiones llevan un proceso previo de análisis. No es que no vayan a venir a Argentina sino que no tienen un proceso inmediato de aplicación frente a un nuevo gobierno”, opinó Urtubey.

Un diplomático europeo confiaba en el lobby del hotel que acabarán llegando las inversiones, pero “durante el mandato”, es decir, en los próximos tres años. El Banco Europeo de Inversiones (BEI) volverá a prestar a Argentina y así lo contará su vicepresidente, Román Escolano, que vendrá al Foro de Inversión y Negocios que organizará el Gobierno entre el 12 y el 15 de septiembre en el Centro Cultural Kirchner. En el mismo lobby, un ejecutivo de una empresa alemana se mostraba menos optimista: “No hay mucha inversión. Hay poco movimiento. Si no hay inversión de los argentinos, ¿por qué los tontos extranjeros vamos a invertir? Todo el mundo espera a que repunte la economía y baje la inflación”.

En crisis

La actividad económica cayó 4,3% en junio. La inflación llegó en julio al 42,8% interanual, según la provincia de San Luis, la única que la mide frente a 2015, o al 47,2%, según la ciudad de Buenos Aires. El desempleo se conoció este martes, después de diez años de estadísticas manipuladas: 9,3%, uno de los niveles más altos de Latinoamérica. El salario terminará el año con una pérdida de poder de compra de los empleados en blanco de entre el 4% y el 7%, calcula el Centro de Investigación y Formación de la República Argentina (CIFRA) de la CTA de los Argentinos.

Pero no es la CTA sino la CGT la que esta semana se reunificó y se jactó de representar al 80% de los trabajadores. Se acabaron las divisiones entre la CGT kirchnerista del metalúrgico Antonio Caló y las anti K del camionero Hugo Moyano y el gastronómico José Luis Barrionuevo. Claro que tampoco hay una conducción unificada: dirige un triunvirato integrado por el diputado massista y dirigente de Sanidad Héctor Daer, hermano del ex jefe de la CGT Rodolfo; el legislador bonaerense también massista y gremialista de las estaciones de servicio Carlos Acuña y el moyanista y representante de los operarios de dragados Juan Carlos Schmid. Claro que dos días después de que los tres asumieran y 24 horas antes de la primera reunión del consejo directivo, Moyano compartió un amistoso almuerzo con Macri que hizo recordar la campaña electoral de 2015 y olvidar la masiva marcha de las CGT del pasado abril.

Al mismo tiempo que ocurría esa comida, uno de los hijos de Moyano, Facundo, otro diputado del Frente Renovador de Sergio Massa, comentaba a NOTICIAS: “El Gobierno tiene incapacidad para ser más pro empresario de lo que es porque carece de manejo político. No maneja el Congreso ni la Corte ni al sector empresario. Escucha a todos, pero no toma las sugerencias que le hacen. Antes, el Gobierno K podía hablar con una CGT y no con otra. Ahora vamos a tener más peso, pero nuestro objetivo no es hacer un paro sino que haya soluciones”. Facundo Moyano, del sindicato de peajes, es uno de los integrantes del consejo de la CGT. Otros son Omar Plaini y Rodolfo Daer. “Macri debe gobernar para la mayoría, y no para los sectores concentrados. Debe rever su política, no descartamos un paro”, advertía el diputado Plaini, confiado en que la nueva CGT reordene al peronismo. “La mejor política económica es la que contiene a todos”, definía Rodolfo Daer, sorprendido por la fila de personas que el martes se formó en Plaza de Mayo para recibir manzanas y peras que los productores del Alto Valle de Río Negro regalaban, pero no por las críticas que un día antes Macri había advertido contra el ausentismo y los juicios laborales. Es que esos son, junto con los impuestos y la tasa de interés, algunas quejas que el Presidente oye de los empresarios, sus ex colegas.

 

6 comentarios de “Macri, como jamón del sándwich entre la CGT y el Council of Americas”

  1. Los ambiciosos, no tienen doctrina porque no tienen otra conducta que su egoísmo.
    Hay que buscarlos y marcarlos a fuego para que nunca se conviertan en dueños de vida y haciendas del pueblo.
    Yo los he conocido de cerca y de frente; y algunas veces incluso me han engañado, por lo menos momentáneamente.
    Hay que identificarlos… Hay que destruirlos.
    La causa del pueblo exige nada más que hombres del pueblo que trabajan para el pueblo, no para ellos.
    En esto se distinguen los ambiciosos; en que trabajan para ellos; nada más que para ellos.
    Nunca buscan la felicidad del pueblo; siempre buscan más bien su propia vanidad y enriquecerse pronto.
    El dinero, el poder y los honores son las tres grandes “causas” los tres “ideales” de todos los ambiciosos.
    No he conocido ningún ambicioso que no buscase alguna de estas tres cosas…
    O las tres al mismo tiempo.
    Los pueblos deben cuidar a los hombres que eligen para hacer sus destinos…
    Y deben rechazarlos y destruirlos cuando los vean sedientos de riqueza, de poder o de honores.
    La sed de riquezas es fácil de ver.
    Es lo primero que aparece a la vista de todos.
    Sobre todo a los dirigentes sindicales hay que cuidarlos mucho.
    Se marean también ellos y no hay que olvidar que cuando un político se deja dominar por la ambición es nada más que un ambicioso; pero cuando un dirigente sindical se entrega al deseo de dinero, de poder o de honores, es un traidor y merece ser castigado como un traidor.
    El poder y los honores seducen también intensamente a los hombres y los hacen ambiciosos…
    Empiezan a trabajar para ellos y se olvidan del pueblo.
    Esta es la única manera de identificarlos… y el pueblo tiene que conocerlos y destruirlos.
    Solamente así, los pueblos serán libres… porque todo ambicioso es un prepotente capaz de convertirse en un tirano.
    ¡Hay que cuidarse de ellos como del diablo!

    EVA PERÓN

    Les dejo un abrazo

  2. ¿A quién le importa lo que haga o diga Mac.ri? Cristina no se ocupó de rivales políticos porque ellos compiten por un poder vacío, el enemigo es el que ejerce el poder real que ahora roba a dos manos mientras el inút.il de Macri distrae con pelot.udeces

    1. Los ambiciosos, no tienen doctrina porque no tienen otra conducta que su egoísmo.
      Hay que buscarlos y marcarlos a fuego para que nunca se conviertan en dueños de vida y haciendas del pueblo.
      Yo los he conocido de cerca y de frente; y algunas veces incluso me han engañado, por lo menos momentáneamente.
      Hay que identificarlos… Hay que destruirlos.
      La causa del pueblo exige nada más que hombres del pueblo que trabajan para el pueblo, no para ellos.
      En esto se distinguen los ambiciosos; en que trabajan para ellos; nada más que para ellos.
      Nunca buscan la felicidad del pueblo; siempre buscan más bien su propia vanidad y enriquecerse pronto.
      El dinero, el poder y los honores son las tres grandes “causas” los tres “ideales” de todos los ambiciosos.
      No he conocido ningún ambicioso que no buscase alguna de estas tres cosas…
      O las tres al mismo tiempo.
      Los pueblos deben cuidar a los hombres que eligen para hacer sus destinos…
      Y deben rechazarlos y destruirlos cuando los vean sedientos de riqueza, de poder o de honores.
      La sed de riquezas es fácil de ver.
      Es lo primero que aparece a la vista de todos.
      Sobre todo a los dirigentes sindicales hay que cuidarlos mucho.
      Se marean también ellos y no hay que olvidar que cuando un político se deja dominar por la ambición es nada más que un ambicioso; pero cuando un dirigente sindical se entrega al deseo de dinero, de poder o de honores, es un traidor y merece ser castigado como un traidor.
      El poder y los honores seducen también intensamente a los hombres y los hacen ambiciosos…
      Empiezan a trabajar para ellos y se olvidan del pueblo.
      Esta es la única manera de identificarlos… y el pueblo tiene que conocerlos y destruirlos.
      Solamente así, los pueblos serán libres… porque todo ambicioso es un prepotente capaz de convertirse en un tirano.
      ¡Hay que cuidarse de ellos como del diablo!

      EVA PERÓN

      Les dejo un abrazo

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